Verba volant, scripta manent

domingo, 12 de marzo de 2017

El Maestro Español

Cabeza del emperador Augusto, una de las falsificaciones atribuidas al Maestro Español

En los selectos círculos de la compraventa de antigüedades, hay un nombre que provoca inquietud e incluso temor entre coleccionistas y vendedores, recelosos de convertirse en víctimas suyas. Un hombre que ha conseguido hacer pasar sus obras por auténticas engañando incluso a reputados expertos. Se trata del Maestro Español.
El Maestro Español es uno de los falsificadores más hábiles de los que se tiene noticia. Recibe ese nombre porque se cree que actúa desde algún punto del sur de Europa; durante un tiempo se especuló con que tenía su base en España pero en la actualidad parece más probable que tenga su taller en algún lugar de la región de Nápoles, e incluso se dice que tiene vínculos con la Camorra. Su especialidad son las estatuas de bronce de la época romana y lleva al menos cuatro décadas (las piezas "sospechosas" más antiguas aparecieron en la década de los 70) colocando en el mercado sus creaciones.
Las esculturas atribuidas a este falsificador son cabezas o bustos, generalmente con su parte inferior rota o desgarrada (como si hubieran sido arrancadas a la fuerza). Emplea metal antiguo (se cree que lo obtiene fundiendo objetos antiguos, como monedas de bronce) para engañar a los laboratorios, y consigue dotar a sus piezas con una pátina elegante y uniforme que aumenta su atractivo. Su estilo no es del todo ortodoxo: los rostros que crea son expresivos, más de lo que es habitual en el arte clásico (una característica que sin embargo parece aumentar el interés por parte de los coleccionistas) y los peinados de las estatuas que crea en ocasiones no concuerdan con los habituales de la época en la que supuestamente se datan.
Stefan Lehmann, arqueólogo y profesor de la Universidad de Halle, es posiblemente la persona que mejor conoce la manera de actuar del Maestro. Lleva años investigando sus falsificaciones, y, aunque no las ha examinado todas, cree haber identificado al menos nueve de sus obras y estima que en la actualidad puede haber muchas más piezas (hasta 30 o 40) de su autoría en distintos museos y colecciones. Algunas de estas son piezas de gran relevancia, como una cabeza de bronce atribuida al emperador Adriano, vendida por la casa Sotheby's en 2011 por casi 900000 $.
Una de las estatuas desenmascaradas como una falsificación del Maestro fue una cabeza de bronce del emperador Augusto que el coleccionista suizo Hans Humbel adquirió en una galería de Nueva York en 1992 por más de 300000 $. Sin embargo, tras conocer que había dudas sobre la honestidad del vendedor empezó a temer que había sido estafado. Cuando comenzó a escuchar rumores sobre el Maestro Español envió la cabeza a Lehmann, el cual a su vez la remitió al IMS, el Instituto de Ciencia de los Materiales de Wiesbaden. Allí descubrieron numerosas incoherencias sobre la pieza: la pátina provocada por la corrosión del metal no era uniforme, las puntas y aristas del cabello apenas estaban erosionados, y un examen microscópico reveló marcas que parecían corresponder al uso de herramientas modernas, por lo que se concluyó que se trataba de una falsificación. Curiosamente, esta revelación permitió desenmascarar otra de las obras del Maestro: un busto de una diosa propiedad de un museo en Basilea (Suiza), del que los análisis demostraron que se había fundido con el mismo bronce que la cabeza de Augusto, pese a haber sido datadas con un siglo de diferencia.
Y sin embargo, pese a todos estos indicios, Lehmann denuncia que nadie ha querido tomar medidas para desenmascarar al escurridizo falsificador ni para identificar sus estatuas fuera de toda duda. Como si hubiera un pacto de silencio, todos prefieren callar. En un mercado tan suculento, con tanto dinero cambiando de manos, todo el mundo tiene mucho que perder. Los subastadores temen que su negocio se resienta si los compradores creen que pueden ser engañados. Los compradores, que las esculturas que han comprado (a menudo como inversión) pierdan todo su valor si se demuestra que son falsas. Los museos, que algunas de sus obras más importantes resulten ser falsificaciones. Y muchos expertos temen quedar desacreditados si se desvela que han certificado como auténticas obras falsas.

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