Verba volant, scripta manent

sábado, 14 de febrero de 2015

Cuando un partido presentó tres candidatos a presidente: las elecciones presidenciales norteamericanas de 1836

Al terminar su segundo mandato, que concluía en 1837, el presidente norteamericano Andrew Jackson decidió no presentarse a la reelección y retirarse de la política. Por aquel entonces no existía el límite de dos mandatos para los presidentes de los EEUU, que se establecería en 1947 al aprobarse la 22ª Enmienda, pero nadie había optado a una tercera presidencia. Como candidato de su partido, el Demócrata, a las elecciones presidenciales que se iban a celebrar a finales de 1836, Jackson apoyó al que había sido su vicepresidente durante su segundo mandato, Martin van Buren, quien fue elegido candidato por unanimidad durante la Convención Nacional Demócrata de 1835.

Andrew Jackson (1767-1845)
Frente a los demócratas, el único partido con suficiente poder como para disputarles la victoria era el Partido Whig, creado apenas un par de años antes, a finales de 1833. Los whig tomaban su nombre no del Partido Whig británico, sino de los American Whigs, nombre utilizado por algunos de los colonos que se rebelaron en 1776 contra el gobierno del rey Jorge III. El Partido Whig, de carácter conservador, liberal y proteccionista, estaba formado por un heterogéneo grupo de políticos de muy diversas procedencias: miembros del Partido Nacional Republicano y del Partido Anti-Masónico, veteranos del desaparecido Partido Federalista, independientes, antiguos demócratas... Pero todos tenían en común su oposición rotunda a las políticas del presidente Jackson, al que acusaban de autoritario, reaccionario y opuesto al progreso, y al que se referían burlonamente como "el rey Andrew".
El reto al que se enfrentaban los whig en las elecciones de 1836 era considerable. Eran un partido todavía demasiado joven y heterogéneo como para presentar un liderazgo claro. Aunque tenían nombres de peso entre sus filas, como el ex-presidente (1825-29) John Quincy Adams o el senador por Kentucky Henry Clay, carecían de un candidato lo suficientemente popular y con los suficientes apoyos para presentarlo a la presidencia. En el bando contrario tenían a van Buren, conocido, con experiencia y con el apoyo unánime y sin fisuras del poderoso Partido Demócrata. Ante las pocas expectativas de victoria, los líderes del Partido Whig diseñaron una estrategia insólita para hacerse con la presidencia: en lugar de un único candidato, presentarían a tres.

Martin van Buren (1782-1862)
Antes de seguir, un pequeño inciso acerca del sistema electoral norteamericano. La elección del presidente de los EEUU se hace de manera indirecta. Los votos de los ciudadanos sirven para elegir una serie de "electores" que forman el llamado Colegio Electoral, una asamblea que es la que elige al presidente. Aunque en teoría los electores (un total de 538 en la actualidad) son libres de votar al candidato que quieran, en la práctica cada lista de electores vota al candidato de su partido. Cada uno de los estados tiene asignado por ley un número de electores, que son concedidos a la lista más votada, aunque lo haya sido por un sólo voto: no hay medalla de plata, el ganador se lo lleva todo.
La estrategia de los whig era ingeniosa. En lugar de buscar a un candidato que tuviese aceptación en todo el país, elegirían a tres candidatos para presentarlos en aquellas regiones donde eran más populares, con la esperanza de que entre los tres lograran arrebatarle los suficientes votos a van Buren para formar una mayoría sumando todos sus electores. Y luego, bastaba con elegir un candidato de consenso entre los whig para hacerse con la presidencia.
Los tres candidatos que presentó el Partido Whig fueron William Henry Harrison, antiguo senador y parlamentario por Ohio y ex-gobernador de Indiana; Hugh Lawson White, senador por el estado de Tennessee, que había abandonado el Partido Demócrata para unirse a los whig tras rechazar públicamente las políticas del presidente Jackson; y Daniel Webster, senador por el estado de Massachusetts. Harrison se presentó en los estados del Norte y el Oeste: Maine, New Hampshire, Vermont, Rhode Island, Connecticut, Nueva York, Nueva Jersey, Pennsylvania, Ohio, Michigan, Indiana, Illinois, Delaware, Maryland y Kentucky. White, por su parte, se presentó en los estados del Sur: Virginia, Arkansas, Tennessee, Carolina del Norte, Georgia, Mississippi, Missouri, Alabama y Louisiana, mientras que Webster se limitó a presentarse en su estado originario, Massachusetts. Y por si no fuera suficientemente complicado, estaba el caso de Carolina del Sur. En Carolina del Sur no había elecciones presidenciales; los 11 electores que tenía asignados eran nombrados directamente por el gobierno estatal (un sistema que perduró hasta 1865). Y el parlamento del estado, pese a ser un gobierno demócrata, otorgó sus electores a un candidato whig... pero no a alguno de los tres presentados oficialmente, sino a Willie Person Mangum, senador por aquel estado.

