Verba volant, scripta manent

viernes, 3 de marzo de 2017

Unabomber

Theodore John Kaczynski (n. 1942)

El 25 de mayo de 1978, unos estudiantes encontraron un paquete abandonado en un aparcamiento de la Universidad de Illinois, en Chicago. Como remitente figuraba Buckley Crist, un profesor de ingeniería de materiales en otra universidad del estado, la Northwestern, a quien le fue devuelto el paquete. Pero Crist no recordaba haberlo enviado, así que pidió ayuda a un miembro de la seguridad del campus llamado Terry Marker. Marker abrió el paquete y este estalló, causándole heridas en su mano izquierda. Ese fue el primer atentado de uno de los terroristas domésticos más célebres de los Estados Unidos: Unabomber.
Aquella primera bomba era un artefacto tosco y poco sofisticado. Consistía en un tubo metálico de unos 23 centímetros de largo, relleno de pólvora, con un primitivo detonador hecho con un clavo y varias gomas elásticas, que debían prender seis cerillas al ser abierta la caja, inflamando la pólvora. Tanto las piezas que sellaban el tubo como la caja que contenía la bomba eran de madera y aparentemente hechas a mano, lo que explicaba las escasas consecuencias de la explosión: los cierres de madera del tubo no habían permitido que se creara una gran presión en su interior, haciendo que buena parte de su fuerza se dispersara.
Una segunda bomba, de una factura muy similar, explotó casi un año después, el 9 de mayo de 1979, en la misma Universidad Northwestern, hiriendo levemente a un estudiante de posgrado llamado John Harris. Sin embargo, con su tercer explosivo el desconocido autor dio un salto cualitativo: el 15 de noviembre de ese mismo año, una bomba provocaba un incendio en la bodega de carga del vuelo 444 de American Airlines entre Chicago a Washington, intoxicando a varios pasajeros y provocando un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Dulles. La bomba iba en un paquete enviado por correo aéreo, y un fallo en el temporizador había evitado una tragedia, puesto que según los expertos la bomba tenía suficiente potencia como para haber derribado el avión.
Al tratarse ahora de un delito federal, el FBI se hizo cargo de la investigación y denominó al autor de los atentados como UNABOMB (University and Airline Bomber). Agentes del Servicio de Correos, que llevaron el caso al principio, se referían a él como "El bombardero de la chatarrería", dado la tosquedad de los materiales que empleaba. Tras su siguiente atentado ocurrido en junio de 1980, que hirió a Percy Wood, presidente de la United Airlines, la Unidad de Análisis del Comportamiento hizo un perfil psicológico en el que se le describía como un hombre de inteligencia superior a la media y con estudios superiores. Otras tres bombas, enviadas a distintas universidades del país entre 1981 y 1982, provocaron dos heridos más, antes de que el desconocido terrorista hiciera una pausa en sus ataques de casi tres años.

