Verba volant, scripta manent

domingo, 27 de septiembre de 2020

Los mejores 45 minutos de la historia del deporte

James Cleveland "Jesse" Owens (1913-1980)


La Big Ten Conference es la más antigua de las conferencias deportivas universitarias de los Estados Unidos. Fundada en 1896 por diez universidades, en la actualidad tiene catorce miembros de pleno derecho (las universidades de Indiana, Maryland, Michigan, Michigan State, Ohio State, Pennsylvania State, Rutgers, Illinois, Iowa, Minnesota, Nebraska, Northwestern, Purdue y Wisconsin), mas dos asociadas (Notre Dame y la John Hopkins de Baltimore) que compiten en 28 deportes.

El 25 de mayo de 1935 se celebraron en el estadio de Ferry Field, en Ann Arbor (Michigan), las competiciones atléticas de la Big Ten Conference de ese año. Los asistentes a aquella competición no sospechaban que iban a ser testigos de una hazaña deportiva difícilmente igualable, a la que con el tiempo acabarían llamando "los mejores 45 minutos de la historia del deporte".

Entre los participantes de aquel año había un estudiante afroamericano de segundo año de la universidad de Ohio State llamado James Cleveland Owens, aunque todo el mundo le llamaba Jesse por la manera que tenía de pronunciar su apodo familiar, JC, con su fuerte acento sureño. Había nacido en Alabama, en el seno de una humilde familia de diez hermanos que se había trasladado a Ohio en busca de mejores oportunidades cuando Jesse todavía era un niño. Dadas las estrecheces económicas de la familia, Jesse había empezado a trabajar desde muy joven para ayudarlos. Sin dejar de asistir a la escuela, había sido repartidor, había descargado mercancías y reparado calzado, pero a pesar de todo había logrado graduarse en el instituto y matricularse en la universidad.


Owens era una de las estrellas del equipo de atletismo de la universidad; llegaría a ganar ocho títulos individuales de la NCAA entre 1935 y 1936, un hito que solo sería igualado por Xavier Carter en 2006. Sus habilidades atléticas ya habían llamado la atención en 1933 cuando, estando todavía en el instituto, había igualado el record mundial de las 100 yardas, establecido en 9'4 segundos, y saltado 7'56 metros, a apenas 40 centímetros del record mundial. A pesar de ello, debido a su raza eso no le suponía ninguna ventaja. No tenía derecho a becas, por lo que tenía que seguir trabajando a tiempo parcial (la ayuda económica de su familia había sido necesaria para poder matricularse) para pagar sus clases y mantener a su hija, Gloria, nacida en 1932. Tenía que vivir fuera del campus, como los demás alumnos negros, y cuando viajaba con el equipo de la universidad tenía que comer y dormir aparte de sus compañeros blancos, en establecimientos "solo para negros".

Owens llegaba con muchas dudas al campeonato. Solo cinco días antes se había caído por las escaleras de su dormitorio, a resultas de lo cual sufría de intensos dolores en la parte baja de la espalda, hasta el punto de que necesitó ayuda para subir y bajar del coche en el que viajó hasta Ann Arbor con varios compañeros. En el estadio tomó un largo baño caliente de más de 30 minutos como último recurso para tratar de aliviar el dolor. Su entrenador Larry Snyder no estaba convencido de dejarle participar, pero Owens quería competir a pesar de todo, y llegaron a un acuerdo: decidirían si participaba antes de cada competición, dependiendo de su condición física.

La primera prueba a la que se enfrentó fue la carrera de 100 yardas, celebrada a las 15:15. Sin haber podido calentar o hacer estiramientos, Owens contaría más tarde cómo cuando se dispuso a correr el dolor había desaparecido, "como si fuera un milagro". Owens hizo una carrera apoteósica y venció con holgura con un tiempo oficial de 9'4 segundos, igualando el récord mundial. Hay que señalar que por aquel entonces había varios encargados de cronometrar los tiempos de la carrera, y que la mayoría de ellos atribuyeron a Owens un tiempo de 9'3 segundos, pero las normas del torneo estipulaban que a cada corredor se le concedería el más lento de los tiempos que le atribuyeran. Por eso Owens igualó y no superó el récord de las 100 yardas (que tardaría trece años en ser superado).

La siguiente competición fue el salto de longitud. A las 15:25 Owens se dispuso a saltar sabiendo que solo dispondría de un intento, porque la siguiente prueba estaba a punto de comenzar y no tendría tiempo para otro. No necesitaría más. Porque en ese único intento, el atleta voló para lograr una asombrosa marca de 8 metros y trece centímetros, superando en quince centímetros el record mundial en posesión del japonés Chuhei Nambu. Esa marca permanecería como record mundial durante 25 años, hasta que Ralph Boston saltó 8'21 metros en 1960, y le habría valido a Owens un sexto puesto en las Olimpiadas de Río de Janeiro de 2016, 81 años más tarde.


Menos de diez minutos más tarde, a las 15:34, Owens estaba en la línea de salida de la siguiente prueba, las 220 yardas. Esa era la distancia que se corría por aquel entonces en Estados Unidos en lugar de los 200 metros, aunque las federaciones atléticas solían ajustar los tiempos de una prueba con otra (lo normal era restarle al tiempo de las 220 yardas 0'1 segundos, ya que 220 yardas son 201'16 metros) para hacer equivalentes los registros. De nuevo, Owens se mostró tan superior a sus rivales que algunos de los asistentes comentaron luego que parecía haber corrido solo. Se hizo con la victoria con un tiempo de 20'3 segundos, rebajando la plusmarca existente en tres décimas de segundo, y haciéndose así con los record mundiales de 220 yardas y 200 metros.

El broche de oro de aquella tarde se produjo a las 16:00 con la última prueba en la que iba a participar Owens: las 220 yardas vallas, una distancia hoy en desuso, pero que por aquel entonces formaba parte (o su equivalente, los 200 metros vallas) del programa de muchas reuniones atléticas e incluso de algunos Juegos Olímpicos como los de París. Y una vez más, ante miles de aficionados entusiasmados por lo que estaban viendo (entre 5000 y 10000, dependiendo de las fuentes) Owens venció con una facilidad pasmosa, con un tiempo de 22'6 segundos (era la primera vez que nadie bajaba de los 23 segundos en esa prueba) y sacándole al segundo cinco metros de ventaja. Otros dos records mundiales para Owens.


En apenas 45 minutos, Jesse Owens había superado cinco records mundiales e igualado un sexto. Una hazaña nunca vista en los anales de la historia del atletismo. Tuvo que huir de los vestuarios a través de una ventana para evitar a los cientos de aficionados que le esperaban para felicitarle. "Los 45 mejores minutos de la historia del deporte", los llamarían más tarde, o "la mayor empresa de la historia del atletismo desde 1850", como lo definiría en 2005 el profesor de la Universidad de Florida Central Richard C. Cepreau, profesor de Historia del Deporte. Tras esta proeza, Owens se convertiría en el deportista negro más famoso de los Estados Unidos, junto al boxeador Joe Louis, y apenas un año más tarde volvería a hacer historia logrando cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín.

domingo, 20 de septiembre de 2020

¿Sabías que...