De izquierda a derecha, William Henry Harrison (1773-1841), Hugh Lawson White (1773-1840), Daniel Webster (1782-1852) y Willie Person Mangum (1792-1861)
Pero finalmente aquella estrategia no dio resultado: tras las votaciones, celebradas en un periodo que fue del 3 de noviembre al 7 de diciembre de 1836, Martin van Buren obtuvo una holgada mayoría de 170 electores frente a 124, aunque en el cómputo de votos totales la diferencia fue bastante más ajustada: 764000 votos para el demócrata frente a 738000 de los candidatos whigs. De este modo, van Buren se convertía en el octavo presidente de los EEUU y en el primero nacido después de la independencia.
Estos son los 26 estados que entonces formaban los Estados Unidos (además del Distrito de Columbia, donde se encuentra la capital Washington DC y que no eligió electores hasta 1961) y los candidatos que ganaron en cada uno:

Martin van Buren
Estado                   Votos electorales
Alabama                7
Arkansas               3
Carolina del Norte  15
Connecticut            8
Illinois                    5
Louisiana                5
Maine                    10
Michigan                3
Mississippi             4
Missouri                 4
New Hampshire      7
Nueva York            42
Pennsylvania         30
Rhode Island          4
Virginia                  23

William Henry Harrison
Delaware                3
Indiana                   9
Kentucky               15
Maryland                10
Nueva Jersey          8
Ohio                       21
Vermont                 7

Hugh Lawson White
Georgia                  11
Tennessee             15

Daniel Webster
Massachusetts       14

Willie Person Mangum
Carolina del Sur       11


El mandato presidencial de van Buren estuvo lleno de incidentes y problemas. No sólo tuvo que afrontar el llamado Pánico de 1837, uno de las crisis económicas más duras que ha tenido que soportar EEUU, sino que además recibió durísimas críticas por su política económica, sus enfrentamientos con los partidarios de la esclavitud y por rechazar el ingreso de Texas como estado de la Unión. Cuando llegaron las elecciones de 1840, van Buren fue de nuevo el candidato demócrata, pero su popularidad estaba por los suelos. Los whigs, que habían aprendido la lección, presentaron en esta ocasión a un único candidato, en la figura de William Henry Harrison. La mala fama de van Buren y la campaña electoral de Harrison (considerada la primera campaña electoral moderna, con discursos y propaganda electoral tal y como hoy la conocemos), que en buena parte se basó en criticar y difamar a van Buren, consiguieron que Harrison saliese elegido por una aplastante mayoría (234 votos electorales contra 60)... aunque su presidencia fue fugaz. Van Buren no sería candidato a la presidencia en 1844, pero si en 1848, representando a dos pequeños partidos, los Barnburners (escisión neoyorkina de los demócratas) y el Free Soil Party. No consiguió ningún voto electoral, pero los más de 120000 votos que consiguió en Nueva York fueron decisivos para que el candidato demócrata, Lewis Cass, no venciera en aquel estado, lo que a la postre permitiría al candidato whig, Zachary Taylor, alzarse con la victoria.

