Verba volant, scripta manent

sábado, 28 de mayo de 2011

La ola


Si no la habéis visto, deberíais hacerlo en cuanto podais. Es una de las mejores películas alemanas de los últimos años. Y además, se basa en un hecho real.
La historia transcurre en un instituto normal de una ciudad alemana corriente. Un carismático profesor imparte un seminario sobre autocracia y totalitarismos. El primer ejemplo del que hablan, es, lógicamente, el Tercer Reich. Sus alumnos no entienden cómo el pueblo alemán en masa se dejó conducir por los nazis, y se muestran escépticos con la idea de que algo parecido pudiera repetirse en la actualidad. Y es entonces cuando al profesor se le ocurre un pequeño experimento para demostrarles el auténtico peligro de las dictaduras.
Empieza de una manera sencilla e inocente. Primero, da a sus alumnos algunas indicaciones: cómo comportarse en clase, cómo dirigirse a él. A sus alumnos no les molesta; al contrario, muchos provienen de familias muy tolerantes y ven con agrado algo de disciplina. El siguiente paso: reordenar a los alumnos, separando a los grupos que se sientan juntos, con la excusa de que así los más aventajados ayuden a los menos avanzados. Las siguientes sugerencias ahondan en esa dirección, la de homogeneizar a los jóvenes, a suavizar las diferencias entre ellos, y a imbuirles el sentimiento de grupo: un nombre para su grupo (La ola), una vestimenta común, un símbolo propio, un saludo particular. Los alumnos reciben con entusiasmo estas ideas. Deportistas, empollones, pijos, pasotas, marginales. Todos se dejan seducir por la agradable sensación de formar parte de un grupo, de un espíritu de solidaridad, de sentirse más fuertes juntos que por separado.
Aunque el seminario sólo dura una semana, el progreso de La ola es vertiginoso. El profesor está entusiasmado con los resultados. Pero no se da cuenta de que sus alumnos ya empiezan a mostrar los síntomas negativos que indican claramente una ideología fascistoide. La desconfianza de los que no pertenecen al grupo, el rechazo absoluto de la autocrítica, la marginación de los disidentes; el proselitismo, insistente y a menudo muy agresivo. La idea cada vez más fuerte del "nosostros" contra "ellos". Alguno de los miembros muestra incluso una dependencia enfermiza del grupo. Y cuando el profesor se da cuenta de que su experimento se le ha ido de las manos, ya es demasiado tarde y no puede evitar un desenlace trágico.
La historia real en que se basa la película ocurrió en el último lugar en el que uno imaginaría un movimiento autocrático: la California del "flower power" en los años sesenta. Allí, en el Cubberley High School de Palo Alto, un joven profesor llamado Ron Jones, que estaba en su primer año de enseñanza, trató de mostrar a sus alumnos el peligro de los totalitarismos.
Todo comenzó la primera semana de abril de 1967. Jones, que daba clase de Historia Contemporánea, trataba de explicar a sus alumnos cómo el pueblo alemán permitió impasible el exterminio de los judíos y otros "indeseables". Como sus alumnos no acababan de entenderlo, decidió mostrárselo de manera práctica. El desarrollo fué similar al de la película: pequeñas indicaciones, recomendaciones de comportamiento en primer lugar. La formación de un grupo, que se llamó Third Wave (La Tercera Ola, por la creencia popular de que la tercera ola de una serie es la más fuerte). Día a día el grupo fué evolucionando a gran velocidad: simbolos, disciplina, organización jerárquica, reparto de tareas, proselitismo (incluso fuera del instituto). Comportamiento grupal. Sentimiento de superioridad. El experimento comenzó un lunes. El miércoles, de los 30 miembros originales se había pasado a más de 200. Jones comenzó a alarmarse al ver cómo el experimento estaba fuera de control y cómo algunos de los alumnos acudían a él para denunciar a sus compañeros "disidentes". En ese punto, Jones decidió dar por concluído el experimento. Convocó a todos los miembros del grupo y les anunció que su grupo era sólo uno entre muchos repartidos por todo el país, y su existencia se daría a conocer públicamente con la presentación de un candidato presidencial del movimiento. El viernes, con todo el grupo reunido para el supuesto anuncio, Jones les dijo que el movimiento no existía, que se trataba de un experimento para demostrar el poder de convicción de los movimientos fascistas, y les mostró un filme sobre el nazismo. Así termino la Tercera Ola.

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