-... un solo espermatozoide contiene el equivalente a 37'5 MB de información en forma de ADN? Una eyaculación equivale a una transferencia de 15875 GB de datos, el equivalente a la capacidad combinada de 62 MacBook Pros.

-... hay una oración que los judíos ortodoxos rezan cada mañana en la que dan gracias a Dios por no haber nacido mujer?

-... hace algún tiempo se puso a la venta en China una secuela no autorizada de Harry Potter, consistente en una versión del libro de J. R. R. Tolkien "El hobbit" con todos los nombres cambiados por los de personajes del universo Potter?

-... el libro de George Orwell 1984 fue prohibido en la Unión Soviética por considerarlo anticomunista, pero también fue acusado en Estados Unidos de ser un libro procomunista?

-... en noviembre de 2010 el Laboratorio de Investigación de las Fuerzas Aéreas de EEUU construyó un superordenador, al que llamaron "Condor Cluster", uniendo los procesadores de 1760 consolas de videojuegos PlayStation 3 de Sony? Dicho superordenador, el 33º más potente del mundo en aquel momento, no solo era 10 veces más barato que otros superordenadores de similar capacidad, sino que consumía un 90% menos de energía.

-... un tercio de todos los Premios Nobel de ciencias conseguidos por los EEUU fueron otorgados a inmigrantes que habían obtenido la nacionalidad norteamericana?

-... en su primer disco, For You, el músico Prince figura en los créditos como el único autor de todo el disco? No solo cantó en solitario todas las canciones, sino que tocó todos los instrumentos, lo que incluye guitarras acústicas y eléctricas, piano clásico, piano eléctrico Rhodes, teclados, sintetizadores, percusión, batería, campanas y bajos. Tenía solo 19 años por aquel entonces.

-... el que luego sería elegido presidente de los EEUU Jimmy Carter era considerado un candidato con tan pocas posibilidades que cuando le anunció a su madre Lilian que iba a presentarse a candidato a presidente, ella le respondió: "¿Presidente de qué?".

-... cuando la estrella Betelgeuse, en la constelación de Orión, se convierta en supernova (algo que puede ocurrir dentro de unos miles de años), desde la Tierra veremos su brillo con mayor intensidad que el de una Luna llena, será visible incluso de día y se mantendrá durante semanas o meses antes de desaparecer?

-... un gato llamado Cookie recorrió más de 1100 kilómetros entre marzo de 2013 y agosto de 2014, cruzando toda Francia desde el sureste al noroeste, para regresar a su casa, tras perderse mientras su dueña estaba de vacaciones?

-... en Japón existe una costumbre llamada rui-katsu (algo así como "búsqueda de lágrimas") en la que grupos de personas (conocidas o no) se reúnen para ver videos tristes o emotivos y luego llorar juntos para aliviar el estrés?

-... la actriz Anne Hathaway, que perdió cerca de 15 kilos de peso para interpretar el papel de Fantine en Los Miserables, jamás ha querido revelar el método que empleó para conseguirlo, alegando que se trata de un método muy peligroso y no quiere que otras mujeres la imiten?

domingo, 13 de septiembre de 2020

El barco de Oseberg

El barco de Oseberg


El 8 de agosto de 1903 un granjero llamado Knut Rom visitó en su despacho al arqueólogo sueco Gabriel Gustafson, profesor de la Universidad de Oslo y responsable de la Colección Nacional de Antigüedades para hablarle de algo que había hallado en sus tierras. Rom, dueño de una granja llamada Oseberg, cercana a la ciudad noruega de Tønsberg, había excavado en un túmulo de su propiedad y había hallado lo que creía eran los restos de un barco. Gustafson, intrigado, visitó Oseberg dos días después para examinar en persona los restos, y concluyó que se trataba de un barco vikingo utilizado como enterramiento.

Gustafson quiso excavar el montículo de inmediato, pero por distintos motivos no fue posible hasta la primavera de 1904. En la excavación, que se prolongó hasta el año siguiente y en la que colaboró con otro arqueólogo experto en la época vikinga, el noruego Haakon Shetelig, se pudo desenterrar completamente un barco vikingo en un excelente estado de conservación (aunque el mástil y parte de la cubierta habían sido dañados por un derrumbamiento del túmulo). El barco, hecho de madera de roble, medía 21'58 metros de eslora y 5'10 de manga, con un mástil de unos 9-10 metros, y huecos para 15 remos en cada borda. Estaba profusamente decorado y se calcula que con una vela de unos 90 metros cuadrados podría alcanzar una velocidad de 10 nudos. No era el primer barco funerario vikingo que se encontraba; anteriormente se habían descubierto otros en Tune (1867) y Gokstad (1880), pero ninguno de ellos contenía un ajuar funerario tan rico y suntuoso como el de Oseberg.

La excavación del túmulo de Oseberg
Detrás del mástil se halló una cámara que contenía los esqueletos de dos mujeres. Una de ellas era una anciana de unos 80 años, que sufría un severo caso de artritis y llevaba un vestido de lana roja y sarga, una túnica con tiras de seda y un velo de lino, todo ello indicativo de un elevado estrato social. A la otra se le atribuyó en un principio una edad de unos 25-30 años, aunque estudios posteriores sugieren que más probablemente rondaría los 50. Llevaba un vestido de lana azul y un velo de lana. A día de hoy todavía se ignoran sus identidades, si estaban emparentadas (no se ha conservado suficiente ADN para hacer pruebas) o si una de ellas fue sacrificada para acompañar a la otra en su viaje al más allá. En cualquier caso, dado el tipo de enterramiento (los barcos funerarios se empleaban en contadas ocasiones) y la riqueza de las ofrendas enterradas con ellas, es evidente que se trataba de la sepultura de alguien de muy alto rango. Durante un tiempo se creyó que la más anciana podía ser la legendaria reina Åsa de Agder, madre de Halfdan el Negro, rey de Vestfold, y abuela de Harald I, considerado el primer rey de Noruega. Ahora esta teoría está casi descartada y se cree que podría tratarse de una sacerdotisa.

El "Cubo de Buda"
Junto a las dos mujeres fue sepultado un riquísimo ajuar. La ausencia de metales preciosos indica que la tumba fue saqueada en algún momento; no obstante, los ladrones dejaron atrás todo lo demás, incluyendo numerosos objetos de uso cotidiano y otros más preciados y exquisitos. En la tumba se hallaron cuatro trineos con intrincadas decoraciones, un carro de caballos (el único de la época vikinga que ha llegado completo hasta la actualidad), dos tiendas, tejidos de lana y seda (son muy escasos los tejidos vikingos que se conservan), tapices, herramientas agrícolas, utensilios domésticos, así como cofres de madera, cuatro camas exquisitamente talladas y piezas curiosas como el llamado "Cubo de Buda", un cubo de madera de tejo adornado con dos figuras antropomórficas sentadas en la postura del loto. Asimismo, se hallaron los esqueletos de numerosos animales sacrificados: quince caballos, seis perros y dos bueyes.