sábado, 7 de febrero de 2015

La Segunda Guerra Mundial en suelo español: la Operación Postmaster



Durante el transcurso de la Segunda Guerra Mundial la actitud de las autoridades españolas fue variando según el desarrollo del conflicto, aunque mantuvo sus simpatías hacia los países del Eje. Si en el comienzo de la guerra su postura oficial era de neutralidad, no tardó mucho en declararse "no beligerante" (sin participar directamente en el conflicto, pero mostrando cierta afinidad por uno de los bandos) para luego volver a ser estrictamente neutral una vez el curso de los combates empezó a torcerse para las fuerzas del Eje y, hacia el final de la guerra, tuvo gestos de aproximación hacia los aliados (que le sirvieron de poco, pues la exclusión de España de las instituciones internacionales se mantendría durante años después de 1945). Incluso, en abril de 1945, el gobierno franquista rompió relaciones diplomáticas con Japón (y estuvo a punto de declararle la guerra) a raiz de la masacre de Manila (febrero del 45), en la que las tropas niponas asesinaron a decenas de miles de civiles, entre ellos varios cientos de españoles y numerosos filipinos con doble nacionalidad. Pero aunque no intervino directamente en los combates, España también jugó su papel: numerosos espías de ambos bandos pululaban por su territorio, prisioneros de guerra aliados huidos de los campos alemanes lograban ponerse a salvo cruzando a suelo español, hubo combatientes españoles en ambos bandos, mantuvo un importante intercambio comercial con las naciones en guerra, especialmente con el Eje (incluidas materias primas estratégicas, como el wolframio que la industria armamentística alemana requería en grandes cantidades), y no pocos combates entre barcos, aviones y submarinos de ambos bandos se libraron frente a sus costas, especialmente las atlánticas. Incluso fue escenario de alguna que otra operación de espionaje de gran importancia, como la célebre Operación Mincemeat. Pero solamente en una ocasión las acciones de guerra cruzaron la frontera para desarrollarse en territorio español. Una acción menor, de escasa relevancia, y cuyos protagonistas prefirieron mantener en el olvido durante décadas: la Operación Postmaster.

La isla de Fernando Poo, actualmente llamada Bioko, fue ocupada por los portugueses a finales del siglo XV, y se mantuvo bajo su dominio hasta que, merced a los tratados de San Ildefonso (1777) y del Pardo (1778), su soberanía, junto a la de las islas de Annobón y Corisco y de una franja de terreno en tierra firme conocida como Río Muni, pasó a manos de los españoles a cambio de la ciudad uruguaya de Colonia del Sacramento. En 1885, Río Muni se convirtió en protectorado, en 1900 pasó a ser colonia, y en 1926 las islas y el territorio continental se unificaron en una única colonia llamada Guinea Española, con capital en Santa Isabel (la actual Malabo), la mayor población de Fernando Poo y el principal puerto de la colonia.

Precisamente en el puerto de Santa Isabel se habían refugiado en 1940 tres buques del Eje, aprovechando su condición de territorio neutral. Se trataba del Duchessa d'Aosta, un vapor mixto de pasajeros y carga de la naviera italiana Lloyd-Triestino, de 7872 TRB; y dos pequeños buques auxiliares alemanes, el remolcador Likomba (199 TRB) y la gabarra Bibundi (100 TRB). En 1941, los británicos recibieron informes de que submarinos alemanes estaban utilizando estuarios de las colonias francesas africanas controladas por el gobierno títere de Vichy para reabastecerse de combustible. Para investigar la veracidad de tales datos, el Almirantazgo británico envió a la zona al Small Scale Raiding Force (SSRF), acompañado de agentes del Special Operations Executive (SOE), la organización encargada de llevar a cabo misiones de espionaje, reconocimiento y sabotaje.

El Duchessa d'Aosta
El SSRF era uno de los varios comandos de operaciones especiales que el ejército británico puso en funcionamiento durante la Segunda Guerra Mundial. Era una unidad relativamente pequeña, formada por apenas 55 soldados, bajo las órdenes del comandante Gustavus Henry "Gus" March-Phillips. Sus componentes de desplazaron a Sierra Leona a principios de agosto del 41, parte en un transporte convencional de tropas y parte a bordo de un yate llamado Maid Honor. Tras reunirse en Freetown, los agentes del SOE se dedicaron a recabar información sobre la presencia de buques del Eje en la región, mientras el SSRF exploraba sin llamar la atención las costas cercanas en busca de indicios de puntos de reabastecimiento de submarinos. Tras varios meses de trabajo, ni unos ni otros habían descubierto indicio alguno de los supuestos repostajes de submarinos alemanes, pero el SOE había descubierto la presencia de los tres buques en Santa Isabel.