Reconstrucción de una de las bombas de Unabomber
El ya conocido como Unabomber reapareció en 1985, con cuatro nuevas bombas entre mayo y diciembre de ese año. Sus explosivos se habían ido volviendo más elaborados, añadiendo metralla y un nuevo sistema de ignición con pilas y un filamento metálico para detonar el explosivo con más eficacia. Esta nueva tanda de bombas provocó varios heridos graves y, por primera vez, un muerto: Hugh Scrutton, propietario de una tienda de ordenadores de Sacramento, que había encontrado el artefacto en el aparcamiento de su local, el 11 de diciembre. No habría más bombas en 1986, pero si una en febrero de 1987, que provocó heridas graves al dueño de una tienda de informática de Salt Lake City. Y luego, una vez más, se produjo una larga pausa en la que Unabomber no dio señales de vida durante seis años.
El FBI tenía un equipo dedicado exclusivamente a perseguir a Unabomber, un equipo que llegó a tener 150 personas, entre agentes de campo, analistas y técnicos, trabajando exclusivamente para tratar de identificarlo. Cada fragmento recuperado de sus bombas fue examinado concienzudamente, cada posible indicio o pista fue revisado, pero sin resultados. El perfil del sospechoso se había afinado: dado que todos sus objetivos estaban relacionados con la ciencia o la tecnología, se creía que se trataba de un neoludita (una persona opuesta al desarrollo científico y técnico) con estudios superiores en ciencias. No obstante, a partir de 1983 ese perfil fue perdiendo fuerza frente a una nueva teoría, basada en los componentes que utilizaba para sus artefactos, que sugería que en realidad se trataba de un mecánico de aviones de baja cualificación. Se habilitó un número de teléfono para quien pudiera aportar algo a la investigación, y se ofreció una recompensa de un millón de dólares para cualquiera que facilitara información que llevara a la captura del escurridizo terrorista.
Y en 1993, tras seis años de inactividad, Unabomber reapareció con dos bombas casi seguidas, enviadas los días 22 y 24 de junio a un profesor de genética de la Universidad de California y a un profesor de informática de la de Yale. Ambos resultaron gravemente heridos. Tras estos atentados, el terrorista envió una carta al New York Times reivindicando los ataques en nombre de un grupo desconocido identificado con las siglas FC (Freedom Club), siglas que se habían hallado grabadas en algunas de las bombas enviadas, pero a pesar de ello el FBI siguió pensando que tras los ataques sólo había una persona.
El 10 de diciembre de 1994, Unabomber se anotaba su segunda víctima mortal: Thomas J. Mosser, ejecutivo de la compañía de relaciones públicas Burson-Marsteller, a la que una nueva carta del FC al New York Times acusaba de manipular la opinión pública y ayudar a la petrolera Exxon a limpiar su imagen tras el accidente del petrolero Exxon Valdez. Cinco meses después, el 24 de abril de 1995, una nueva bomba enviada por correo se cobraba la tercera muerte atribuida a Unabomber, la de Gilbert Brent Murray, presidente de la California Forestry Association, un lobby de la industria maderera.
Solo dos días después de la muerte de Murray, el New York Times recibía un grueso sobre enviado por el Freedom Club. Temiendo que fuera otra bomba, la entregaron al FBI. En lugar de un explosivo, el sobre contenía un ensayo de unas 50 páginas titulado Industrial Society and Its Future (La sociedad industrial y su futuro) en el que se resumía su particular ideología. En el artículo denunciaba que la Revolución Industrial había sido desastrosa para la humanidad, reduciendo la autonomía de las personas, anulando su conexión con la naturaleza e induciendo prácticas cada vez más alejadas del comportamiento natural de los seres humanos. El ensayo concluía que el destino inevitable del llamado "sistema industrial-tecnológico" era la pérdida absoluta de la libertad del ser humano, y llamaba a una revolución contra la tecnología, dando algunas indicaciones de cómo debía desarrollarse.


El envío del que sería conocido como Manifiesto de Unabomber fue acompañado de una serie de cartas, dirigidas a diferentes medios de comunicación y algunas de sus víctimas, en las que el terrorista se ofrecía a cesar en su campaña de envío de explosivos si su ensayo era publicado por algún periódico prestigioso. Esto provocó una cierta controversia entre las fuerzas de seguridad; mientras algunos creían que Unabomber no dejaría de enviar bombas y publicar su manifiesto sólo le daría más publicidad, otros en cambio esperaban que su difusión pudiera proporcionar nuevas pistas sobre la identidad de su autor. Finalmente, el manifiesto fue publicado por el New York Times y el Washington Post el 19 de septiembre de 1995. Esta publicación vino acompañada de varias ruedas de prensa del FBI en las que pedían ayuda a quien pudiera identificar a su autor. Los teléfonos habilitados recibieron cientos de llamadas de personas que decían conocer la identidad de Unabomber. Uno de los que llamó al FBI fue David Kaczynski, director de un albergue en Albany (Nueva York), que sospechaba que el manifiesto era obra de su hermano mayor, Ted, un excéntrico ermitaño que vivía en una apartada cabaña en mitad del bosque desde hacía años. Tras leer el manifiesto por sugerencia de su esposa, David se dio cuenta de que muchas de las ideas que aparecían en él eran similares a las que su hermano había compartido con amigos y familiares años atrás. Incluso le llamó la atención una expresión ("No puedes comerte tu tarta y a la vez seguir teniéndola") que aparecía en el ensayo de Unabomber y que su hermano usaba con frecuencia. Las relaciones entre ambos hermanos eran distantes; ambos llevaban una década sin hablar, pero a David le resultaba difícil creer que Ted fuera capaz de matar a alguien, así que contrató a un investigador, que concluyó que el estilo del manifiesto de Unabomber tenía grandes paralelismos con el de varios escritos que Ted Kaczynski había enviado a su hermano en los años 70. Pero, entre la avalancha de pistas y denuncias, la llamada de David pasó un tanto desapercibida; resultaba un poco extraño pensar que un hombre que vivía sin electricidad ni agua corriente pudiera ser el escurridizo terrorista que llevaba casi dos décadas burlando al FBI.
Finalmente, los datos reunidos por David Kaczynski llegaron al equipo encargado de la búsqueda de Unabomber, quienes de inmediato se dieron cuenta del parecido entre Ted y Unabomber, tanto en su estilo al escribir como su personalidad y sus circunstancias vitales, lo que proporcionó una base sólida para una orden de detención. El 3 de abril de 1996 un equipo del FBI arrestaba a Ted Kaczynski en su cabaña de Lincoln (Montana), en cuyo interior hallaron abundantes pruebas: una bomba fabricada y lista para ser enviada, numerosos componentes para fabricar más artefactos, miles de páginas de diarios personales que incluían descripciones de experimentos con explosivos y de los crímenes de Unabomber, e incluso el borrador original de su manifiesto. Tras casi 18 años de persecución, Unabomber había sido por fin arrestado.