El estudio dendrocronológico de la madera de la tumba dató el entierro en el otoño del año 834 d. C. aunque el barco en sí es más antiguo y se data en torno al año 820. Hay dudas sobre su propósito original; algunos creen que fue un barco funcional (por su estructura y ligereza, se cree que se empleaba en trayectos cortos cerca de la costa y no en travesías largas) y otros opinan que, debido a la falta se señales de uso, fue construido expresamente para ser empleado en un enterramiento. En 2010 se construyó una réplica, como parte de un proyecto llamado Saga Oseberg, utilizando técnicas y herramientas similares a las de la época en la que fue construido, que fue botada en 2012 y pudo navegar sin problemas.

El carro de Oseberg
El contenido del barco fue registrado, clasificado y enviado a Oslo. Posteriormente, el propio barco se desmontó; las dos mil piezas que lo formaban fueron estudiadas y numeradas y llevadas también a la Universidad de Oslo. En 1913 Gustafson propuso la construcción de un gran museo para albergar los hallazgos arqueológicos de los enterramientos de Oseberg, Tune y Gokstad, que llevaban décadas en los almacenes de la Universidad. El barco de Oseberg y su contenido fueron trasladados al nuevo Museo, financiado por el Parlamento noruego, en 1926, aunque por diversos motivos el que hoy se conoce como Museo de Barcos Vikingos de Oslo no estuvo completo hasta 1957.

lunes, 7 de septiembre de 2020

Ota Benga

Ota Benga (1883?-1916)

En 1904 se celebró en la ciudad norteamericana de San Luis la Exposición Universal. Entre los distintos eventos programados como parte de la Exposición se incluyó la celebración de los III Juegos Olímpicos de la era moderna, y como parte de ellos se celebraron los llamados Anthropology Days, una mezcla de exhibición y competición (al margen de la competición oficial) en los que tomaron parte miembros de distintas etnias procedentes de África, Asia y América. Un espectáculo de tintes racistas que suscitó numerosas críticas (el propio barón Pierre de Coubertin, presidente del Comité Olímpico Internacional, los calificó de "mascarada ultrajante") y entre cuyos participantes había un joven pigmeo llamado Ota Benga.

Ota Benga era miembro de la tribu mbuti y solía vivir en los bosques cercanos al rio Kasai, en territorio de lo que entonces era el Congo Belga. Había perdido a toda su familia en un ataque de la Force Publique (el ejército organizado por los belgas para controlar sus dominios, responsable de un sinnúmero de atrocidades contra la población nativa) y posteriormente había caído en manos de tratantes de esclavos de la etnia bashilele. En 1904 tenía en torno a veinte años cuando su camino se cruzó con el de Samuel Phillips Verner, un explorador y comerciante contratado por los organizadores de la Exposición para llevar a San Luis a varios pigmeos con el objeto de ser exhibidos allí. Verner compró a Benga a los tratantes de esclavos a cambio de un saco de sal y un rollo de tela, aunque más tarde afirmaría haberlo salvado de los caníbales.

Ota Benga (segundo por la izquierda) junto a otros miembros de la tribu mbuti
Verner regresó a EEUU llevando a Benga y a otros ocho pigmeos a los que había comprado o engañado para que lo acompañaran. Su aparición en San luis tuvo gran éxito y atrajo inmediatamente la atención del público, hasta el punto de que en alguna ocasión tuvieron que intervenir las fuerzas de seguridad para controlar las grandes masas de visitantes que intentaban verlos. Una vez terminada la Exposición, los demás pigmeos fueron enviados de vuelta a África. no así Benga, que permaneció bajo la "custodia" de Verner. Durante un tiempo vivió en el Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, mientras Verner trataba de conseguir un empleo en el Museo, pero con el tiempo se volvió más nostálgico de su hogar y empezó a dar problemas, así que Verner se lo llevó a un nuevo destino: el zoológico del Bronx.

El director del zoológico, William Hornaday,admitió en un principio a Benga como un trabajador más; ayudaba a alimentar a los animales y a limpiar y arreglar los recintos. No obstante, cuando Hornaday se dio cuenta del interés que el pigmeo despertaba entre los visitantes, pensó que podía sacar mayor beneficio de su presencia. Benga solía pasar parte de su tiempo libre en la Casa de los Monos, a menudo acompañando a un orangután llamado Dohong, que había demostrado una gran inteligencia y con el que se había encariñado. Hornaday le sugirió a Benga que pasase más tiempo en el recinto de los monos, que colocase allí la hamaca donde dormía, incluso que practicase allí con su arco... Finalmente, el 8 de septiembre de 1906 se anunció oficialmente la presencia de Benga como una nueva atracción del zoo, exhibido en la Casa de los Monos y con un cartel que rezaba: "Pigmeo africano "Ota Benga". 23 años de edad. Altura 4 pies y 11 pulgadas. Peso 103 libras. Traído desde el rio Kasai, Estado Libre del Congo, Sur del África Central, por el Dr. Samuel Phillips Verner. Exhibido todas las tardes durante septiembre".


La exhibición fue un éxito rotundo; en septiembre de 1906 el zoológico del Bronx tuvo el doble de visitantes que el septiembre del año anterior. No obstante, también hubo numerosas críticas. Hornaday consideraba que la exhibición de Benga era un espectáculo educativo y de carácter científico; en eso estuvo apoyado por Madison Grant, uno de los padres del llamado racismo científico y la eugenesia. Pero las críticas no hicieron sino aumentar. Especialmente combativa se mostró la iglesia baptista afroamericana, encabezada por el reverendo James H. Gordon, que condenó el lamentable espectáculo por exhibir a alguien de su raza con los monos (y también por fomentar el darwinismo, que Gordon consideraba "una teoría anticristiana"). Hornaday decidió que Benga dejase el recinto de los monos y pudiera volver a moverse por todo el recinto del zoo, pero ante el continuo acoso de los visitantes, el pigmeo empezó a mostrarse violento. Finalmente, hacia el final de septiembre, Hornaday dio su brazo a torcer y "liberó" a Benga, permitiéndole quedar bajo la custodia de Gordon. El zoológico del Bronx no emitiría una disculpa oficial por su trato a Benga hasta julio de 2020.


