Verba volant, scripta manent

domingo, 2 de julio de 2017

Películas que nunca se rodaron: A Topiary, de Shane Carruth



El actor y director Shane Carruth sorprendió con su debut cinematográfico en 2004, Primer. Se trataba de una película de ciencia ficción nada convencional, compleja y a veces incluso confusa, con mucho lenguaje técnico. Es la historia de dos ingenieros que trabajan juntos y en su tiempo libre trabajan en el garaje de uno de ellos diseñando y construyendo aparatos que puedan interesar a posibles inversores. Durante uno de sus experimentos con magnetismo descubren accidentalmente que el dispositivo que han construido les permite viajar en el tiempo. En un principio ganan algo de dinero gracias al mercado de acciones, pero luego se acaban enfrentando cuando uno de ellos, temeroso de los efectos colaterales de sus viajes, intenta poner fin al experimento. La película tuvo muy buena acogida crítica y cosechó varios premios. Toda la película se rodó con un presupuesto de apenas 7000 $; Carruth no sólo la dirigió, también la escribió, la produjo, la montó, interpretó a uno de los dos protagonistas e incluso compuso la banda sonora.


El buen recibimiento de Primer llevó a Carruth a plantearse un nuevo proyecto, mucho más ambicioso. Su nueva película se iba a llamar A Topiary y contaba con muchos puntos en común con Primer. Era un filme de ciencia ficción, alejado de la temática y los modos narrativos habituales del género, lleno de reflexiones filosóficas. Basta decir que el guión, que estuvo listo en 2010, tiene 245 páginas para una película de unas dos horas de duración, aproximadamente el doble de lo habitual, con numerosas escenas breves pero complejas. Muchos, tras leerlo, lo han alabado sin reservas, como el director Rian Johnson (Star Wars VIII), que dijo de él que era "alucinante".
La historia de A Topiary comienza con Acre Stowe, un funcionario al que encomiendan determinar el lugar más adecuado para instalar un centro de respuesta a emergencias cerca de un tramo de autopista donde los accidentes son habituales. Para ayudarse en su decisión, Stowe dibuja las direcciones de los accidentes ocurridos, formando un patrón. Cuando ha elegido el lugar, un súbito destello de luz se refleja en la fachada de un rascacielos, y Stowe cree reconocer en ese brillo el mismo patrón que ha dibujado. Stowe se obsesiona con esa figura, y empieza a buscarla, encontrándola en más objetos. En su búsqueda conoce a otras personas que, como él, se dedican a rastrear ese patrón, pero sin que ninguno sepa qué es o de donde procede. Después de unos 40 minutos con la historia de Stowe, el escenario cambia. Un grupo de niños descubre en un bosque una extraña máquina negra a la que llaman "El Hacedor", una máquina que aparentemente es capaz de crear criaturas artificiales con el aspecto de perros, caballos o incluso un dragón; cualquier cosa que su imaginación les permita. Al final, se produce un enfrentamiento entre los niños y un grupo rival de creadores de criaturas. La última escena de la película nos sumerge en lo más profundo del cosmos, sin saber cuando ni donde estamos, pero sugiriendo que los sucesos que hemos visto quizá han sido dirigidos por fuerzas ajenas al control de los protagonistas.
Carruth invirtió años en preparar el filme y tenerlo todo dispuesto para comenzar el rodaje. Incluso diseñó las criaturas y consultó con especialistas en efectos especiales para hacer por su cuenta los efectos visuales del filme. Pero todo se torció a la hora de encontrar financiación. Allí donde iba, siempre cosechaba elogios hacia su guión, pero no dinero. Todo eran buenas palabras y palmaditas en la espalda, pero a la hora de la verdad las promesas se quedaban en eso. Carruth incluso rebajó sus pretensiones; de los 20 millones de dólares de presupuesto que había previsto en un principio bajó a 14. Tampoco sirvió de nada. Nadie le decía que no abiertamente, pero nadie daba el paso definitivo. Y así, tras docenas de infructuosas entrevistas, el propio Carruth decidió aparcar el proyecto, quejándose de que a los productores de Hollywood no les preocupan sus películas ni leen sus guiones, sólo buscan que haya una estrella al frente del reparto. "Nadie dijo nunca que no. Todo era entusiasmo y admiración y "¡No podemos esperar a que esté hecha!". Pero mientras tanto el dinero seguía sin llegar a la cuenta". El director Steven Soderbergh, admirador de Carruth y que había aceptado ser el productor ejecutivo de la película, dino que "si fueran los años 70 la gente le estaría tirando dinero, pero ahora es una época diferente".
Y así, tras años de trabajo, Carruth se vio obligado a desistir. "Decidí que si nadie iba a decir que no, yo iba a tener que decir que no. De alguna manera, eso me rompió el corazón". Tampoco le sentó nada bien que alguien filtrara su guión y lo colgara en Internet. Después de aquello, volvió al terreno que mejor conocía. Su siguiente película, estrenada en 2013, se tituló Upstream Color, y de nuevo, como en Primer, contó con un presupuesto exiguo (apenas 50000 dólares) y Carruth se encargó de casi todo: dirección, interpretación, guión, montaje, música y fotografía. Siempre sin salirse de la ciencia ficción, Upstream Color narra la historia de dos personas, Kris y Jeff, cuyas vidas se cruzan y se sienten atraídos de una manera inexplicable para ellos, sin saber que ambos han sido infectados por un parásito, un ser que manipula su voluntad y que necesita a los humanos para completar su ciclo vital. A modo de guiño u homenaje, en Upstream Color aparecen algunas de las imágenes creadas por ordenador para A Topiary, como parte de un video que ven los protagonistas. En la actualidad, Carruth trabaja en su tercera película, un filme sobre el transporte internacional de mercancías por vía marítima, titulado The Modern Ocean, que todavía no tiene fecha de estreno. En cuanto a A Topiary, el director no descarta recuperar el proyecto dentro de unos años, si consigue el dinero necesario.

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