Verba volant, scripta manent

sábado, 30 de junio de 2012

Los sucesos de Montejurra


Aniano Jiménez Santos (centro) recibe un disparo de García-Verde (a la derecha, con gabardina)

El 31 de marzo de 1830, el rey español Fernando VII promulgaba la llamada Pragmática Sanción, que suponía derogar la Ley Sálica, que excluía del trono a las mujeres. De este modo se aseguraba que su hija Isabel, que nacería el 10 de octubre de ese año, ocuparía el trono. Algo que no gustó nada a su hermano menor, Carlos María Isidro, hasta entonces heredero. Carlos se fué al exilio en marzo de 1833 para no reconocer a Isabel como princesa de Asturias y, cuando Fernando murió en septiembre de ese año, considerándose el legítimo heredero se proclamó rey con el nombre de Carlos V, dando lugar así a la primera guerra carlista (1833-1840). Mientras que por lo general los sectores más conservadores y reaccionarios tomaron partido a favor de Carlos, los moderados y liberales se unieron mayoritariamente a las filas isabelinas. Tras siete años y más de 200000 muertos, se alcanzó un acuerdo de paz e Isabel fué reconocida como reina. Pero poco después se revivían las hostilidades: Carlos María Isidro "abdicaba" en 1845 en su hijo Carlos Luís que, bajo el nombre de Carlos VI, trató de ocupar el trono. La nueva guerra, de 1846 a 1849, tuvo mucha menos significación y sólo tuvo relevancia en regiones con fuerte arraigo carlista: Cataluña, Navarra, Aragón y el País Vasco. Habría aún una tercera guerra carlista, de 1872 a 1876, comenzada por los partidarios de Carlos María de Borbón (alias Carlos VII) tratando de aprovechar el cesconcierto causado por la abdicación de Isabel II, el reinado de Amadeo I y la proclamación de la Primera República, pero de nuevo tuvo una limitada repercusión.
Durante el siglo XX la importancia del carlismo se vió reducida paulatinamente, en medio de la multitud de partidos, movimientos y organizaciones surgidas en la convulsa política española de principios de siglo. Tras el estallido de la Guerra Civil, el regimen franquista forzó al partido carlista a fusionarse con la Falange. Esto provocó en el carlismo unos años de confusión, cismas, escisiones, etc. bajo la "regencia" de Javier de Borbón-Parma, aunque un grupo trató de establecer una nueva línea sucesoria reconociendo como heredero a Carlos de Habsburgo-Borbón (nieto de Carlos VII). Posteriormente, el movimiento carlista, originariamente derechista y conservador, comenzó un giro ideológico que lo acercó a posiciones de izquierda, aunque en contra de la voluntad de parte de sus seguidores más tradicionalistas. En abril de 1975, Javier de Borbón abdicaba en su hijo Carlos Hugo, verdadero impulsor de este cambio político, al que los sectores más reaccionarios del carlismo rechazaban.
Desde altas instancias del gobierno se veía con cierta preocupación este nuevo carlismo, por lo que se aprovechó el descontento interno con Carlos Hugo para tratar de crear un nuevo frente carlista opuesto y de carácter ultraderechista. Los descontentos carlistas más radicales se agruparon en torno a la figura del hermano menor de Carlos Hugo, Sixto Enrique, y a esta nueva facción (al parecer, organizada y financiada por los servicios secretos del gobierno español) se unieron diversos elementos de ultraderecha, procedentes de movimientos como los Guerrilleros de Cristo Rey o la Falange, e incluso mercenarios argentinos e italianos. Y proclamaron a Sixto como el auténtico aspirante, negándole la legitimidad a Carlos Hugo.
En los años cuarenta, Javier de Borbón había instaurado la costumbre de convocar, periódicamente, reuniones de seguidores carlistas en el monte navarro de Montejurra, donde en 1873 había tenido lugar una inportante batalla durante la Tercera Guerra Carlista. Por lo general, los asistentes partían desde el cercano Monasterio de Irache y ascendían a pie al monte, donde tenía lugar una misa y diversos discursos y actos de confraternización. Pero en mayo de 1976 fué radicalmente diferente. A los actos de aquel año acudían representantes de varios partidos de izquierdas (incluídos PSOE y Partido Comunista), con los que Carlos Hugo mantenía estrechas relaciones. Un grupo de seguidores de Sixto, fuertemente armados, acamparon en la cumbre el 7 de mayo amenazando a los fieles a Carlos Hugo para que no trataran de acceder a ella; según decían, la simbólica cumbre había sido "usurpada" y ellos iban a devolverla a sus legítimos dueños.
El sábado 8 de mayo varios seguidores de Carlos Hugo que trataban de acceder a la cumbre fueron amenazados por los leales a Sixto, que les amenazaron con armas de fuego. Aún así, al día siguiente, domingo 9, de nuevo los partidarios de Carlos Hugo trataron de ascender a Montejurra, como estaba previsto. Los primeros incidentes tuvieron lugar ya cerca de Irache: agresiones, pedradas, etc. que culminaron con un disparo efectuado por José Luis Marín García-Verde, un falangista ultrarreaccionario y comandante retirado del Ejército, disparo que hirió de gravedad a un seguidor de Carlos Hugo llamado Aniano Jiménez Santos, que moriría diás después en el hospital. Posteriormente, ya cerca de la cumbre, los sixtinos realizaron varios disparos contra los carloshuguinos, produciéndose varios heridos y un nuevo fallecido, Ricardo García Pellejero (al parecer, también por disparos de García-Verde).
Ante la pasividad de las fuerzas del orden, los responsables del tiroteo lograron huir del lugar. Sólo días más tarde fueron detenidos y procesados tres de los participantes: José Luis Marín García-Verde, Arturo Márquez de Prado y Fernando Carrera. Sin embargo, no llegaron ni a ser juzgados. La Ley de Amnistía de 1977, al haber sido calificados de "políticos" sus crímenes, les dejó en libertad. A Sixto de Borbón ni se le llegó a tomar declaración; fué expulsado del país poco después.