El reverendo Gordon lo instaló primero en un orfanato para niños de color, y posteriormente, a principios de 1910, dado que el interés de la prensa y la opinión pública continuaba, lo envió a Lynchburg (Virginia), donde fue acogido por una familia, creyendo que así disfrutaría de una mayor tranquilidad. Gordon y sus colaboradores trataron de hacer que Benga se adaptase a la vida en EEUU: le dieron ropas occidentales, le consiguieron tratamiento dental (los dientes de Benga, siguiendo las tradiciones de su tribu, habían sido afilados cuando era un niño, y eran uno de los detalles que más llamaban la atención de él) y le inscribieron en una escuela elemental, aunque en cuanto mejoró su dominio del inglés dejó las clases y consiguió trabajo en una fábrica de tabaco. Parecía estar adaptado, era apreciado por sus compañeros de trabajo, que le llamaban "Bingo", hizo amigos, y también le gustaba entretener a los niños de su vecindario contándoles historias de la selva, e incluso les enseñó a pescar con lanza.

No obstante, la nostalgia acabó por hacer mella en él. El deseo de regresar a África se hizo cada vez más fuerte y empezó a planear el retorno. Pero el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 restringió enormemente el tráfico marítimo en el Atlántico. Atrapado en un mundo que le resultaba ajeno, sin posibilidad de salir de él, acabó por perder la esperanza. El 20 de marzo de 1916 se arrancó las coronas artificiales de sus dientes, devolviendo a su dentadura su aspecto original, encendió un fuego ceremonial y se disparó en el corazón con una pistola que había pedido prestada. Tenía al morir 32 o 33 años y fue enterrado en la sección para afroamericanos del Old City Cemetery de Lynchburg, bajo una lápida sin nombre. Posteriormente se perdió la pista a sus restos; tradicionalmente se decía que habían sido trasladados al White Rock Hill Cemetery, otro camposanto que luego acabaría desapareciendo.

domingo, 23 de agosto de 2020

La historia de Charles Brown y Franz Stigler

Charles L. Brown (1922-2008) y Franz Stigler (1915-2008)


El 20 de diciembre de 1943 un grupo de aviones del 379º Grupo de Bombarderos de las Fuerzas Aéreas norteamericanas partía del aeródromo británico de Kimbolton rumbo a una misión en territorio alemán. Su objetivo era la ciudad de Bremen, más concretamente, las instalaciones de la empresa Focke-Wulf Flugzeugbau GmbH, donde se producían aviones para la Luftwaffe, entre ellos el mítico caza Fw-190 que tantos problemas causaba a los aviones aliados. De este escuadrón formaba parte un B-17 Flying Fortress conocido como "Ye Olde Pub", con una tripulación de diez hombres al mando del subteniente Charles L. Brown, un joven de 21 años procedente de una familia de granjeros de Virginia Occidental y que ese día realizaba su primera misión como comandante.

Al "Ye Olde Pub" se le asignó un puesto en el extremo de la formación, un lugar especialmente peligroso porque la artillería alemana tendía a disparar contra los bordes de las formaciones de bombarderos enemigos y no contra el centro. No obstante, después de que tres de los aviones que formaban parte de la misión tuvieran que regresar por problemas mecánicos, el avión de Brown acabó situado en la vanguardia del ataque. El bombardero cumplió su misión y soltó sus bombas sobre la factoría; pero fue alcanzado por la artillería antiaérea alemana. El morro de plexiglás del avión saltó hecho pedazos; el motor 2 quedó inutilizado y el cuatro resultó dañado, y el artillero de cola, Hugh Eckenrode, murió alcanzado por los disparos.

Con dos motores dañados, el "Ye Olde Pub" no podía mantener la misma velocidad que el resto de los bombarderos, y al quedar aislado, se convirtió en una presa fácil para los cazas alemanes. En torno a una decena de ellos, entre Messerschmitt 109 y Fw-190 lo atacaron, entablándose un feroz combate que se prolongó durante interminables minutos. Los artilleros del bombardero norteamericano lograron derribar a uno de los atacantes y finalmente pudieron zafarse del resto, pero el combate había provocado nuevos daños y el estado del "Ye Olde Pub" era lamentable. El motor 3 había sido alcanzado, con lo que ahora el avión contaba con apenas el 40% de su potencia, los sistemas eléctricos, hidráulicos y de suministro de oxígeno estaban dañados, había perdido parte del timón y del elevador de babor, y casi todos los tripulantes, incluido Brown (con un disparo en el hombro) estaban heridos. La radio y el sistema de navegación tampoco funcionaban, y el fuselaje estaba acribillado por la metralla y las balas alemanas. Además, varias de sus armas estaban atascadas, probablemente por un deficiente mantenimiento en tierra, por lo que solo disponían de dos ametralladoras de la torreta dorsal y uno de los cañones delanteros para defenderse. En estas condiciones, manteniéndose a duras penas en el aire, Brown puso rumbo a Inglaterra tratando de poner a salvo a su tripulación. Y entonces apareció otro caza alemán.

Se trataba de un solitario Messerschmitt Bf-109 G-6, que se acercó cautelosamente al bombardero. En las condiciones en las que se encontraba, el "Ye Olde Pub" no habría podido ofrecer apenas resistencia; el caza podía haberlo derribado sin problemas. Pero, sorprendentemente, no lo hizo. El avión alemán se acercó y se mantuvo a escasa distancia, como si estuviera calibrando los daños del bombardero. Acto seguido, se colocó a la altura de la cabina del B-17. Ambos pilotos se podían ver perfectamente el uno al otro, y entonces, para sorpresa de Brown, el piloto alemán comenzó a hacerle gestos. Sin saber muy bien lo que pretendía, Brown decidió mantener su rumbo hacia Inglaterra. En lugar de tratar de detenerlo, el piloto alemán se mantuvo cerca del ala de babor del bombardero, escoltándolo e impidiendo así que la artillería antiaérea alemana disparara contra él. Se mantuvo a su lado hasta que se encontraron sobre las aguas del Mar del Norte. En ese momento, Brown, que aún no se fiaba del todo, ordenó a uno de sus artilleros que apuntara al avión alemán, temiendo que éste decidiera atacarlos; pero el piloto alemán se limitó a saludarlos con la mano antes de dar media vuelta y regresar a Alemania.

Recreación artística del momento en el que el Bf-109 saluda y se despide del B-17 (obra de John D. Shaw)
Milagrosamente, el "Ye Olde Pub", a pesar de su pésimo estado, logró llegar a Inglaterra y aterrizar en la base de Seething, escoltado y guiado por dos cazas P-47 Thunderbolt. Pese a sus numerosas heridas, toda la tripulación, salvo Eckenrode, logró salvarse. No así el "Ye Olde Pub"; la magnitud de los daños era tal que se decidió que no valía la pena repararlo y se le dio de baja. Brown presentó su informe sobre la misión, mencionando también el comportamiento del piloto alemán; pero sus superiores le prohibieron hablar de ello con los demás pilotos, para no despertar sentimientos positivos hacia los pilotos enemigos. "Alguien decidió que no podías ser humano y estar en la cabina de un avión alemán", diría más tarde.

