Verba volant, scripta manent

martes, 9 de agosto de 2016

La pelea más sucia de la historia del boxeo


Billy Collins Jr. era una de las grandes promesas del boxeo norteamericano a principios de los años ochenta del siglo pasado. Un chico nacido en 1961 en una familia de Tennessee humilde y trabajadora, muy vinculada al boxeo: su padre, Billy Collins, había sido un estimable púgil en los años 50 y 60, llegando incluso a pelear contra el campeón mundial del peso welter, Curtis Cokes. Billy Jr. había conocido el boxeo desde que nació, y no tardó en empezar a practicarlo. Su padre supo reconocer el talento que tenía y, bajo su guía y entrenamientos, encauzó esa habilidad para convertirlo en un excelente boxeador. Muy pronto los medios empezaron a hablar de aquel chico de Tennessee en el que había depositadas grandes esperanzas (muchos lo señalaban como un futuro campeón mundial del peso welter) y que además tenía un estilo muy atractivo para los espectadores: ofensivo y valiente, basado en golpear sin pausa al rival con un amplio repertorio de golpes, sin retroceder aunque ello le costase recibir algún que otro golpe de más. A mediados de 1983, Billy Jr. llevaba una impecable racha de 14 victorias en 14 combates, 11 de ellas por KO.


Su combate número 15 se celebraría el 16 de junio de 1983, en el mítico Madison Square Garden de Nueva York. Un combate que habría de servir como aperitivo del combate principal de la noche, el que enfrentaría al mítico boxeador panameño Roberto "Mano de Piedra" Durán y al norteamericano Davey Moore por el título de campeón mundial del peso superwelter. Su rival de esa noche era el púgil puertorriqueño Luis Resto; un boxeador de 28 años, con un amplio historial pero sin victorias de relumbrón. Era el tipo de rival que buscaba el padre de Collins para que su hijo siguiera progresando en su carrera: un boxeador duro y experimentado, curtido pero no lo suficientemente peligroso como para suponer una amenaza seria para la victoria de Billy. El mítico Muhammad Alí, presente en el estadio, pronosticaba una victoria sencilla de Billy Collins. Lejos estaban de sospechar los que asistían a la pelea que aquel iba a ser el último combate de ambos luchadores.


Desde el comienzo se vio que el combate no transcurría según lo esperado. Tras un inicio equilibrado, Resto tomó la iniciativa, infligiendo un severo correctivo a Billy Collins. Mientras que los golpes de éste parecían débiles e ineficaces, los de Resto resultaban sorprendentemente contundentes provocándole a Collins graves daños, especialmente en el rostro. En un descanso entre asaltos, las cámaras de la ABC, que retransmitía el combate, captaron a Billy diciéndole a su padre "Es mucho más fuerte de lo que pensé. Mucho más fuerte".
El castigo continuó durante varios asaltos, mientras el entrenador de Resto, Panama Lewis, se burlaba de Collins llamándole lento. Pese a sus graves heridas, Billy Collins se negó a suspender la pelea, y resistió en pie los diez asaltos, a pesar de que al final tenía los ojos tan hinchados que apenas veía. Al término del combate, los jueces declararon vencedor a Resto por unanimidad. La sorpresa era general. Un boxeador sin apenas nombre acababa de derrotar a uno de los más talentosos y prometedores púgiles de todos los EEUU. Resto lo celebraba exultante en su rincón mientras Collins, cabizbajo, trataba de asimilar su primera derrota mientras recibía atención médica.

Este era el aspecto de Billy Collins Jr. tras el combate
Luis Resto se acercó al rincón donde estaba su rival, como era costumbre, para saludarlo a él y a su equipo. En un determinado momento, Billy Collins padre tocó los guantes de Resto, y al momento supo que algo no estaba bien. Acostumbrado a utilizar guantes de boxeo durante toda su vida, se dio cuenta de que el tacto no era el que cabría de esperar de unos guantes normales. Mientras retenía a Resto, que trataba de escabullirse del ring, Collins pidió a gritos que los inspectores de la Comisión de Boxeo de Nueva York examinaran los guantes.
La posterior investigación determinó que los guantes de Resto habían sido manipulados. Alguien les había retirado la mayor parte del acolchado para que así los puñetazos de Resto fueran mucho más contundentes. Años más tarde, Resto confesaría que además las vendas que envolvían sus manos habían sido empapadas en agua con yeso, que al secarse se endureció aumentando el impacto de los golpes; literalmente, era como si Resto hubiese estado golpeando a Collins con una piedra. También admitió que su entrenador había añadido medicamentos para el asma a su agua, para de este modo aguantar la pelea en mejores condiciones.
Resto y Lewis fueron sancionados y expulsados a perpetuidad del mundo del boxeo, aunque años más tarde a Resto se le permitió ejercer como entrenador. También fueron juzgados y acusados de asalto, conspiración y posesión de un arma con intenciones criminales (los puños de Resto). Fueron condenados a tres y dos años de prisión, respectivamente. Se rumoreó que tras todo el plan había alguien más, alguien que quería aprovechar para ganar dinero y que se embolsó una cuantiosa suma apostando a favor de Resto.
Para Billy Collins aquella pelea supuso el final de su carrera como boxeador. Los gravísimos daños que habría sufrido en su cráneo, especialmente en los ojos (perdió parte de su visión) le imposibilitaron seguir boxeando. Eso le hizo caer en una profunda depresión que le llevó a un consumo excesivo de alcohol. Perdió varios empleos en poco tiempo, empezó a tener problemas con su esposa Andrea y, finalmente, el 6 de marzo de 1984, apenas nueve meses después de la pelea, Billy Collins Jr. moría después de que su coche se estrellara violentamente y a gran velocidad contra una atarjea del alcantarillado. Su familia siempre creyó que Billy se había suicidado, incapaz de superar la depresión provocada por el fin prematuro de su carrera.


El boxeador y su familia demandaron tras la pelea a Resto, a Lewis, a la promotora del combate, a los inspectores de la comisión, a los árbitros e incluso a Everlast, la empresa fabricante de los guantes de Resto, por su responsabilidad en los daños sufridos por Collins, pero la muerte de éste hizo que la demanda fuera sobreseída. Posteriormente, su padre y su viuda demandaron a la Comisión de Boxeo de Nueva York por no haber sido capaces de evitar los daños sufridos por Billy, pero esta demanda también fue desestimada, aunque más tarde se tomarían medidas de revisión más estrictas para impedir que un caso similar pudiera volver a suceder.


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