José Luís Marín García-Verde, pistola en mano durante los sucesos de Montejurra

sábado, 23 de junio de 2012

La fuga de Alcatraz

                              Isla de Alcatraz

Pese a que funcionó como cárcel apenas tres décadas, le bastaron a la prisión de Alcatraz para convertirse en uno de los establecimientos penitenciarios más famosos del mundo. Acrecentada dicha fama por el hecho de que nadie haya logrado jamás huir con éxito de sus calabozos. Al menos oficialmente...
La prisión de Alcatraz comenzó a funcionar como tal en 1933, construída a partir de un fuerte militar de mediados del siglo XIX que durante la guerra de Secesión había funcionado como lugar de encarcelamiento para soldados confederados. Aparte de los accesorios habituales en estos lugares (barrotes, vallas, guardias armados, etc.) se unía la ventaja de su situación: un islote en mitad de la bahía de San Francisco, a varios kilómetros de tierra firme, en unas aguas gélidas, con fortísimas corrientes y abundancia de tiburones, todo lo cual hace, en teoría, prácticamente imposible huir a nado (no tanto: el nadador especialista en grandes distancias David Meca logró llegar a tierra en 1999, y con grilletes en las piernas, por encima; los españoles somos así de brutos a la hora de presumir).
Su aparente inviolabilidad la convirtió en la cárcel más segura de Norteamérica, adonde fueron a parar algunos de los presos más famosos y peligrosos de la época, incluídos numerosos gangsters como Al Capone, Alvin Karpis o Whitey Bulger. Y aunque hubo hasta catorce intentos de fuga, ninguno tuvo éxito. O quizá si. En 1937, dos prisioneros, Ralph Roe y Theodore Cole, lograron huir de la isla. Jamás se volvió a saber de ellos, y se les consideró ahogados. Y en 1962 tuvo lugar la fuga más famosa de la historia de Alcatraz, que incluso fué llevada al cine en un filme de 1979 dirigido por Don Siegel y protagonizado por Clint Eastwood.
En enero de 1960 llegó a la isla Fran Morris, un peligroso atracador de bancos, que llevaba desde los trece años entrando y saliendo de distintos correccionales y cárceles. También era un hombre inteligente, con un coeficiente de inteligencia muy superior a la media. Allí se encontró con un viejo conocido, Allen West, que llevaba en la isla desde 1957. Y poco después, llegaban al penal otros dos antiguos camaradas, los hermanos Anglin, John (trasladado en octubre) y Clarence (trasladado en enero de 1961), dos presos no especialmente peligrosos, pero si incómodos: habían logrado escaparse de las dos últimas cárceles donde habían estado encerrados. Los cuatro habían coincidido años atrás en la cárcel de Atlanta, y no tardaron en empezar a maquinar un modo de huir de la en teoría inexpugnable cárcel.
No tardaron en descubrir que detrás de la pared de sus celdas discurría un pasillo de mantenimiento que se comunicaba con sus habitáculos a través de los huecos de ventilación. También se dieron cuenta de que el hormigón de las paredes estaba envejecido y debilitado. Con herramientas improvisadas, como cucharillas y cortaúñas, consiguieron extraer las rejillas de los respiraderos para irlos ensanchando poco a poco hasta que tuvieron el tamaño necesario que permitiese el paso de un hombre. Pero no sólo eso; con el cemento que arrancaban de la pared y otros materiales construyeron falsas cabezas, pintadas y adornadas con pelo natural, para colocar en sus camas y hacer pensar a los guardas que permanecían dormidos en sus celdas. Además también construyeron una primitiva balsa salvavidas, con bolsas de basura y otros materiales, para ayudarles en su travesía. La madrugada del 11 al 12 de junio de 1962 los presos pusieron en práctica su plan. No todos: West fué incapaz de atravesar a tiempo su respiradero y cuando pudo salir de la celda, los demás ya se habían ido, con lo que tuvo que quedarse en su celda.
Por lo que se cree, los tres fugitivos llegaron al tejado a través del pasillo, se descolgaron por las cañerías de desagüe y salieron del recinto saltando varias vallas y cercas de bastante altura. Luego se echaron al mar... y desaparecieron.
En cuanto se supo de su huída, se dió la alarma a toda la zona. El FBI lanzó una de las mayores operaciones de búsqueda de su historia, pero no consiguió hallar nada. Sólo se hallaron algunas pertenencias de los Anglin y frangmentos de lo que podía ser la balsa en un islote a unos tres kilómetros de Alcatraz, llamado del Ángel. Ni cuerpos, ni señal alguna de los fugitivos. Pasadas unas semanas, se cesó de buscarlos y el 31 de diciembre de 1979 el FBI cerró el caso de manera oficial, concluyendo que "no hay indicio creíble de que los huídos estaban todavía vivos". Sin embargo, los U. S. Marshalls siguen investigando el caso, que permanecerá abierto, al menos, hasta que los huidos cumplan 100 años.
¿Qué pasó realmente con los tres fugitivos? ¿Consiguieron fugarse o se ahogaron? Hay datos en contra y a favor. En contra, además de las notorias dificultades de la huída, está el hecho de que no se ha tenido noticia de ninguno de los tres a lo largo de estos años. Resulta difícil de creer que tres delincuentes habituales hayan podido esconder su rastro de manera tan eficiente. Morris no tenía familia, pero los Anglin si, y aunque dicen creer que siguen vivos, nunca han admitido que se hayan puesto en contacto con ellos. Además, existe el testimonio de la tripulación de un carguero noruego que, semanas después de la huída, avistó un cadáver flotando en la bahía de San Francisco, cuyos rasgos coincidían con los de Morris.
¿Indicios a favor? Pocos y circunstanciales. Además de testigos que afirman haber visto a los huídos (sin ninguna prueba física y de dudosa credibilidad), la familia Anglin cuenta que, tras la fuga, la madre de los huídos recibía siempre en su cumpleaños un ramo de flores enviado de manera anónima. Diversas reconstrucciones y documentales sobre la escapada refrendan que pudieron llegar a tierra firme, y que esa misma noche se denunció el robo de un coche cerca de la costa, que pudo haber sido utilizado por los fugitivos. Un dato curioso lo aporta el conocido programa MythBusters: el lugar más probable al que habrían llegado los presos es el entorno del cabo de Marin, desde donde la corriente podría haber llevado los restos de la balsa al islote del Ángel, donde aparecieron.
La prisión de Alcatraz se clausuró al año siguiente de la huída de Morris y los Anglin. Algunos dijeron que era por haber perdido su fama de "a prueba de fugas". La realidad es mucho más prosaica: el coste del presidio era demasiado alto. Cada preso de Alcatraz costaba al gobierno norteamericano el doble de lo que costaban los presos de otras cárceles, y además, el desgaste y la corrosión de sus instalaciones, provocadas por el clima y el salitre, hacían que la cárcel requiriera una serie de elevadas inversiones para su mantenimiento. Por eso la cárcel se cerró y los presos fueron distribuídos por otros penales. En 1969, un grupo de indios norteamericanos la ocuparon y permanecieron en ella 18 meses, reivindicando que la propiedad de la isla les fuera devuelta. En 1972 pasó a formar parte del Parque Nacional Golden Gate, en 1976 fué nombrada "Lugar Histórico Nacional" y hoy en día es una de las principales atracciones turísticas de San Francisco y recibe miles de visitas al año.
Una de las falsas cabezas que los presos utilizaron para disimular su ausencia durante la noche