Brown volvió al servicio en cuanto se recuperó de sus heridas y completó 25 misiones antes de ser licenciado. Regresó a su Virginia natal, fue a la Universidad, formó una familia, y en 1949 se volvió a alistar en la Fuerza Aérea, sirviendo hasta 1965, para luego trabajar como diplomático para el Departamento de Asuntos Exteriores hasta 1972, año en el que dejó el servicio público y se retiró a Miami para dedicarse a ser inventor.

En 1986 Brown, retirado don el rango de teniente coronel, se encontraba en la base aérea de Maxwell (Alabama) para dar un discurso en un encuentro de pilotos de combate. Alguien le preguntó si tenía alguna anécdota interesante de su servicio en la Segunda Guerra Mundial. Y entonces Brown recordó a aquel piloto alemán que le había escoltado de vuelta en su primera misión, y decidió que tenía que intentar dar con él, si aún estaba con vida, o al menos averiguar su identidad. Durante varios años buscó sin éxito en los archivos de los ejércitos norteamericano, británico y alemán. Entonces decidió publicar un anuncio en un boletín de noticias de antiguos pilotos de la Luftwaffe. Unos meses después, recibía una carta enviada desde Canada de un antiguo piloto alemán que decía: "Yo soy ese hombre". Poco después, se ponían en contacto por teléfono, y gracias a los detalles facilitados por su interlocutor, Brown pudo confirmar que se trataba de aquel piloto, y pudo conocer la otra mitad de la historia.


Aquel piloto se llamaba Franz Stigler y tenía 28 años cuando se produjo el incidente. Era un brillante piloto que contaba con 22 enemigos derribados en aquel momento y formaba parte de la laureada Jagdgeschwader 27, que había servido en el norte de África como apoyo de las tropas del Afrika Korps antes de regresar a Alemania. Pero además de ser un excelente piloto, Stigler también era un hombre con profundas convicciones, católico devoto (había estado a punto de ser sacerdote antes de la guerra) y con un profundo sentido del honor. Aquel día Stigler estaba repostando su avión cuando vio pasar al B-17 y salió en su persecución, pese a que su aparato tenía algunos daños (incluida una bala del calibre 50 alojada en el radiador). No hacía falta ser un piloto experto para ver que el bombardero había sufrido graves daños, pero aún así a Stigler le sorprendió que al aproximarse no abrieran fuego contra él. Se acercó aún más y entonces pudo ver toda la magnitud de los desperfectos. Pudo ver al artillero de cola muerto en su puesto, los daños en el fuselaje, los motores averiados y los pilotos heridos en la cabina tratando desesperadamente de mantener el avión en el aire. Y entonces recordó lo que en su día le había dicho Gustav Rödel. Rödel, uno de los mayores ases de la aviación alemana en la Segunda Guerra Mundial, había sido su superior en la JG27 en el norte de África, y era también uno de los últimos en mantener un concepto caballeroso de la guerra. Rödel le había dicho: "Uno sigue las reglas de la guerra por si mismo, no por el enemigo. Conservas las reglas para conservar tu humanidad. Si alguna vez te veo disparar contra un hombre en paracaídas, yo mismo te derribaré". En ese momento, Stigler se dio cuenta de que no había diferencia entre disparar contra un hombre que saltaba en paracaídas y disparar contra aquel avión que a duras penas se mantenía en vuelo. Así que trató de ayudar a aquellos hombres. Les había hecho gestos para que aterrizaran en suelo alemán, o para que se dirigieran al norte, hacia la neutral Suecia, donde les habrían atendido (aunque probablemente les habrían mantenido recluidos hasta el final de la guerra). Pero al ver que el avión americano mantenía su rumbo, decidió hacer por ellos lo único que podía. Y los escoltó hasta que salieron de Alemania. Luego tampoco dijo nada de lo ocurrido; eludir el combate con el enemigo era un delito muy grave que le habría llevado ante un consejo de guerra, y muy probablemente ante un pelotón de fusilamiento.

Stigler había terminado la guerra en la JG44, el célebre "Escuadrón de los Expertos", volando en los cazas a reacción Messerschmitt 262 junto a otros ases de la Luftwaffe. Había seguido en el ejército alemán durante algún tiempo tras la guerra, y en 1953 había emigrado a Canada para convertirse en un exitoso hombre de negocios. Durante todo ese tiempo había pensado a menudo en la tripulación del avión al que no había querido derribar, preguntándose si habrían conseguido salvarse. Y se había llevado una gran alegría al descubrir que así había sido.


Brown y Stigler acabarían convirtiéndose en grandes amigos. Se visitaban a menudo, iban a pescar, contaban su historia en escuelas y reuniones de veteranos. En una ocasión Brown organizó un encuentro con los miembros supervivientes de su tripulación y sus familias para que Stigler pudiera conocer a las personas a las que había salvado la vida y a los que habían nacido gracias a ello. Su amistad perduró hasta la muerte de ambos en 2008, con apenas unos meses de diferencia. Tras la muerte de Brown, su hija encontró entre sus cosas un libro sobre aviones a reacción alemanes, regalo de Stigler. El libro tenía la siguiente dedicatoria: "En 1940 perdí a mi hermano en un combate nocturno. El 20 de diciembre, cuatro días antes de Navidad, tuve la oportunidad de salvar a un B-17 de su destrucción, un avión en tan malas condiciones que era un milagro que siguiera volando. Su piloto, Charlie Brown, es tan querido para mi como lo era mi hermano. Gracias Charlie. Tu hermano, Franz."

domingo, 2 de agosto de 2020

La princesa Caraboo

"Princess Caraboo", óleo de Edward Bird (1817)


El día 3 de abril de 1817, Jueves Santo, un zapatero de la localidad inglesa de Aldmonsbury, en el condado inglés de Gloucestershire, encontraba a una extraña joven aparentemente desorientada, vestida con ropajes exóticos y que hablaba un lenguaje desconocido. Sin saber muy bien qué hacer, por sugerencia de su esposa la llevó a presencia del Overseer of the poor, un funcionario público cuya labor era velar por el bienestar de los más necesitados. Él tampoco supo qué hacer con la joven. No parecía una vagabunda; iba bien vestida (llevaba un vestido negro con un volante de muselina, un chal rojo y negro sobre los hombros y otro chal enrollado en la cabeza a modo de turbante), era atractiva y tenía las manos suaves y bien cuidadas. Pero las Guerras Napoleónicas aún estaban recientes, y los ingleses veían con cierta desconfianza a los extranjeros. Así que el funcionario decidió librarse del problema de la misma manera que el zapatero; endilgándoselo a alguien de más autoridad que él. En su caso, al magistrado local, Samuel Worrall. Comenzaba así la historia de una sorprendente impostura.