Saltaba a la vista que aquellos buques no suponían una amenaza desde el punto de vista militar, pero si un incordio para las actividades británicas en la zona. El SOE sospechaba que podían ser utilizados eventualmente para suministrar combustible y víveres en alta mar a los U-boot alemanes. Asimismo, mantenían contacto por radio con las autoridades de sus países de origen, con lo que cabía la posibilidad de que informaran sobre los movimientos de barcos británicos en el golfo de Guinea o de la partida y llegada de convoyes a sus colonias. Además, el capitán del Duchessa d'Aosta sólo había declarado a las autoridades portuarias una parte de su carga (lana, cueros, productos para el curtido de pieles, copra y lingotes de cobre) por lo que los agentes británicos sospecharon que podía transportar armas y municiones. A raiz de ello, el SOE envió al Almirantazgo una propuesta para una incursión en el puerto (pese a tratarse de un país neutral) para capturar el Likomba e inutilizar el Duchessa d'Aosta. El alto mando británico autorizó la operación en noviembre de ese año.

Gustavus Henry "Gus" March-Phillips (1908-1942)
Pero la misión encontró pronto obstáculos. Tanto el GOC (General Office Commanding) del África Occidental Británica (la máxima autoridad militar de la región), el general sir George Giffard, como las autoridades locales, se opusieron a la misión, por tratarse de un acto de piratería y una flagrante violación de la neutralidad española. De igual manera reaccionaron el Foreign Office y la embajada británica en Madrid, preocupadas por la reacción del gobierno español. No fue hasta enero del 42 en que el Foreign Office dio su brazo a torcer y dio su aprobación a la misión, insistiendo en que a pesar de que la autoría británica iba a ser imposible de ocultar, al menos no dejasen pruebas tangibles. También se cambió el objetivo final de la incursión: en lugar de sabotear los buques, se proponían hacerse con ellos y llevárselos a Nigeria. A la incursión se la denominó oficialmente Operación Postmaster.

Para preparar su acción, los británicos contaban con la inestimable ayuda de un agente del SOE, Richard Lippett, que se encontraba en Santa Isabel bajo la tapadera de ser un empleado de la naviera de Liverpool John Holt & Co. Esta posición no sólo le permitió reunir abundante información sobre la ciudad y el puerto, la guarnición de la isla, las defensas, los barcos y sus tripulaciones, sino que además consiguió que la noche del asalto buena parte de los oficiales de los tres barcos se encontrasen invitados a una fiesta que él había organizado, con lo que los efectivos a bordo eran mínimos.


El plan de los británicos era rápido, directo y preciso. Los comandos entrarían en el puerto aprovechando la oscuridad a bordo de embarcaciones de poco calado, tomarían el control de los buques reduciendo a los tripulantes que encontrasen y, en completo silencio, levarían anclas y saldrían del puerto. 15 minutos era el tiempo previsto que duraría todo. No esperaban tener demasiados problemas; la mayor parte de la guarnición estaba acantonada en la otra punta de la isla y las defensas del puerto eran obsoletas (algunos de los cañones tenían ya un siglo de antigüedad).

El comando partió de Lagos el 11 de enero de 1942, por la mañana. Lo formaban un total de 32 hombres: 11 del SSRF, cuatro del SOE y 17 voluntarios locales. Iban a bordo de dos remolcadores, el Vulcan y el Nuneaton, cedidos por las autoridades nigerianas. March-Phillips y su segundo, el capitán Geoffrey Appleyard, iban a bordo del Vulcan, mientras que el capitán Graham Hayes mandaba el Nuneaton. El asalto definitivo tuvo lugar a las 23:15 de la noche del 14 de enero. Las condiciones eran las idóneas: noche sin luna, oscuridad total (el alumbrado de la ciudad, debido a la escasez de combustible, se apagaba a las once), sin otros barcos en el puerto (el cañonero Dato, encargado de la defensa de la isla, y el vapor Gomera estaban anclados en la parte continental de la colonia) más que un viejo barco maderero y varias barcas de pequeño tamaño. Mientras el Vulcan se dirigía al Duchessa, los hombres de Hayes, a bordo de canoas, asaltaban los dos pequeños buques alemanes.

