Verba volant, scripta manent

lunes, 6 de marzo de 2017

El Bluebill y el Mallard

El Bluebill, saliendo de la factoría Boeing

En 1909, en el tiempo en el que la aviación moderna comenzaba a desarrollarse, el acaudalado maderero norteamericano William E. Boeing vio por primera vez el vuelo de uno de aquellos primitivos aeroplanos que empezaban a surcar los cielos. Quedó tan fascinado por el aparato que, años más tarde, viajó a Los Angeles a tomar clases de vuelo en la academia de Glenn Martin, uno de los pioneros de la aviación norteamericana, e incluso le compró uno de sus aviones, un hidroavión Martin S que hizo llevar, en tren y desmontado en piezas, hasta Seattle, donde residía.
Pero pasado algún tiempo Boeing tuvo un accidente con su avión, que quedó seriamente dañado. Tras ponerse en contacto con Martin, este le comunicó que no disponía de las piezas necesarias para repararlo y que podía tardar meses en enviárselas. Boeing no quedó nada satisfecho, y en una conversación con su amigo George Westervelt, ingeniero naval de la marina norteamericana, le dijo algo así como que "tú y yo podríamos construir un avión mejor en menos tiempo". Dicho y hecho: a principios de 1916 Boeing y Westervelt fundaban la Pacific Aero Products Co, que al año siguiente, tras la marcha de Westervelt (con un nuevo destino en la costa este) pasaría a ser The Boeing Company, y con el transcurrir de los años se convertiría en una de las mayores industrias aeronáuticas del mundo.

William Edward Boeing (1881-1956)
La primera factoría de la Boeing fue un astillero naval en la orilla del río Duwamish, a las afueras de Seattle. De allí salió el primer aeroplano fabricado por la Boeing: un hidroavión biplaza conocido como Boeing Modelo 1 o Hidroavión B & W. Fabricado con madera, alambre y tela de lino, sus líneas y diseño eran muy similares a las del avión Martin S que poseía Willian Boeing, aunque su motor era más potente (un Hall-Scott A-5 de 126 CV que le proporcionaba una velocidad máxima de 120 km/h y una autonomía de unos 500 kilómetros) y sus flotadores estaban mejor diseñados. El avión hizo su vuelo inaugural el 15 de junio de 1916, y recibió el apodo de Bluebill (el nombre americano del pinzón de pico azul). Poco después salía de la factoría el segundo ejemplar del mismo modelo, al que llamarían Mallard (ánade real).

Bluebill (género Spermophaga) y mallard (Anas platyrhynchos)
Ambos aviones fueron ofrecidos a la marina norteamericana, pero ésta declinó la oferta. Boeing buscó entonces otros compradores y finalmente fueron adquiridos por la New Zealand Flying School, una escuela de vuelo fundada en 1915 que entrenaba pilotos para el Royal Flying Corps británico (el antecesor de la RAF), dando lugar a la primera venta de la historia de la Boeing. Ambos aviones serían embarcados desmontados a bordo del carguero RMS Niagara rumbo a Nueva Zelanda. Allí formaron parte de la flota de la NZFS en la que numerosos pilotos aprendieron a volar; más de un centenar de esos pilotos combatirían luego en Europa durante la Primera Guerra Mundial, entre ellos Keith Caldwell, que lograría 25 victorias durante la guerra y alcanzaría el rango de Comodoro del Aire (el equivalente a Brigadier en la fuerza aérea neozelandesa).
Al terminar el conflicto, el número de alumnos de la escuela disminuyó considerablemente. Para intentar sobreponerse a las dificultades económicas, sus propietarios, los hermanos Leo y Vivian Walsh, buscaron nuevas fuentes de ingresos, tales como el correo aéreo. Pero al final en 1924 se vieron obligados a vender su escuela al gobierno neozelandés.


Tras la venta, el Bluebill y el Mallard fueron trasladados a una base de defensa costera que la marina de Nueva Zelanda tenía en el cabo de North Head, cerca de Devonport (un suburbio de Auckland). Allí, según numerosos testigos, ambos aviones fueron guardados en un viejo túnel que se empleaba como almacén. Algún tiempo después, considerando que los materiales en él guardados tenían un peligro elevado de incendio, el comandante de la base ordenó que el túnel fuera cegado con los dos Boeing, teóricamente, todavía en su interior. Y la historia quedó olvidada durante años, hasta que décadas más tarde, atraídos por el indudable valor histórico de ambos aviones, empezaron las averiguaciones para dar con la situación del antiguo túnel.
El primer intento de localizar el paradero de ambos Boeing data de 1959, coincidiendo con el 40 aniversario del primer transporte de correo aéreo en Nueva Zelanda, llevado a cabo por el Bluebill en 1919 entre Auckland y Dargaville. Dicha búsqueda fue impulsada por dos figuras importantes de la aviación neozelandesa, George Bolt (que había sido el piloto de aquel primer vuelo) y Doug Patterson. La investigación se suspendió después de que un antiguo oficial del ejército publicara un artículo en el que afirmaba que ambos aviones habían sido quemados en 1925, algo que luego se descubriría que no era cierto. En las siguientes décadas varias búsquedas más se llevaron a cabo en la zona, con poca o ninguna colaboración por parte del gobierno y el ejército neozelandeses, pero ninguna de ellas llevó a la localización del túnel. Uno de los personajes más activos en esta búsqueda fue el cineasta John Earnshaw, que pretendía rodar un documental sobre la historia de los dos aviones que finalmente nunca llegó a ver la luz.

North Head
La antigua base de North Head se transformó en los años 50 en un campo de entrenamiento de la marina. En la década de 1980 pasó a ser considerada Reserva Histórica y en la actualidad depende del Departamento de Conservación del gobierno de Nueva Zelanda, gozando de un alto grado de protección.

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