Ni Worrall, ni su esposa Elizabeth, norteamericana de nacimiento, ni uno de sus criados, de origen griego, pudieron entender nada de lo que decía ni averiguar nada acerca de ella aparte de que se llamaba a si misma Caraboo y que estaba muy interesada en la decoración de inspiración china de la casa de los Worrall. La enviaron a una posada local a pasar la noche, y ella insistió en dormir en el suelo. Además, identificó en una lámina una piña, un fruto entonces exótico y poco corriente, llamándola "nanas", lo que hizo a algunos suponer que, aunque sus rasgos no eran foráneos, podía proceder de algún lugar remoto. Al final, el magistrado concluyó que era una mendiga y la envió a Bristol para ser juzgada por vagancia, encerrándola en el St. Peter's Hospital, un refugio para personas desamparadas y sin recursos. Allí tampoco sabían qué hacer con ella, y acabaron devolviéndola a casa de los Worrall.

"Princess Caraboo of Javasu" (Thomas Barker, 1817)
Para entonces la historia de la atractiva y desconocida joven se había extendido y muchos curiosos acudían a verla, intentando comprender lo que decía. Y entre ellos apareció un marinero portugués que decía llamarse Manuel Eynesso, que conocía el idioma que hablaba la joven y se ofrecía como traductor. Y la historia que contó la desconocida a través de su intérprete fascinó a casi todo el mundo. Caraboo afirmaba ser una princesa procedente de un país llamado Javasu, una isla en algún punto no determinado del Océano Índico. Había sido secuestrada por unos piratas que la llevaron lejos de su hogar, pero cuando el barco que la llevaba se aproximaba a las costas inglesas, ella había logrado escapar de la vigilancia de sus captores y saltar a las aguas del Canal de Bristol, llegando a tierra a nado.

Loa actitud de los Worrall cambió a partir de entonces. Obviamente, no es lo mismo tener como huésped a una vagabunda extranjera que a un miembro de la realeza; de un país lejano y desconocido, si, pero realeza al fin y al cabo. Y la princesa Caraboo se convirtió en la sensación de aquella localidad de provincias. Decenas de personas, de toda condición y clase social, acudían regularmente a verla, algunas habiendo recorrido largas distancias para poder verla. Caraboo seguía manteniendo sus excéntricas costumbres: seguía vistiéndose al estilo oriental, practicaba esgrima y tiro con arco, solo se alimentaba de vegetales, se subía al tejado de la casa de los Worrall, se bañaba desnuda en un lago y rezaba a un dios al que ella llamaba "Allah Tallah". Un médico llamado Wilkinson avaló su historia cuando, tras estudiar las escrituras en lenguaje javasu de la princesa, afirmó, basándose en la Pantographia de Edmund Fry (una exhaustiva recopilación de más de 200 tipos de alfabetos conocidos), que era originario del Índico, y que las cicatrices que la joven tenía en la parte posterior de su cabeza eran sin duda obra de cirujanos orientales. No obstante, los mismos escritos fueron enviados a un grupo de expertos de la Universidad de Oxford, que concluyeron que no eran ningún tipo de escritura sino simples pictogramas sin sentido, pero nadie les hizo demasiado caso... La prensa de todo el país se hizo eco de su historia y publicó incluso varios retratos de la joven, vestida a su exótica manera.

El "idioma" javasu
Y así, durante diez semanas, Caraboo fue una auténtica celebridad. Incluso se celebró un baile en su honor en la ciudad de Bath, al que asistió lo más selecto de la alta sociedad de la región, y en el que ella deleitó a los presentes con una danza exótica de su tierra. Hasta que una tal señora Neale se puso en contacto con los Worrall para advertirles que la joven no era quien decía ser. La señora Neale, dueña de una posada en Bristol, había visto el retrato de la supuesta princesa en el Bristol Journal y había reconocido sin lugar a dudas a una antigua huésped de su establecimiento. La princesa Caraboo se llamaba en realidad Mary Willcocks y era una criada, hija de un zapatero de Witheridge, que había trabajado en diversas localidades del sur de Inglaterra. Según contarían sus padres más adelante, la joven Mary había sufrido unas fiebres siendo niña y como consecuencia le había quedado una cierta inestabilidad mental. Con 15 años comenzó a trabajar como criada para una familia judía, donde había aprendido algo de hebreo, que se supone era la base del "idioma" javasu, con el añadido de palabras romaníes (Mary tenía amigos entre los gitanos, e incluso había viajado durante algún tiempo con ellos) y otras inventadas. Había estado brevemente casada con un hombre que la abandonó y con el que tuvo un hijo al que se vio obligada a dejar en un orfanato por no poder mantenerlo, y las marcas en su cabeza eran en realidad debidas a un tratamiento de ventosaterapia que había recibido en un hospital de caridad en Londres. La señora Neale recordaba como mientras fue su huésped entretenía a su hija pequeña colocándose una tela a modo de turbante y hablando un idioma inventado.

Viéndose desenmascarada, la falsa princesa confesó todo el engaño, admitiendo que solo buscaba conseguir algo de dinero para poder emigrar a Estados Unidos y empezar una nueva vida. Nunca quiso confesar quién era en realidad el supuesto marino portugués que había actuado como intérprete suyo. Los Worrall, mortificados por haber sido engañados de esa manera, decidieron que lo mejor era librarse discretamente de la chica y esperar a que la gente olvidara el asunto; y así, el 28 de junio de 1817 Mary Willcocks embarcaba en un buque con destino a Philadelphia. Allí protagonizaría un espectáculo teatral sobre la princesa Caraboo, con escaso éxito, y permanecería siete años, antes de regresar a Inglaterra en 1824. En Londres volvería a interpretar a Caraboo, exhibiéndose en una galería de New Bond Street, sin demasiada fortuna, y posteriormente trataría de hacer lo mismo en Francia y España.


En septiembre de 1828 la encontramos viviendo en Bedminster bajo el nombre de Mary Burgess. Allí se casó con un comerciante llamado Robert Baker, con el que tendría una hija llamada Mary Ann. En 1839 se ganaba la vida vendiendo sanguijuelas para las sangrías (un negocio bastante lucrativo en la época) a médicos y clínicas como el Bristol Infirmary Hospital. Murió el día de Nochebuena de 1864, a los 73 años de edad, a causa de una caída accidental, y fue enterrada en el cementerio de Hebron Road. Su hija heredaría de ella su negocio, y quizá algo más; murió en febrero de 1900 en un incendio en su casa, donde vivía sola y rodeada de docenas de gatos.

domingo, 26 de julio de 2020

La tragedia de la letrina de Erfurt

Enrique VI del Sacro Imperio Romano Germánico (1165-1197)


En 1184, el rey Enrique VI, futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, se embarcó en una campaña militar contra el reino de Polonia. Pero durante su viaje el rey Enrique se detuvo y estableció una corte temporal en la ciudad de Erfurt, capital de Turingia, con el objeto de convocar una dieta o asamblea que resolviera la disputa que enfrentaba a Luis III, landgrave de Turingia, y a Conrado I de Wittelsbach, arzobispo de Maguncia. Ambos habían estado enemistados desde la caída en desgracia de Enrique el León, duque de Sajonia y Baviera, derrocado y desposeído en 1180 por el emperador Federico Barbarroja.