sábado, 16 de junio de 2012

Arrepentimiento literario

Joseph Hilaire Pierre René Belloc (1870-1953)

El escritor anglofrancés Hilaire Belloc, amigo íntimo de G. K. Chesterton, dejó a su muerte una extensa obra literaria (más de 150 libros, entre ensayos, novelas, poemarios y libros de historia). Pero no se sentía orgulloso de toda su obra por igual. Lo cierto es que buena parte de ella había sido escrita con el único objetivo de obtener dinero para pagar sus numerosas deudas, así que entre ella se encontraban libros de calidad más que discutible.
En cierta ocasión, allá por la década de los 30, Belloc viajaba en tren cuando se dió cuenta de que el viajero situado enfrente de él estaba enfrascado en la lectura de un ejemplar de su Historia de Inglaterra. Belloc se inclinó hacia él y le preguntó cuánto le había costado el libro. Cuando le hubo respondido, el escritor sacó de su bolsillo la cantidad indicada, se la entregó al otro viajero y, sin decir palabra, le arrebató el libro y lo arrojó por la ventanilla del vagón.

martes, 5 de junio de 2012

Las seis esposas de Enrique VIII

                    Enrique VIII de Inglaterra (1491-1547)


El rey Enrique VIII de Inglaterra ha pasado a la historia por dos motivos fundamentales: la ruptura con la Iglesia Católica y el establecimiento de la Iglesia Anglicana, y su más que agitada vida sentimental. Aunque el primero es en buena parte consecuencia del segundo. Hoy voy a hacer una semblanza de las esposas del rey.
La primera esposa de Enrique fué la española Catalina de Aragón, hija de los reyes Católicos. Sus padres la habían prometido siendo una niña con el heredero al trono inglés, Arturo, y el matrimonio se celebró cuando ambos tenían quince años. Pero Arturo era bastante debilucho y murió apenas seis meses después de la boda, con lo que ambas familias pactaron que Catalina se casaría con el hermano menor de Arturo, Enrique, cuando alcanzara la edad adecuada (por entonces tenía sólo diez años). Para ello hubo de pedir una dispensa papal, ya que, al haber estado casada con su hermano, legalmente Catalina era pariente suya...
La boda entre ambos se celebró en junio de 1509, dos meses después de la muerte de Enrique VII y de que Enrique hubiera subido al trono. Catalina, todo hay que decirlo, fué una excelente reina: inteligente, muy culta, con un carácter fuerte y decidido (en alguna ocasión llegó a pasar revista a caballo a las tropas) y muy atractiva (tenía los ojos azules, el pelo rubio y la piel blanca). Y Enrique, al parecer, se casó enamorado. Pero su gran obsesión era tener un heredero varón, que confirmase a su todavía joven dinastía, los Tudor, en el trono (al que habían accedido después de que su padre, Enrique VII, derrotase en 1485 al hasta entonces rey Ricardo III). Y Catalina fué incapaz de darle el heredero. De los siete embarazos que tuvo, sólo una niña, María (que luego reinaría como María I Tudor) llegó a la edad adulta. Enrique empezó a desesperarse. Y entonces entró en escena Ana Bolena.
Ana Bolena era una de las varias "amantes oficiales" que tenía el rey (además de innumerables relaciones ocasionales) y su propia hermana, María Bolena, la había precedido en tal "cargo" (llegó a tener dos hijos ilegítimos del monarca, Enrique y Catalina Carey). Atractiva, sensual y ambiciosa, volvió loco de pasión a Enrique y lo convenció de que ella sí podía darle el ansiado heredero. Así que Enrique VIII pidió al papa Clemente VII que anulara la validez de la bula papal que había validado su matrimonio con Catalina, para así poder declarar dicho matrimonio no válido y poder casarse con Ana. Pero a ello se opuso rotundamente el rey español, Carlos V, sobrino carnal de Catalina y católico ferviente, que veía la petición de Enrique no sólo como una burla a las leyes de la Iglesia, sino también como una ofensa directa a su familia. Y Clemente VII, considerando los argumentos de ambos, consideró que Carlos V tenía más soldados y más cerca de Roma, por lo que denegó la petición de Enrique. Éste, enfurecido y poco acostumbrado a que le llevaran la contraria, se declaró independiente de Roma, abrazó el protestantismo y se declaró cabeza de la Iglesia de Inglaterra (lo que le costó, evidentemente, la excomunión). Y así, se casó con Ana en enero de 1533 (aunque no anuló oficialmente su matrimonio con Catalina, que había sido confinada en un castillo, hasta mayo de ese año).
A Ana Bolena también se la conoce como "Ana de los mil días", porque esa fué mas o menos la duración de su reinado. También ella fué incapaz de darle el deseado heredero, y sólo le dió una hija, Isabel (la famosa Isabel I de Inglaterra, la reina virgen). El rey acabó por hartarse de ella, y en mayo de 1536, Ana fué arrestada y recluida en la Torre de Londres, acusada de adulterio, incesto y alta traición. Declarada culpable, fué decapitada (igual que su hermano George y varios de sus supuestos amantes) el 19 de mayo. Pocos días después, el rey, que no había tomado parte de ninguna manera en su proceso, se casaba con su amante Jane Seymour.
