Verba volant, scripta manent

lunes, 10 de julio de 2017

Los cuatro oros olímpicos de Al Oerter

Alfred Adolf "Al" Oerter Jr. (1936-2007)

Al Oerter es uno de esos deportistas cuyo nombre figura con letras de oro en la historia del deporte. Un auténtico fenómeno, con un físico portentoso (1'93 metros y 125 kilos, perfecto para un lanzador de disco) que, unido a una férrea voluntad y un inmenso espíritu de sacrificio, le llevaron a conseguir una hazaña difícilmente igualable: conseguir cuatro medallas de oro en la misma prueba, en cuatro Olimpiadas consecutivas. Algo que antes de él sólo había logrado el regatista danés Paul Elvstrøm, y que después conseguirían el atleta Carl Lewis y el nadador Michael Phelps.

Nacido en el barrio neoyorquino de Astoria el 19 de septiembre de 1936, y criado en New Hyde Park, una pequeña localidad del extrarradio de la Gran Manzana, Oerter se inició en el atletismo en su adolescencia, casi por casualidad. Según cuentan, en una ocasión un disco con el que entrenaba un grupo de lanzadores cayó a sus pies y él, al devolverlo, lo lanzó mucho más lejos del lugar donde ellos estaban. No tardó en empezar a competir con gran éxito, llegando a batir el récord norteamericano júnior, lo que le permitió obtener una beca deportiva para estudiar en la Universidad de Kansas. Allí, al Oerter seguiría compitiendo a gran nivel, batiendo el récord universitario en su primer año.

Al Oerter en Melbourne (1956)
En 1956 se celebraron los Juegos Olímpicos de Melbourne. Oerter se presentó a las pruebas de selección del equipo norteamericano. Pese a su juventud, ya era uno de los mejores lanzadores del país. Quedó cuarto (solo los tres primeros se clasificaban), pero le sonrió la fortuna; uno de los que sí habían logrado plaza se lesionó y Oerter ocupó su lugar. Nadie esperaba que hiciera un gran papel, ni siquiera el propio Oerter; joven y sin experiencia en grandes torneos internacionales, parecía difícil que pudiera plantar cara a los fuertes competidores a los que se iba a enfrentar. Sin embargo, en la ronda clasificatoria obtuvo la mejor marca de todos los participantes, y en la final dejó a todos atónitos con un espectacular primer lanzamiento de 56'36 metros, nuevo récord olímpico (superando al anterior, conseguido por su compatriota Sim Iness en las Olimpiadas de Helsinki en 1952, por más de 1'30 metros). Nadie pudo superar esa extraordinaria marca y Oerter logró su primera medalla de oro en un podio netamente norteamericano: sus compatriotas Fortune Gordien (poseedor del récord mundial) y Desmond Koch fueron, respectivamente, plata y bronce.

En 1957, Oerter se proclamó campeón universitario de lanzamiento de disco. Pero poco después su carrera estuvo a punto de terminar abruptamente: un grave accidente de tráfico casi le cuesta la vida y le causó heridas importantes. No obstante, su fuerza de voluntad le lleva a recuperar la forma y a revalidar en 1958 su título de campeón universitario. Tras licenciarse, su nuevo trabajo en una compañía aérea no le deja demasiado tiempo para el atletismo; pero en 1960 se clasifica para las Olimpiadas de Roma.

En Roma su principal rival por la victoria es su compatriota Rink Babka, que ha batido el récord mundial (59'91) apenas unas semanas antes de los Juegos. Pero Oerter llega en plena forma. En la ronda clasificatoria bate su propio récord olímpico, llevándolo hasta los 58'43 metros. Y en la final, pese a que Babka lo hace mejor en los primeros lanzamientos, Oerter logra en su quinto intento un excelente registro de 59'18 metros que su rival es incapaz de superar. Oerter consigue así su segundo oro, de nuevo en un podio íntegramente norteamericano: a Oerter (oro) y Babka (plata) les sigue Dick Cochran.

El podium de la final de lanzamiento de disco en las Olimpiadas de 1960: de izquierda a derecha, Rink Babka, Al Oerter y Dick Cochran
En los siguientes años Oerter se convierte en el gran dominador mundial de la especialidad. Bate por primera vez el récord mundial en mayo de 1962 (61'10 m.) y en los dos años siguientes lo vuelve a batir en otras tres ocasiones, dejándolo en 62'94. En vísperas de los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, Oerter parte como gran favorito para revalidar el título y colgarse su tercera medalla de oro. Sin embargo, poco antes de comenzar la competición, Oerter sufre una grave lesión en las vértebras cervicales, que le obliga a llevar un collarín ortopédico. Por si fuera poco, una caída accidental mientras entrenaba le provoca la rotura de un cartílago en la caja torácica. Oerter soporta un intenso dolor y corre el peligro de que el cartílago roto le provoque una hemorragia interna, pero en contra de la opinión de los médicos decide competir de todos modos. Para combatir el dolor, pasa mucho tiempo metido en una especie de cajón, cubierto de hielo, y también le administran Novocaína.