La dieta fue convocada y nobles de todo el Imperio fueron invitados a participar en ella. Enrique y su séquito se instalaron en la casa del preboste de la catedral de Santa María de Erfurt, en cuyo segundo piso recibía el rey a los asistentes. El 26 de julio de 1184 docenas de nobles de alto rango se encontraban reunidos en el segundo piso de la casa departiendo con el rey Enrique y discutiendo los detalles del pleito que los había llevado hasta allí cuando el suelo del piso, hecho de madera y probablemente podrido, no pudo soportar el peso de tanta gente y se derrumbó. La mayoría de los presentes cayeron hasta el primer piso, cuyo suelo, igualmente viejo y podrido, tampoco soportó el peso de personas y escombros y también se derrumbó. Un buen número de los asistentes acabó cayendo en la fosa séptica situada bajo el piso, donde se acumulaban los desechos procedentes de las letrinas.

No hay cifras concretas, pero las crónicas hablan de unos sesenta muertos en el derrumbe, unos aplastados por las vigas y los escombros y otros ahogados en las aguas fecales de la fosa. Entre los fallecidos había destacados nobles como el conde Gozmar III de Ziegenhain, el conde Friedrich I de Abenberg, el conde Friedrich I de Kirchberg, el conde Heinrich de Schwarzburg, el conde Burchard de Wartburg y Beringer I, señor de Meldingen. El rey Enrique se salvó del desastre porque en el momento del derrumbe estaba en una cámara o aposento con el suelo de piedra, y tuvo que ser rescatado más tarde con una escalera. Él y su séquito abandonaron Erfurt de inmediato, sin que ni siquiera hubieran terminado las tareas de rescate de las víctimas.

domingo, 19 de julio de 2020

El síndrome de la máscara sonriente



El psicólogo japonés Makoto Natsume, profesor de la prestigiosa Osaka Shoin Women's University, notó cierto día un curioso fenómeno relacionado con sus estudiantes. Natsume, que también ejercía como consejero y asesor para las estudiantes, se dio cuenta de que durante sus entrevistas con ellas la mayoría exhibía una sonrisa permanente en su rostro, sin dejar de sonreir ni siquiera cuando le relataban problemas personales, sucesos traumáticos o situaciones de estrés. Posteriormente, el profesor Natsume se dio cuenta de que sucedía lo mismo con otras muchas mujeres, especialmente con las que trabajaban de cara al público: camareras, recepcionistas, empleadas de banca... Todas exhibían sonrisas perennes y forzadas de las que no se desprendían en ningún momento. A raíz de sus observaciones, Natsume acabaría por describir un nuevo desorden psicológico al que denominó Síndrome de la Máscara Sonriente.

En el terriblemente competitivo sector japonés de los servicios, la inmensa mayoría de las empresas exigen a sus empleadas mantener la sonrisa durante su jornada laboral, casi como si fuera parte de su uniforme de trabajo, a la hora de atender a sus clientes. Tras entrevistarse con muchas de estas trabajadoras, Natsume pudo confirmar que la mayoría de ellas admitía la importancia de la sonrisa a la hora de ser contratadas y permanecer en su puesto, y la insistencia de sus superiores en mantener dicha sonrisa para conseguir una mayor satisfacción de sus clientes. Natsume concluía que esta sonrisa antinatural y continua acababa por afectarlas psicológicamente, llegando a prolongarla más allá de su jornada laboral, haciéndoles suprimir sus verdaderos sentimientos y provocándoles secuelas psicológicas como depresión; y también físicas: muchas de ellas admitían sufrir dolores musculares, calambres y cefaleas, síntomas similares a los de las llamadas Lesiones por Movimientos Repetitivos.

El escritor japonés Tomomi Fujiwara sitúa el origen de este desorden en los cambios culturales sucedidos en el país a partir de los años 80 del siglo pasado; más concretamente, en la inauguración en 1983 de Tokyo Disneyland, el primer lugar donde se estableció como obligatoria la sonrisa al atender a los clientes, lo que luego sería imitado por muchas otras empresas.

Aunque en un principio parecía ser un fenómeno exclusivamente japonés, algunos autores han descrito casos en Corea del Sur. El psicólogo Yoon Do-rahm ha llegado a comparar la sociedad actual con un espectáculo de payasos: ambos llenos de sonrisas amplias y frecuentes, pero vacías y falsas.

domingo, 12 de julio de 2020

Pequeñas historias (XXII)

En 1976, una niña de 19 meses oriunda de Qatar fue ingresada en el Hospital Hammersmith de Londres aquejada de una extraña dolencia que los médicos eran incapaces de identificar. Una de las enfermeras se dio cuenta de que los síntomas de la niña eran similares a los de las víctimas del libro El misterio de Pale Horse, de Agatha Christie, que eran envenenadas con talio. Cuando se lo mencionó a los médicos, estos de inmediato analizaron la sangre de la niña y hallaron trazas de talio, lo que les permitió cambiar el tratamiento y salvar la vida a la pequeña. Al final se supo que la niña había ingerido accidentalmente sulfato de talio, que sus padres utilizaban como insecticida.
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El 19 de julio de 1960, un pirata aéreo de origen ruso llamado Alex Hildebrandt, armado con un rifle del calibre 22 y una bomba que llevaba pegada a su cuerpo, trató de secuestrar el vuelo 408 de la Trans Australian Airlines entre Sydney y Brisbane y obligarlo a dirigirse a Singapur. El copiloto, Tom R. Bennett, logró reducir al secuestrador dándole un puñetazo en la cara y arrancando los cables de los explosivos, impidiendo que estallaran. Bennett recibiría la Medalla de Jorge por su acto de valor.
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Durante la Primera Guerra Mundial, la cervecera Guinness apoyó de manera decidida a aquellos de sus empleados que decidieron alistarse en el ejército británico: les garantizó recuperar sus trabajos después de licenciarse, les siguió pagando la mitad de su sueldo mientras estaban en el frente, e incluso les enviaba paquetes con chocolate y leche condensada.
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En 1957 el KGB trató de chantajear al presidente de Indonesia, Sukarno, con una grabación de él manteniendo relaciones sexuales con varias prostitutas durante una visita oficial a Moscú. Sukarno, muy tranquilo, les respondió que si las imágenes se difundían los indonesios estarían muy orgullosos de él, e incluso les pidió más copias para mostrárselas a sus amigos. Curiosamente, la CIA trató de chantajearlo con un plan parecido, y llegó a producir una película pornográfica interpretada por un actor que llevaba una máscara del presidente fabricada ex-profeso por la CIA.
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La ciudad de Carmel (Indiana) ha ido reemplazando sus intersecciones por rotondas desde los años noventa. El resultado es que, además de que en cada rotonda que construye se ahorra más de 100000 dólares, el número de accidentes totales ha caído un 40%, el número de accidentes con heridos un 80%, y en cada rotonda se calcula que se ahorran cada año 24000 dólares en combustible porque los coches han reducido sensiblemente el tiempo que pasan detenidos esperando para poder pasar.
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A pesar de haber sido fundadas en la misma ciudad, en el mismo año y tener nombres similares, las compañías The Hershey Company (fabricante de los chocolates Hershey's) y Hershey Creamery Company (fabricante de los helados Hershey's) no solo no tienen ninguna relación entre ellas, sino que a lo largo de los años se han enfrentado en numerosas ocasiones en los tribunales por el uso del nombre que ambas comparten.
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En 1985, un oso negro murió de una brutal sobredosis tras comerse más de 40 kilos de cocaína, valorados en 15 millones de dólares, que un narcotraficante había arrojado sobre un bosque norteamericano cuando la avioneta en la que viajaba había tenido problemas mecánicos. El "Oso de la cocaína" o "Pablo EscoBear", como es conocido, fue disecado y en la actualidad es una atracción turística de primer orden en Lexington (Kentucky).
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En cierta ocasión el presidente Jimmy Carter accionó por error un botón de alarma secreto instalado en su retrete, haciendo que los agentes del servicio secreto irrumpieran en el cuarto cuando todavía estaba abrochándose los pantalones. En otra ocasión, Carter envió a la tintorería una chaqueta sin acordarse de que en uno de sus bolsillos estaban los códigos de activación de las armas nucleares.