Con Jane, el rey tuvo, por fin, su heredero: Eduardo, nacido un año después de su matrimonio y que a la muerte de su padre reinaría brevemente como Eduardo VI (antes de morir de tuberculosis con apenas 16 años). Sin embargo, Jane tuvo una serie de complicaciones en el parto y murió dos semanas después a consecuencia de una infección.
El rey tenía su ansiado heredero y, tras la muerte de Jane, había vuelto al estado de "soltero retozón". Y empezó a pensar en contraer un nuevo matrimonio. Su primer ministro, Thomas Cromwell, le sugirió aprovecharlo para establecer una alianza, ahora que se había quedado huérfano de aliados. Él mismo se encargó de buscar a la novia adecuada, y al final las candidatas quedaron reducidas a las hermanas Ana y Amelia de Cleves, hermanas del duque Wilhelm de Jülich-Cleves-Berg, uno de los nobles protestantes más poderosos e influyentes de Alemania. Finalmente, fué Ana de Cleves la escogida.
Como era costumbre en matrimonios concertados, ambos pretendientes se intercambiaron retratos y el rey dió el visto bueno a su prometida. Pero cuando ésta llegó a Inglaterra en enero de 1540, Enrique se llevó una desagradable sorpresa. Holbein el joven, el autor del retrato de Ana, era un artista muy generoso con sus modelos y derrochaba imaginación en sus obras. Digámoslo claramente: nadie protestaría si fuera declarado santo patrón del Photoshop. Ana De Cleves no era exactamente la hermosa joven del retrato: era una mujer alta, corpulenta, hombruna y con la cara marcada por las cicatrices de la viruela. El propio rey la llamó "la yegua de Flandes" y trató de buscar alguna salida para anular el compromiso, sin éxito; se vió obligado a casarse con ella el 6 de enero. El rey accedió para no poner en peligro la alianza con los alemanes, pero no quiso ni consumar el matrimonio ni tener más contacto con ella. En julio de ese mismo 1540, harto de la situación, pidió a Ana su consentimiento para anular el matrimonio, a lo que ella accedió. El rey, muy contento de que todo se resolviese de manera tan sencilla, la colmó de atenciones, le concedió numerosas propiedades, la llamaba su querida hermana y la invitaba a menudo a la corte. Llegó a declarar su precedencia entre todas las mujeres de Inglaterra, salvo su mujer e hijas. En resumidas cuentas, el equivalente de la época al "Te quiero, pero sólo como amiga" de hoy. Ah, y aunque Ana se libró del hacha del verdugo, no así Cromwell, ejecutado poco después de la disolución del matrimonio.
Después de Ana, Enrique no tardó ni un mes en volver a casarse, en esta ocasión con Catalina Howard. Catalina, que era apenas una adolescente, era dama de compañía de Ana De Cleves cuando el rey la conoció y se encaprichó de ella. Tras un par de meses como amantes, la convirtió en su nueva reina. El rey estaba entusiasmado con su nueva reina; pero el sentimiento no era precisamente mutuo. Catalina era una joven hermosa y vivaracha y aquel marido, por muy rey que fuera, era un cincuentón obeso y enfermo de sífilis. Así que no tardó en encontrar consuelo en los brazos de Thomas Culpeper, uno de los caballeros de confianza del rey, quien era un mozo guapo y varonil. Pero la relación no tardó en llegar a oídos del rey, que se enfureció en extremo. y más aún cuando supo que Catalina no era la joven virtuosa e inocente que el creía que era; antes de llegar a la corte, ya había tenido un par de amantes, un profesor de música y un tal Francis Dereham, al que ella había nombrado secretario suyo. Presa de un imponente enfado, el rey hizo arrestar y ejecutar no sólo a Catalina y a Culpeper, sino también a Dereham y a lady Rochford (viuda del también ejecutado George Bolena) como encubridora de los amantes. Catalina fué reina de julio de 1540 hasta febrero de 1542.
Después de todos estos avatares, increíblemente al rey todavía le quedaban ganas de matrimonio. Su sexta esposa fué, aparentemente, otro capricho suyo: Catalina Parr, una atractiva y rica aristócrata, viuda dos veces, y que por entonces, al parecer, era la amante de Thomas Seymour, hermano de la tercera esposa de Enrique. Al parecer Catalina accedió al matrimonio por imposición y no por gusto. Sin embargo, su fuerte carácter le permitió tener cierta influencia sobre el rey y le indujo a reconciliarse con sus dos hijas, María e Isabel. El matrimonio se celebró el 12 de julio de 1543 y duró hasta el 28 de enero de 1547, cuando Enrique murió otorgando así a Catalina el gran honor (y el gran alivio) de convertirse en Reina Viuda de Inglaterra... aunque la viudez no le duró mucho: antes de seis meses ya se había casado con Thomas Seymour.

sábado, 2 de junio de 2012

La espada de Aurangzeb

Abú Muzaffar Muhiuddin Muhammad Aurangzeb Alamgir (1618-1707), emperador mogol de 1658 a 1707