Aún con todos esos problemas físicos, Oerter consigue batir una vez más el récord olímpico en la fase de clasificación, lanzando el disco a 60'54 metros. En la final, su gran rival es el checoslovaco Ludvik Danek, un formidable lanzador que no solo había batido el récord mundial apenas dos meses antes de los Juegos, sino que además encadenaba una espectacular racha de 45 victorias consecutivas. Antes de la final, Oerter afirma "Si no lo hago en el primer lanzamiento, no lo conseguiré". Sus primeros lanzamientos son buenos, pero no excelentes; y así, tras cuatro intentos (cada competidor tenía derecho a seis lanzamientos), Oerter iba en tercer lugar, a más de dos metros del mejor lanzamiento de Danek, y también por detrás del norteamericano Dave Weill. Y en su quinto intento, Oerter decide jugarse el todo por el todo: se quita su aparato ortopédico y, entre unos dolores terribles, reúne las fuerzas que le quedan y consigue una espléndida marca de 61 metros, nuevo récord olímpico. Al Oerter no ve aterrizar su disco; nada más lanzarlo, se derrumba en el suelo, víctima de un dolor insufrible que le impide realizar su sexto y último lanzamiento ("Me sentía como si alguien tratara de arrancarme las costillas, pero en los Juegos hay que morir"). Pero Danek es incapaz de superar su marca, y Oerter se lleva una vez más el oro, con Danek plata a casi medio metro (60'52) y Weill bronce con 59'49.

Al Oerter en la olimpiada de Tokio, con su aparatoso collarín ortopédico
A los que fueron sus cuartos Juegos Olímpicos, los de México 1968, Oerter llegó en una aparente baja forma. Pese a que en 1966 había ganado por sexta vez el campeonato norteamericano, sus últimas marcas habían sido bastante pobres. Por contra, su compañero de equipo Jay Silvester llegaba pletórico a la cita mexicana, habiendo batido poco antes el récord mundial con un lanzamiento de 68 metros y 40 centímetros. Todos daban a Silvester como gran favorito y, aunque respetaban a Oerter como un mito, no le daban demasiadas opciones. Más aún cuando Silvester batió el récord olímpico de Oerter en la fase de clasificación, alcanzando los 63'34 metros. Sin embargo, en la final todo cambió. La ambición competitiva de Oerter (que volvía a participar aquejado de grandes dolores por sus problemas de cervicales) despertó de golpe, mientras que Silvester acusó la presión psicológica y se derrumbó. Oerter conseguía su cuarto oro olímpico consecutivo y recuperaba su récord olímpico con un lanzamiento de 64'78 metros, seguido del germano-oriental Lothar Milde (plata) y de Ludvik Danek (bronce), mientras que un hundido Jay Silvester sólo podía lograr la quinta plaza.

Al Oerter recibe su cuarta medalla olímpica de oro
Después de 1968, Al Oerter se retiró del atletismo. Sus problemas físicos, su necesidad de centrarse en su trabajo de ingeniero informático y su deseo de dedicar más tiempo a su esposa y a sus dos hijas pequeñas le llevaron a tomar tal decisión. No obstante, en 1976 sus circunstancias habían cambiado. Se había divorciado, sus hijas ya habían crecido y todavía conservaba la ambición ganadora y el deseo de competir. Y así, con 40 años, volvió al atletismo activo para tratar de clasificarse para las Olimpiadas de Moscú de 1980.

En un primer momento, trató de recuperar la masa muscular que había perdido consumiendo, bajo control médico, esteroides anabolizantes, pero no tardó en abandonar esta práctica; los esteroides no mejoraban su nivel físico, y sin embargo agravaban sus problemas crónicos de hipertensión. Así que empezó a entrenarse de manera más convencional, volviendo lentamente a adquirir forma física. Pese a su avanzada edad, logró ser quinto en los campeonatos norteamericanos de 1979, y sexto en los de 1980. En las pruebas de clasificación para las Olimpiadas acabó cuarto, pero logró la mejor marca de su carrera: 69'46 metros, a menos de dos metros del récord mundial del germano-oriental Wolfgang Schmidt. Pero sus esperanzas de ir a Moscú se esfumaron cuando los Estados Unidos anunciaron su boicot a los Juegos, como protesta por la invasión de Afganistán por las tropas soviéticas. Lo intentaría una vez más en 1984, con 48 años, pero una rotura del tendón de Aquiles le apartó de manera definitiva de la competición. Menos de un año antes de su lesión Oerter había lanzado el disco a 67'89 metros, un lanzamiento que, de haberlo repetido en la final olímpica de Los Ángeles, le habría valido su quinto oro olímpico. Como homenaje por su extraordinaria trayectoria, en la ceremonia inaugural de las Olimpiadas de 1984 llevó la bandera olímpica durante el desfile de los participantes, y en la Olimpiada de Atlanta 1996 fue uno de los últimos porteadores de la antorcha olímpica.


Una vez dijo adiós al deporte, Oerter dedicó su tiempo a otras aficiones, como el arte. Se convirtió en un estimado pintor abstracto (algunas de sus obras las realizaba salpicando pintura con un disco sobre un lienzo) y en 2006 fundó AOTO (Art of the Olympians), una organización dedicada a fomentar y promocionar las aptitudes artísticas de atletas olímpicos y paralímpicos.

Durante sus últimos años, Al Oerter batalló contra una enfermedad cardiovascular consecuencia de su problema de hipertensión crónica. En 2003 una acumulación de fluidos en torno a su corazón estuvo a punto de costarle la vida, y de hecho estuvo clínicamente muerto durante algunos instantes, aunque luego se recuperaría. Los médicos le aconsejaron un trasplante de corazón, pero él rechazó la idea. "He tenido una vida interesante, y saldré de ella con el corazón que tengo". Finalmente, un fallo cardíaco le mataría el 1 de octubre de 2007, a los 71 años de edad, en Fort Myers (Florida), la ciudad donde se había asentado.

En cierta ocasión, mientras rodaba un anuncio de televisión, Al Oerter hizo un extraordinario lanzamiento de 74'67 metros, que no pudo ser homologado al no haberse producido en una competición ni haber jueces presentes. Si hubiera sido oficial, no sólo habría sido récord mundial, sino que a día de hoy todavía seguiría vigente; el récord actual, establecido por el alemán del Este Jürgen Schult en el ya lejano año de 1986, es de 74'08 metros.

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