lunes, 6 de julio de 2020

El mono de Hartlepool



Según cuenta la leyenda, a principios del siglo XIX, en plena guerra entre el Reino Unido y la Francia de Napoleón, un buque francés se vio sorprendido por una tormenta y se hundió en de la costa noroeste de Gran Bretaña, cerca de la ciudad de Hartlepool. Temiendo una invasión, las gentes de la ciudad acudieron a la playa, a donde habían ido a parar los restos del naufragio, y allí encontraron al único superviviente: un mono, propiedad seguramente de alguno de los marineros del buque, vestido con un uniforme militar.

Ahora bien, los habitantes de Hartlepool no eran gente demasiado instruida. Además, la guerra les pillaba algo lejos, nunca habían visto a un francés y mucho menos a un mono. De los franceses sabían lo que la propaganda de guerra británica decía de ellos: que eran personas salvajes, sucias y desagradables, a veces representados con rabo y garras. Por lo tanto, concluyeron que aquel extraño personaje debía de ser un francés. De inmediato, improvisaron un tribunal popular en la misma playa donde se le acusó de ser un espía y, dado que el mono fue incapaz de alegar nada en su defensa, fue declarado culpable y llevado a la plaza principal de Hartlepool, donde lo ahorcaron (una versión más siniestra de la leyenda dice que en realidad a quien ahorcaron fue a un niño, uno de los que por aquel entonces servían en los buques de guerra como auxiliares de artillería cargando de pólvora los cañones y que eran conocidos habitualmente como "powder monkeys", "monos de la pólvora").


Durante muchos años, la leyenda del mono fue utilizada como motivo de burla hacia los habitantes de Hartlepool, a los que apodaban "monkey hangers" ("cuelga monos"). Sin embargo, con el paso del tiempo los habitantes de la ciudad acabaron por aceptar la leyenda como parte de su folklore y la transformaron en una de sus señas de identidad. La historia del mono ha generado libros, canciones e incluso una novela gráfica y hay varias estatuas dedicadas a él en la ciudad. El equipo de fútbol local, el Hartlepool United, tiene como mascota a un mono llamado H'Angus (un juego de palabras con el nombre Angus y el verbo to hang, "colgar") y dos de los seis equipos de rugby de la localidad, el Hartlepool Rovers y el Hartlepool RFC, tienen referencias al mono en sus escudos. Incluso Stuart Drummond, que fue alcalde de Hartlepool entre 2002 y 2013 (fue el primer alcalde británico elegido tres veces consecutivas) hizo su primera campaña electoral disfrazado de H'Angus y con el lema "Plátanos gratis para todos los escolares", aunque luego le prohibieron llevar el disfraz mientras ejerciera como alcalde.

H'Angus
Pero ¿es real la historia del ahorcamiento del mono? Históricamente, no hay pruebas documentales de ello. Los registros muestran que durante la época de las Guerras Napoleónicas 14 barcos se hundieron en la región de Hartlepool, pero todos eran británicos y en ninguno de ellos se hace mención de que hubiera un mono a bordo. Aunque hay historiadores que afirman que la leyenda puede tener una base real, son muchos los que se inclinan por opinar que se trata de un bulo o una invención. La primera vez que se menciona la historia del mono es en una canción compuesta en 1855 por un músico y cómico ambulante llamado Edward "Ned" Corvan, que al parecer tenía la costumbre de componer alguna canción relativa a la localidad en la que actuaba para complacer a su público. La canción que compuso cuando actuó en Hartlepool, titulada "The Monkey Song" ("La canción del mono") y en la que se contaba a grandes rasgos la historia del ahorcamiento del mono, se hizo muy popular y para muchos es el origen más probable de toda la leyenda del mono de Hartlepool.


La canción en si no es original, ya que "tomaba prestados" fragmentos de otra canción más antigua, muy popular en Newcastle, titulada "The Baboon" ("El babuino") y que hacía referencia a un hecho histórico real, la visita de un grupo de soldados cosacos a la región de Tyneside, a los que acompañaba como mascota un babuino. Tampoco la historia del mono ahorcado es totalmente novedosa; existe una historia similar atribuida a los habitantes del pueblo escocés de Boddam, de los que se cuenta que en torno a 1772 ahorcaron a un mono, único superviviente de un naufragio, para que nadie pudiera disputarles los derechos de rescate de los restos del barco, de los que solo podrían haber hecho uso si no hubiera habido supervivientes. De esos hechos también se había escrito una conocida canción, y es posible que Corvan la hubiera escuchado en sus viajes y al llegar a Hartlepool hubiera combinado la historia del mono de Boddam y la canción del babuino para crear una historia nueva que con el paso del tiempo pasó de ser una simple parodia humorística a ser tomada por un hecho real. Lo cierto es que, al parecer, la canción tuvo mucho éxito entre los habitantes de West Hartlepool (la parte industrial y moderna de la ciudad) que solían hacer burla de los habitantes del Old Hartlepool (la parte antigua, dedicada fundamentalmente a la pesca).


Con el paso del tiempo, la diferencia entre ambos Hartlepool se desvaneció y la leyenda del mono acabó por aplicarse a toda la ciudad, perviviendo durante dos siglos y convirtiéndose en una de las señas de identidad de la ciudad.