El imperio mogol fué un estado islámico establecido en el norte de la India a principios del siglo XVI, regido por una dinastía de origen persa descendiente del mítico Tamerlán (o Timur Lang, para ser más correctos). En su época de mayor esplendor llegó a dominar la mayor parte del subcontinente indio, así como la mayor parte de lo que hoy son Afganistán, Pakistán, Bangladesh, Nepal, Bután e incluso parte de Irán. Y Abú Muzaffar Muhiuddin Muhammad Aurangzeb Alamgir (1618-1707) fué su sexto emperador.
Aurangzeb (llamémoslo a partir de ahora así, ya que hay confianza) era hijo de Shah Jahan, el constructor del archiconocido Taj Mahal. A diferencia de sus antecesores, Aurangzeb era un musulmán estricto y bastante fanático. Además era muy ambicioso y belicoso y, siendo el tercero en la línea sucesoria, no reparó en los medios necesarios para llegar al trono: recluyó a su padre en prisión los últimos años de su vida e hizo ejecutar a dos de sus tres hermanos (el tercero, por lo visto, era el que más corría).
Lo cierto es que Aurangzeb pasó la mayor parte de su casi medio siglo de reinado guerreando. Combatió por todas sus fronteras para aumentar sus posesiones, a costa de dejar un imperio exhausto y dividido que poco después entraría en decadencia y sería derrotado por los iraníes, y que acabaría cayendo bajo el dominio británico a mediados del siglo XIX. Y el amigo Aurangzeb tampoco se caracterizó por su tolerancia: llevado por su fanatismo, destruyó numerosos templos de otras religiones, fundamentalmente hinduistas, y forzó conversiones en masa. Vamos, que la imagen con la que ha pasado a la posteridad no es demasiado positiva.
Damos ahora un salto en el tiempo hasta finales del siglo XIX. En 1875 se fundó la Universidad de Aligarh, a unos 150 kilómetros de Nueva Delhi, gracias al empeño de un político, educador y filántropo llamado sir Syed Ahmed Khan. La Universidad, conocida como "el Oxford del Este", es una de las instituciones educativas más prestigiosas de la India, surgió como un proyecto para educar a los musulmanes de la India tras las revueltas de 1857, y acabó siendo uno de los centros donde germinaron los movimientos independentistas de la India y Pakistán contra el imperio británico. Posee la considerada la segunda mayor biblioteca de Asia, con cerca de millón y medio de libros y miles de manuscritos, muchos de ellos verdaderamente extraordinarios, como un ejemplar del Corán datado en torno al siglo VII. Y eso, dentro de lo conocido, porque en sus distintas dependencias hay numerosos documentos y objetos sin catalogar, la mayor parte de ellos procedentes de donaciones que jamás fueron registradas, con lo que no se sabe muy bien lo que puede haber en ellos. Precisamente, hace algo más de un año, Ata Kurshid, el jefe de la división de manuscritos de la universidad, se hallaba revisando algunos de estos objetos no clasificados cuando decidió abrir un armario metálico con todo el aspecto de no haber sido abierto en décadas. Imaginaos su sorpresa cuando en su interior halló, entre otros objetos (como un set de escritura en zafiro que había sido propiedad del rey afgano Nadir Shah) una espada, que resultó ser, ni más ni menos que la mismísima espada de Aurangzeb. La espada, de acero con incrustaciones de oro y empuñadura dorada, está en perfecto estado... salvo por la ausencia de los cinco hermosos diamantes que lucía su empuñadura y de los que no hay ni rastro. Los propios dirigentes de la universidad reconocen que la escasez de fondos les impide revisar sus fondos con la minuciosidad que querrían, y ni ellos mismos se aventuran a decir qué tesoros quedan por descubrir aún en sus almacenes.

jueves, 24 de mayo de 2012

¡Demasiados emperadores en el Imperio Romano!

                         Constantino I el Grande (272-337)

