Verba volant, scripta manent

domingo, 9 de agosto de 2026

Charles Byrne, el gigante irlandés

Charles O'Brien Byrne (1761-1783)

No es mucho lo que se sabe con certeza acerca de su origen, pero la mayoría de las fuentes sitúan su nacimiento en torno a 1761 cerca de la aldea de Littlebridge, en el condado norirlandés de Londonderry, aunque hay quien dice que pasó la mayor parte de su infancia en el vecino condado de Tyrone. Aunque más tarde se haría célebre haciéndose llamar Charles Byrne, probablemente su apellido real era O'Brien. Sus padres eran personas corrientes, de extracción humilde, y de estatura normal; su padre al parecer trabajaba como tejedor, y su madre era escocesa.

Los primeros años del pequeño Charles no fueron diferentes a los de cualquier otro niño de su vecindad. Sin embargo, todo cambió conforme se acercaba a la adolescencia. De repente comenzó a crecer de manera desaforada; con catorce años ya era más alto que la mayoría de adultos, con diecisiete ya superaba los dos metros, y con diecinueve su altura alcanzaba los dos metros treinta centímetros. Algunos decían que su descomunal estatura se debía a que había sido concebido en lo alto de un pajar. En realidad, detrás de este crecimiento desproporcionado había una disfunción de la glándula pituitaria, que le llevaba a producir una cantidad excepcionalmente elevada de hormona del crecimiento o somatotropina.


Con diecinueve años Charles decidió dejar su hogar en busca de fama y fortuna, exhibiéndose como un "fenómeno", en una época en la que esta clase de espectáculos con personas con algún tipo de peculiaridad tenían un gran éxito. Su primera parada fue la ciudad escocesa de Edimburgo, donde cosechó un éxito inmediato y se convirtió en una figura popular de la ciudad. Una de las cosas que solía hacer y que asombraban a los escoceses era encender su pipa en la llama de las farolas de gas que iluminaban las calles por la noche, para lo cual ni siquiera necesitaba ponerse de puntillas.

Cosa de un par de años más tarde, a principios de 1782, Charles decidió dar un paso adelante en su carrera, y viajó a Londres, la gran capital, una de las ciudades más grandes y cosmopolitas del mundo. Era una apuesta arriesgada, porque los londinenses estaban acostumbrados a todo tipo de espectáculos exóticos, personajes inusuales y actuaciones singulares. Incluso con la fama que Charles se había labrado en el norte de Gran Bretaña, nada garantizaba que en Londres tuviera el mismo éxito. Y sin embargo, Charles cayó de pie entre los londinenses, que le acogieron entusiasmados. No solo se exhibía en locales de Spring Garden Gate, Picadilly o Charing Cross, también acudía a fiestas y a todo tipo de eventos (cobrando una tarifa, por supuesto). A los habitantes de la capital les fascinaba su aspecto, y también su personalidad; Charles era un joven amable, educado y cortés, con un gran don de gentes y al que le encantaba charlar con los espectadores que acudían a verlo.

Charles Byrne acompañado, entre otros, por los hermanos Knipe, los "Gemelos Gigantes Irlandeses", que al parecer eran primos lejanos suyos

Muy pronto se convirtió en una de las personalidades más famosas de la ciudad, acaparando la atención popular y numerosos artículos en los periódicos. "Por muy llamativa que sea una curiosidad, generalmente resulta difícil captar la atención del público; pero este no es el caso del moderno Coloso viviente, o el maravilloso Gigante Irlandés", publicó uno, en mayo de 1782. "El maravilloso Gigante Irlandés... es la curiosidad más extraordinaria jamás conocida o de la que se haya oído hablar en la historia; y los curiosos de todos los países donde se le ha mostrado, lo declaran la mejor muestra de la naturaleza humana que jamás hayan visto", publicó otro. Su altura fue objeto de debate; algunos la elevaban hasta los 2'54 metros. El estudio posterior de sus restos reveló que en realidad era de "solo" 2'31 m.

Sin embargo, la misma condición que había provocado su extraordinaria altura había afectado gravemente a su salud. Su estado declinó rápidamente en su segundo año en Londres, agravado por la tuberculosis y su afición al alcohol. Además, una noche de marzo de 1783 se quedó dormido mientras bebía en su pub habitual, el Black Horse. Al despertar descubrió que alguien le había robado la mayor parte de sus ahorros, unas 700 libras, que llevaba encima en billetes de banco. Amargado y deprimido, su salud empeoró rápidamente y apenas un par de meses más tarde, el 1 de junio, moría en su apartamento de Cockspur Street, contando solo con 22 años. Miles de londinenses acudieron a su velatorio a presentar sus respetos, antes de que su cuerpo fuera llevado a una funeraria. Y ahora toca hablar del doctor John Hunter.

