Verba volant, scripta manent

sábado, 3 de diciembre de 2016

El escándalo Toblerone


A mediados de los años 90, Mona Sahlin era una de las figuras emergentes de la escena política sueca. Con apenas 16 años se había afiliado a las juventudes del Partido Socialdemócrata sueco (SAP) y en las elecciones legislativas de 1982 se había convertido con solo 25 años en el miembro más joven del Parlamento sueco, el Riksdag. A partir de ahí fue ascendiendo hasta convertirse en ministra de Trabajo en 1990, cargo que mantuvo hasta 1991, año en el que los socialdemócratas perdieron las elecciones y dejaron el poder. Pasó entonces a ocupar la presidencia del Comité Parlamentario para el Mercado Laboral y a ejercer como portavoz de los socialdemócratas en materia de empleo.
En 1994, al volver al poder el SAP, Sahlin volvió a formar parte del nuevo gobierno, como ministra de Igualdad de Género y viceprimera ministra. Su gran oportunidad llegaría en agosto de 1995, cuando el entonces primer ministro y líder del SAP, Ingvar Carlsson, anunció su intención de renunciar a ambos cargos. De entre todos los posibles herederos, muy pronto comenzó a destacar el nombre de Sahlin como gran favorita a sucederlo tanto como primera ministra de Suecia como máxima mandataria del SAP. Hasta que un inesperado escándalo echó por tierra sus opciones.
Un artículo publicado en octubre de 1995 en el diario Expressen sacaba a la luz la investigación llevada a cabo por un auditor público de origen español llamado Carlos Medina de Rebolledo en la que se revelaba que Sahlin había empleado la tarjeta de crédito que era entregada a todos los altos cargos del parlamento sueco, y que en teoría debía ser empleada solo en cuestiones relacionadas con su trabajo, para abonar una serie de gastos personales. Entre ellos, un par de chocolatinas Toblerone (que dieron nombre al affair). Investigaciones posteriores expusieron otras irregularidades financieras de la ministra: facturas de la guardería de sus hijos y tickets de aparcamiento sin pagar, lo mismo que la licencia de televisión (un impuesto que pagan todos los suecos poseedores de una televisión, y que se emplea para costear la televisión pública), o la contratación de un cuidador para sus hijos sin dar de alta su contrato para no pagar los impuestos correspondientes.

Mona Sahlin
El escándalo creció con rapidez, pese a los intentos de Sahlin de justificarse. Pese a que devolvió el dinero gastado de manera irregular y se puso al día con el resto de pagos, la opinión general era que no estaba capacitada para ser la máxima dirigente del país, y en noviembre de 1995 se vio obligada a retirar su candidatura a la sucesión de Carlsson. Finalmente, sería el entonces ministro de Economía, Göran Persson, el que se convertiría en el nuevo primer ministro en marzo de 1996. En cuanto a Sahlin, la investigación abierta por el fiscal general Jan Danielsson concluyó que no había infringido las leyes, pero su imagen pública estaba muy dañada y renunció a su escaño en el parlamento en abril de 1996.
Tras un par de años alejada de la política, Sahlin volvió al gobierno en 1998, al ser nombrada por Persson como ministra sin cartera, cargo que ostentó hasta 2006, en que sucedió al propio Persson como líder del SAP. Renunciaría a dicho liderazgo en 2011, tras los pobres resultados de los socialdemócratas en las elecciones al Parlamento Europeo de 2009 y en la legislativas de 2010. El 5 de mayo de 2016 tuvo que dimitir de su cargo como coordinadora nacional contra los extremismos violentos, al hacerse público (de nuevo, gracias al Expressen) que había mentido sobre el sueldo de uno de sus empleados, para ayudarlo a conseguir una hipoteca. Ella se defendió diciendo que iba a pagar la diferencia de su propio bolsillo, algo que luego se demostró falso. Los medios no tardaron en comparar su actitud en esta nueva polémica con la que había tenido veinte años atrás, en el caso de los Toblerone, tratando de quitarle importancia y eludir su responsabilidad.

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