Ted Kaczynski, en su época como profesor en Berkeley
Theodore Kaczynski había nacido en 1942 en Evergreen Park, no lejos de Chicago, en el seno de una familia de inmigrantes polacos. Dotado de una mente privilegiada, con un especial talento para las matemáticas, había terminado el instituto con sólo 15 años y entrado en la prestigiosa Universidad de Harvard con 16. Tras licenciarse con 20 años hizo un doctorado en matemáticas en la Universidad de Michigan, y con 25 ya era profesor auxiliar en la Universidad de Berkeley, el más joven en toda la historia de la institución. Sin embargo, en 1969, con 26 años, tras recibir algunas quejas por su forma de enseñar, Kaczynski renunció sorpresivamente a su puesto y regresó a casa de sus padres. En 1971 se mudó a una cabaña que había construido él mismo en los bosques de Lincoln (Montana), sin electricidad ni agua corriente, decidido a llevar una vida autónoma y autosuficiente. Vivía principalmente de la caza y la recolección, y gracias a la ayuda de su familia y a algunos trabajos esporádicos. El primer perfil que había hecho de él el FBI, allá por principios de los 80, había acertado de pleno. Según se pudo deducir de sus diarios, había sido la destrucción de los bosques cercanos a su cabaña, para construir carreteras y urbanizaciones lo que le había empujado a utilizar métodos violentos para defender sus ideas, primero con pequeños sabotajes y luego dando paso al envío de bombas. En total, habían sido dieciséis bombas que habían causado tres muertos y 23 heridos.


Theodore Kaczynski fue llevado ante un tribunal federal y acusado formalmente de los asesinatos de Scrutton, Mosser y Murray, además de diez cargos de fabricación, transporte y envío de bombas. Sus abogados trataron de alegar como eximente la perturbación mental, pero a Kaczynski le ofendió la sugerencia y trató de despedirlos. Finalmente, tras declararse culpable, evitó la pena de muerte y recibió ocho sentencias a cadena perpetua, sin posibilidad de libertad condicional. La mayor parte de los objetos que tenía en su cabaña (excluyendo aquellos que podían ser empleados para fabricar bombas, y las páginas de sus diarios con esquemas y notas sobre los explosivos) fueron subastados para indemnizar a sus víctimas.
Actualmente, Ted Kaczynski cumple condena en la prisión federal de máxima seguridad de Florence (Colorado). En su encierro ha seguido escribiendo (algunos de sus escritos han sido publicados en forma de libros) y mantiene correspondencia con numerosas personas. Su Manifiesto se ha convertido en una obra muy popular en determinados círculos de la contracultura, donde a pesar de sus acciones criminales se considera a Kaczynski como un visionario.

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