Ya he hablado alguna vez en este blog de Diocleciano (244-311), el que posiblemente fué el último gran emperador romano. Llegó al poder en 284 tras un periodo de anarquía en el que se sucedieron hasta quince emperadores en apenas cincuenta años.
Diocleciano encontró a su llegada un imperio en absoluta decadencia, en crisis política y económica, corrupto, empobrecido y desangrado por las luchas intestinas por el poder. Por ello, llevó a cabo una serie de profundas reformas económicas, políticas y sucesorias. La más conocida de ellas fué dividir al Imperio en dos: el Imperio Romano de Oriente, con capital en Nicomedia; y el Imperio Romano de Occidente, con capital en Milan. Se reservó para él el trono del Imperio de Oriente y nombró emperador de Occidente a un general de su confianza, llamado Maximiano, y estableció una especie de tutela o supervisión del Imperio de Oriente sobre el de Occidente.
Y para evitar las guerras civiles y los enfrentamientos internos por el poder quiso aclarar el asunto sucesorio de una vez por todas. Decidió que cada uno de los emperadores, con el título de Augusto, elegiría un sucesor o segundo al mando con el título, más modesto, de César. Después de veinte años de reinado, el emperador abdicaría de su cargo y se retiraría, pasando el César a ser Augusto y eligiendo a un nuevo César en el que posteriormente delegar el cargo. Y así sucesivamente. Creyó que de este modo acabarían las disputas sucesorias y el traspaso de poder se haría de manera pacífica.
Ingenuo.
Al principio todo salió bien. Diocleciano y Maximiano abdicaron el 1 de mayo de 305 en sus respectivos césares, Constancio Cloro en Occidente y Galerio en Oriente, y se retiraron a la vida privada. El problema surgió cuando, en julio de 306, Constancio Cloro enfermó y murió en Eburacum (actual York) durante una campaña contra los pictos. Sus soldados aclamaron entonces emperador a su hijo, Constantino, pero éste, modesto él, prefirió el título de César, nombramiento que Galerio aceptó de mala gana. Claro que había problemas más urgentes:  teóricamente, ahora el trono correspondía al césar de Constancio, Severo II; pero en Roma, el hijo de Maximiano, Majencio (que además era yerno de Galerio), se autoproclamó Augusto y reclamó el trono. Como no las tenía todas consigo, reclamó la ayuda de su padre, que volvió del retiro y reasumió el cargo del que había abdicado. Entonces, Constantino debió pensar que si todo el mundo se proclamaba emperador, él no iba a ser menos; se proclamó Augusto y reclamó el trono. Con lo cual tenemos ya a cuatro Augustos en disputa, más Galerio en Oriente.
El primero en caer fué Severo. Trató de combatir a Majencio y Maximiano pero buena parte de sus tropas seguían siendo leales al antiguo emperador y le traicionaron. Obligado a huir, negoció con Majencio su renuncia a sus derechos a cambio de salvar la vida, pero Majencio le traicionó y le hizo asesinar en septiembre de 307.
No se notó mucho su falta, porque en noviembre de 308, Galerio proclamó Augusto a Licinio, general e íntimo amigo suyo, para que tratara de pacificar, al menos en parte, el Imperio. Poco antes, el gobernador de África y Cerdeña, Domicio Alejandro, también se había proclamado Augusto, con lo que ya tenemos a cinco Augustos pululando por el Imperio (de Occidente).
La alianza entre Maximiano y Majencio se rompió y Maximiano se vió obligado a huir y ponerse bajo la protección de Constantino en 309, pero al año siguiente se rebeló contra él. Sin apenas apoyos, fué capturado en Massilia (Marsella) y acabó suicidándose en julio de 310. Mas o menos a la vez, Maximino Daya, césar de Galerio, pensó que podía sacar partido de la confusión y también se nombró Augusto (qué originalidad...).
Recapitulemos: tenemos a Majencio, Constantino y Licinio en Occidente, a Galerio y Maximino II Daya en Oriente y a Domicio Alejandro correteando por África. Éste último trató de aliarse con Constantino, pero Majencio envió tropas a África, que derrotaron, capturaron y ejecutaron a Domicio en 311. En mayo de ese año murió de enfermedad Galerio, y el territorio que él controlaba se lo repartieron entre Maximino y Licinio.
En la primavera de 312, Constantino entró en Italia buscando a Majencio. Ambos ejércitos se enfrentaron al norte de Roma el 28 de octubre de 312. La victoria de Constantino fué total y Majencio se ahogó tratndo de huir.
Las cosas tampoco estaban tranquilas en Oriente. Maximino II había tratado de aliarse con Majencio, lo que enfadó sobremanera a Licinio. Las tropas de Licinio derrotaron a las de Maximino, que, forzado a huir, se refugió en Tarso, donde murió (seguramente envenenado) en agosto de 313.
Uno tras otro, todos aquellos emperadores habían ido cayendo hasta que sólo habían quedado dos: Constantino en Occidente y Licinio en Oriente. Y aún entonces, a ambos supervivientes les parecían demasiados. Firmaron una tregua en el 314, que ninguno de los dos confiaba que durase. Así que no tardaron en andar a la gresca. Licinio se sacó de la manga en 316 a un nuevo coemperador, un tal Valerio Valente, al que pomposamente nombró (sólo de palabra) emperador de Occidente. Pero en 317 Constantino derrotó a Licinio y le impuso una nueva tregua y, como parte del trato, le obligó a ejecutar a Valente.
En 324 se reanudaron las hostilidades. Constantino atacó a Licinio, a quien para vengarse no se le ocurrió nada mejor que volver a nombrar por su cuenta un emperador de Occidente, un tal Martiniano. Esta vez, Constantino derrotó definitivamente a sus rivales en Crisópolis (norte de la actual Turquía) y tras capturarlos, los confinó, a Licinio en Tesalónica y a Martiniano en Capadocia. Pero pasados unos meses, cambió de opinión y los hizo ejecutar.
Quedó así Constantino I el Grande dueño y señor de todo el Imperio romano. Ambos imperios continuarían uniéndose y separándose por breves períodos, hasta su separación definitiva a finales del siglo IV.
Y como curiosidad, en este batiburrillo donde todo el mundo se autoproclamaba Augusto con una pasmosa facilidad, hubo alguien que no lo quiso. En los primeros tiempos de conflicto, Diocleciano trató de mediar entre los distintos bandos, infructuosamente. En cierta ocasión, el pueblo le aclamó y le pidió que volviera al trono para acabar con la incertidumbre y restablecer la paz. Y él respondió, tranquilamente, que tal cosa sólo podía proponérsela alguien que no había visto lo hermosas que crecían las coles en el huerto de su palacio, que él mismo cuidaba. Y se volvió a su retiro en Spalato (actual Split, en Croacia), donde permaneció hasta su muerte en 311.
Recapitulemos para quienes se hayan perdido durante mi narración:

- Diocleciano (284-305)
- Maximiano (286-305; 306-308; 310)
- Constancio Cloro (305-306)
- Galerio (305-311)
- Severo II (306-307)
- Majencio (306-312)
- Constantino I (306-337)
- Licinio (308-324)
- Domicio Alejandro (308-311)
- Maximino II Daya (309-313)
- Valerio Valente (316-317)
- Martiniano (324)