La colección del doctor Hunter. Al fondo, a la derecha, el esqueleto de Charles Byrne

John Hunter (1728-1793) fue un aclamado cirujano y anatomista de origen escocés, uno de los más famosos de su época. Responsable de numerosos avances médicos, profundo investigador sobre el cuerpo humano, autor de la considerada primera inseminación artifical de la historia de la medicina, cirujano personal del rey Jorge III y más tarde cirujano general del ejército británico, era también un ávido coleccionista y poseedor de una colección de centenares de especímenes relacionados con la anatomía: esqueletos y órganos de animales y personas, fetos con malformaciones, animales disecados, fósiles. Cuando el doctor Hunter supo de la existencia de Charles Byrne, de inmediato se despertó en él un deseo obsesivo de incorporar su esqueleto a su colección. Quiso primero negociar con el propio Byrne, y le ofreció una importante suma de dinero por quedarse con su cadáver una vez que él muriera, pero Byrne rechazó espantado el ofrecimiento. A pesar de que se ganaba la vida exhibiéndose, la idea de que sus restos acabaran diseccionados y expuestos le aterrorizaba; por aquel entonces los únicos cadáveres que se entregaban a las escuelas de anatomía eran los de los condenados a muerte, los de los niños muertos en orfanatos y los de los vagabundos que nadie reclamaba. 

Sin embargo, Hunter no se dejó desanimar y volvió a intentar convencer a Byrne en varias ocasiones. En sus últimos días, consciente ya de que su muerte se aproximaba, Byrne se obsesionó con la idea de que Hunter iba a robar su cadáver, así que trazó un plan con varios de sus amigos. Estos se comprometieron a que, una vez muerto, harían que el cuerpo de Byrne fuera introducido en un ataúd de plomo, que sería sellado y transportado a la localidad costera de Margate, donde sería embarcado y arrojado al mar. Pero a pesar de todas estas precauciones, Hunter se las arregló para hacerse con el cadáver de Byrne. Unos dicen que sobornó con una importante cantidad de dinero (se habla de 500 libras) a los empleados de la funeraria. Otros, que pagó directamente a los amigos de Byrne. Sea como fuere, entre Londres y Margate el cuerpo del irlandés fue robado y llevado al sótano de la casa de Hunter, en el número 28 de Leicester Square.

El esqueleto de Byrne, expuesto en el Museo Hunteriano

Hunter se tomó su tiempo con los restos de Byrne. A lo largo de cuatro años diseccionó y estudió el cadáver, limpió el esqueleto y lo montó, antes de incorporarlo a su colección en un lugar destacado. Hunter murió en 1793; en 1799 sus herederos vendieron sus documentos personales y su colección al gobierno británico, el cual a su vez los entregó al Real Colegio de Cirujanos de Inglaterra, que creó con ellos el Museo Hunteriano. Durante dos siglos, el esqueleto de Charles Byrne se convirtió en una de las piezas fundamentales de la exposición, y fue objeto de numerosos estudios. En 1891 el investigador Daniel Cunningham confirmó que el de Byrne era un caso de acromegalia (producción excesiva de hormona del crecimiento) y en 1909 el neurólogo norteamericano Harvey Cushing concluyó que la causa de ese exceso de producción era un tumor en la pituitaria, algo que dedujo al descubrir que su fosa pituitaria o "silla turca" (el hueco en el cráneo que alberga la glándula pituitaria) tenía un tamaño exageradamente grande.

La glándula pituitaria o hipófisis

En 2011 se logró extraer ADN de los dientes de Byrne; su secuenciación reveló que tenía una rara mutación en el gen AIP, al que se relaciona con la aparición de tumores en la pituitaria. Investigaciones posteriores revelaron que cuatro familias norirlandesas actuales con antecedentes de desórdenes en la pituitaria portan la misma mutación, y que tanto Byrne como esas cuatro familias compartían un antepasado común que habría vivido hace unos 1500 años. Curiosamente, Byrne fue contemporáneo de otros tres "gigantes" de origen irlandés: los gemelos Knipe (que alcanzaron los 2'20 de altura y eran además parientes suyos) y Patrick Cotter O'Brien, que alcanzó los 2'44 metros de altura, aunque él procedía del condado de Cork, en el sur de Irlanda. 

El esqueleto de Charles Byrne permaneció durante más de dos siglos expuesto, hasta que a principios del siglo XXI se elevaron numerosas voces que pedían que se retirara y se le dieran a sus restos un entierro digno, algo que los responsables del museo siempre rechazaron, alegando como motivo el interés científico de los restos. Sin embargo, en 2017 el Museo Hunteriano cerró para ser sometido a una amplia reforma. Cuando en 2023 se volvió a abrir al público, se anunció que el esqueleto ya no estaría expuesto al público, aunque permanecería como parte de los fondos del Museo para ser estudiado por los investigadores que así lo quisieran.

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