martes, 15 de mayo de 2012

El Konkordski

                                       El Concorde


                   Y su "pariente" soviético, el Tu-144


El 14 de octubre de 1947, el piloto norteamericano Charles "Chuck" Yeager se convertía en el primer hombre en romper la barrera del sonido, a los mandos de un Bell X-1. Pero la tecnología que había hecho posible la hazaña era muy costosa y parecía destinada a quedar reducida al ámbito militar. Sin embargo, empezaron a surgir diversos proyectos para construir un avión comercial supersónico.
El más popular fué el Concorde.Un proyecto original de la empresa aeronáutica británica British Aircraft al que más tarde, a principios de los 60, se unió la Aérospatiale francesa (por aquello de compartir gastos). Cuando el presidente soviético, Nikita Kruschev, supo del proyecto, se entusiasmó con la idea de que la URSS construyera su propio avión comercial supersónico, a poder ser antes que el proyecto anglofrancés: no sólo sería un éxito de la tecnología rusa, sino también una gran victoria propagandística.
El proyecto ruso, conocido oficialmente como Tupolev TU-144, fué presentado en 1965 en el salón aeronáutico de Le Bourget (París), donde unos años antes había sido presentado también el proyecto del Concorde. A todo el mundo le llamó inmediatamente la atención el enorme parecido entre ambos proyectos; parecía como si ambos equipos hubieran aplicado las mismas ideas a sus diseños. Nunca se confirmó ni se hizo declaración oficial alguna, pero todos dieron por supuesto que el espionaje soviético había logrado hacerse con los planos del proyecto anglofrancés y se los había entregado a los ingenieros rusos, quienes se habían basado en ellos para su diseño. Tan evidente resultaba el parecido, que el proyecto ruso empezó a ser conocido jocosamente en occidente con el apodo de Konkordski.
Trabajando a marchas forzadas, el Tu-144 logró adelantarse al Concorde: su primer vuelo de prueba tuvo lugar el 31 de diciembre de 1968, adelantándose al primer vuelo del Concorde en tres meses (que lo hizo el 2 de marzo del 69). También logró ser el primer avión comercial en superar el Mach-1 y el Mach-2. Y ahí terminaba su ventaja. Si bien el Tupolev era mayor y más rápido que el Concorde, éste tenía mayor autonomía de vuelo y menor consumo. Y era más fiable. El 3 de junio de 1973, durante una exhibición conjunta con el Concorde en el aeródromo francés de Le Bourget, como colofón al Salón Aeronáutico de aquel año, un Tu-144 perdía el control, cayendo en picado hasta estallar a unos 1500 pies de altura y estrellarse cerca del pueblo de Goussainville. Murió toda la tripulación (doce personas).
Diversas hipótesis se barajaron: un error del piloto (que fué la versión oficial), un error de diseño, un fallo humano al tratar de imitar alguna de las maniobras del Concorde (más maniobrable), un sabotaje o incluso una brusca maniobra para tratar de esquivar a un caza Mirage francés que estaría en las cercanías vigilando las evoluciones del avión soviético.
Sea como fuere, el Konkordski no volvió a volar hasta 1975, y sólo dentro de las fronteras de la URSS. No fué hasta noviembre de 1977 cuando comenzaron los primeros vuelos comerciales, uniendo Moscú y la capital kazaja Alma Ata (a todo esto, el Concorde llevaba operativo desde enero del 76). El 23 de mayo de 1978 otro Tu-144 sufrió un nuevo accidente: una fuga de combustible provocó el incendio de dos de los motores y un aterrizaje de emergencia en el que murieron dos de los tripulantes. Ante la poca fiabilidad y su elevado coste, que hacía inviable su rentabilidad, las autoridades decidieron poner fin a sus vuelos comerciales (tras sólo 103 vuelos), aunque la compañía aérea Aeroflot estableció en 1979 una línea utilizando una nueva versión para el transporte de cargas, el Tu-144D, pero sólo se mantuvo unos meses. Durante los 80 se sabe que tuvieron lugar algunos vuelos no regulares, el último en 1987. Entre 1996 y 1999, un modelo modificado (designado Tu-144LL) realizó una serie de experimentos atmosféricos en colaboración con la NASA.
En total se construyeron 17 unidades de las distintas versiones del Konkordski. Dos resultaron destruidas en sendos accidentes, seis fueron desguazados y otros cinco se encuentran en distintos museos de Rusia y Alemania. Los cuatro restantes se conservan, dos en las instalaciones de Tupolev en el aeródromo de Zhukovsky (cerca de Moscú) y otros dos en la fábrica de aviones de VASO en Voronezh.

El accidente del Tu-144 en París (3 de junio de 1973)
Si alguien tiene curiosidad por conocer con más detalle la historia y características de este avión, que no deje de visitar http://www.tu144sst.com/indexsp.html

sábado, 12 de mayo de 2012

As Encrobas

Central térmica de Meirama


La historia de una de las más recordadas revueltas populares del postfranquismo tuvo su inicio a finales de los años 60, cuando un estudio geológico detectaba un enorme yacimiento de carbón en el subsuelo de la parroquia de As Encrobas, en el municipio coruñés de Cerceda. Dado la crónica dependencia energética española de las importaciones de combustibles fósiles, el hallazgo interesó sobremanera a las autoridades y en 1972 un consejo de ministros presidido por el general Franco decretaba al yacimiento como "de interés público" y concedió a la empresa eléctrica Unión Fenosa los derechos de explotación del yacimiento. De inmediato, la empresa, a través de su filial Limeisa (Lignitos de Meirama S.A.) comienza a proyectar  la explotación del yacimiento y la construcción de una central térmica en las cercanías (el yacimiento era de lignito pardo, un tipo de carbón poco energético, con lo que para su mejor aprovechamiento se debía reducir en lo posible la distancia entre la mina y la central). El problema era que sobre el yacimiento estaba la parroquia de As Encrobas: varios núcleos de población, doscientas cincuenta casas en las que vivían más de un millar de personas, además de numerosas fincas agrícolas.
A los habitantes de As Encrobas no les hacía ninguna gracia tener que trasladarse, dejando atrás sus hogares y las tierras que durante generaciones habían pertenecido a sus familias. Y les gustó menos todavía cuando el enviado de Unión Fenosa les expuso, con insultante prepotencia, la oferta de la compañía: diez mil pesetas el ferrado, apenas 15'72 pesetas el metro cuadrado, una oferta ridículamente baja. Advirtiéndoles, además, de muy malos modos, que no habría negociación: aquellos que no aceptasen la oferta verían sus propiedades expropiadas.
Tamaña injusticia no dejó indiferentes a los habitantes de As Encrobas. Enseguida comenzaron las reuniones, los encuentros, siempre con un objetivo claro: impedir a toda costa que les arrebatasen de aquella manera lo que era suyo. Entre los aldeanos surgen pronto los primeros liderazgos: hombres como Bestilleiro, Costiñán, Manolo do Pumariño... Hombres de campo, que habían trabajado toda su vida aquellas tierras que ahora querían quitarles. Y delante de todos, el auténtico cabecilla de los sublevados: el párroco de las parroquias de Sésamo y Sueiro, Ramón Valcarce Vega, que pasaría a la historia con el apodo de o cura das Encrobas. No era un sacerdote al uso: de reconocidas simpatías izquierdistas, colaboraba con el Partido Comunista y con el sindicato Comisións Labregas (ambos ilegales), que apoyó decididamente a los sublevados.
La intención de los habitantes de As Encrobas estaba clara: impedir de cualquier manera que los enviados de Unión Fenosa, custodiados por la Guardia Civil, pusieran un sólo pie en sus propiedades. No era solo un acto simbólico: la ley decía claramente que solo se podía tomar posesión de unos terrenos expropiados después de hacer acto de presencia en ellos. Y cada vez que lo intentaban, allí aparecían docenas de aldeanos, armados con palos, aperos de labranza o paraguas, enfrentándose a los guardias civiles armados e impidiéndoles el paso.
El conflicto se prolongó semanas. En toda Galicia se extendió un movimiento de solidaridad con los campesinos de As Encrobas, incluso medios extranjeros se desplazaron al lugar para informar. Ante la enorme presión social, Unión Fenosa se vió obligada a cambiar de estrategia y sentarse a negociar: el precio original se multiplicó y en algunos casos llegó a pagar 550 pesetas por m2. Además, costeó el traslado de algunos edificios emblemáticos, como la iglesia y garantizó empleo para los habitantes desplazados. Aún así, hubo un grupo de lugareños que no aceptó vender y acabó siendo detenido en un último enfrentamiento con la Guardia Civil.
La central térmica de Meirama comenzó a funcionar a finales de 1980. El yacimiento de As Encrobas se agotó a finales de 2007, y la central fué reformada para funcionar con un nuevo tipo de carbón, hulla bituminosa y subbituminosa, que se importa por vía marítima (procedente de yacimientos, entre otros, estadounidenses e indonesios) y se traslada hasta la central por tren. Una industria que, como dijo uno de los afectados años después, trajo mucha riqueza, pero se llevó toda la que había.

sábado, 5 de mayo de 2012

¿Para qué sirve el latín?

José Solís Ruiz (1915-1990) fué un político que tuvo una destacada actuación durante la dictadura franquista, bajo la cual llegó a ser Ministro Secretario del Movimiento (1957-1969) y de Trabajo (1975-76), ya tras la muerte de Franco.
En cierta ocasión propuso a las Cortes franquistas un proyecto de reforma educativa en el que, entre otros cambios, se aumentaban las horas dedicadas al Deporte y a la Educación Física, en detrimento de las dedicadas al Griego, al Latín y las Humanidades. Y terminó su exposición diciendo: Porque, en definitiva, ¿para qué sirve el Latín hoy en día?
A lo cual inmediatamente respondió uno de los procuradores, Adolfo Muñoz Alonso, doctor en Teología y Filosofía y rector de la Universidad Complutense. Muñoz Alonso, sabedor de que Solís Ruiz era natural de la localidad cordobesa de Cabra (la Egabro romana y la Qabra musulmana), le replicó: Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, se le llame egabrense y no otra cosa.                                                         

jueves, 3 de mayo de 2012

El misterioso Godzillus

                                             Godzillus


Muchas preguntas se ciernen en torno al fósil denominado Godzillus. Y la principal es... ¿qué demonios es?
Todo empezó en la primavera de 2011. Ron Fine, un buscador de fósiles perteneciente a los Dry Dredgers, una asociación de paleontólogos aficionados que colabora con la Universidad de Cincinnati, buscaba fósiles en una región del estado norteamericano de Kentucky famosa por su abundancia en estos restos cuando encontró eso.
La mayoría de los fósiles que se encuentran en la zona son de pequeño tamaño, pero aquel en concreto era enorme. Fine realizó una docena de expediciones al lugar hasta que logró extraerlo completamente: midió en total unos dos metros de largo por uno de ancho, con un peso de cerca de 70 kilos. Su forma es elíptica, con numerosos lóbulos cubiertos de pequeñas ondulaciones. El propio Fine, sin ser un experto, si posee un notable conocimientos de los fósiles, y enseguida se dió cuenta de que nunca había visto nada ni remotamente parecido a aquello.
Los científicos de la Universidad de Cincinnati (donde se guarda el especimen en la actualidad) quedaron igualmente perplejos cuando lo vieron. Indudablemente confirmaron que se trataba de algo de origen orgánico, pero nada más. Ni siquiera pudieron determinar con seguridad si se trataba de un animal o un vegetal. Por eso le pusieron ese nombre, haciendo referencia al monstruo clásico del cine japonés: Godzillus.
Se sabe que el fósil tiene unos 450 millones de años de antigüedad, y que en esa época la región donde fué encontrado estaba cubierta por un océano de aguas poco profundas. Expertos de todo el mundo que han podido echarle un vistazo se hallan igualmente desconcertados. Ninguno ha podido establecer un paralelismo con ningún otro organismo conocido anterior o posterior a él. Hace apenas unos días, la Universidad organizó una reunión de la Sociedad Norteamericana de Geología, para que sus miembros pudieran examinar los restos, sin resultado.
Por supuesto, hay muchas hipótesis, que van desde que se trate de un cnidario (del mismo grupo que las medusas) a un tapete microbiano (un agregado de múltiples capas de microorganismos), pasando por alguna clase de alga desconocida. Quizá la teoría más interesante es la que dice que puede tratarse de una colonia microbiana deformada en el proceso de fosilización, con lo que habría llegado hasta nosotros con una forma totalmente diferente a la que tenía en origen. O incluso que pudiera tratarse de restos de un coral cubiertos por esponjas o briozoos.