Los británicos no estuvieron todo lo ágiles que habían previsto; tardaron más de media hora en controlar los tres buques, y tuvieron que volar con explosivos la cadena del ancla del Duchessa, al verse incapaces de levarla. Las explosiones alertaron a los habitantes de Santa Isabel; pero cuando se dio la alarma y se encendió el alumbrado público, los tres barcos habían abandonado ya el puerto, rumbo a aguas internacionales, donde les esperaba la corbeta HMS Violet, que los escoltaría hasta Lagos. Los británicos no perdieron ningún hombre e hicieron 29 prisioneros.

El Duchessa d'Aosta en el puerto de Santa Isabel
Al hacerse de día el gobernador de la colonia ordenó que un avión De Havilland Dragon Rapide propiedad de la compañía Iberia fuese armado con una ametralladora pesada y bombas de mano y saliese a recorrer las costas cercanas en busca de los tres buques. No encontró nada, pese a que la Nuneaton, con el motor averiado, permaneció dos días inmovilizada a apenas unas millas de la isla, hasta que pudo ser remolcada.

De Havilland DH-89 Dragon Rapide
Como era de esperar, la acción británica provocó una protesta oficial del gobierno español, que consideraba la incursión como un acto de guerra y exigía la devolución de los tres buques, con sus tripulantes y su carga. Los británicos, con su habitual flema, se limitaron a alegar que ellos habían encontrado los tres buques en aguas internacionales y los consideraban presas de guerra legítimas. A su vez, Alemania e Italia, protestaron enérgicamente ante las autoridades españolas, por no haber sabido defender los buques refugiados en uno de sus puertos. El gobierno franquista, tan dado a los gestos altisonantes, envió un buque con voluntarios (en su mayor parte, falangistas) con armas y municiones para reforzar las defensas de la colonia. Desgraciadamente, durante el viaje se desató a bordo una epidemia de fiebre amarilla (con la habitual imprevisión española, en el buque no había médicos ni personal sanitario) que acabó con la vida de buena parte de ellos. El agente del SOE Richard Lippett fue arrestado el día 17 por las autoridades españolas como sospechoso de haber participado en la trama; pero, pese a haber sido el organizador de la fiesta en la que se encontraba la oficialidad de los buques apresados, logró convencerlas de que no tenía nada que ver. Fue puesto en libertad el 27 de enero, con la prohibición de abandonar la isla; no obstante, logró eludir la vigilancia y huyó de Fernando Poo en una canoa, llegando a territorio británico el 1 de marzo.

Los tres buques capturados fueron luego empleados por las autoridades británicas. El Duchessa d'Aosta, renombrado como Empire Yukon, se dedicó al transporte de tropas y material de guerra entre Canadá y Gran Bretaña; tras la guerra, fue vendido a una naviera londinense y más tarde volvería a manos italianas, antes de ser desguazado en 1952. Por su parte el Likomba, rebautizado Malakai, fue entregado a la Elden Dempster Lines, una naviera que enlazaba puertos británicos con los del África Occidental. Terminó sus días prestando servicio en el puerto de Freetown, al igual que su compañero el Bibundi, rebautizado como Kalomo.

El éxito de la misión le valió a March-Phillips recibir la Orden del Servicio Distinguido; al capitán Hayes, la Military Cross; a Appleyard, que ya había sido galardonado con la Military Cross por una acción anterior, se le otorgó una barra o distintivo para añadirle; y los agentes del SOE Leonard Guise (autor de la propuesta original) y Richard Lippett fueron nombrados miembros de la Orden del Imperio Británico.

Orden de Servicios Distinguidos
Después de la Operación Postmaster, el SSRF llevó a cabo una serie de incursiones a pequeña escala en las costas francesas entre agosto y septiembre de 1942. Las misiones, ordenadas directamente por el almirante Mountbatten, comandante del Cuartel General de Operaciones Combinadas, tenían como objeto reunir información sobre las defensas costeras de los alemanes. Las tres primeras misiones (Operación Barricade, Operación Dryad y Operación Pound) fueron un éxito. No así la cuarta, la Operación Aquatint, llevada a cabo la noche del 12 al 13 de septiembre de 1942 en las proximidades de la localidad normanda de Sainte-Honorine-des-Pertes, en lo que posteriormente se convertiría en Omaha Beach, uno de los cinco puntos donde se produciría el desembarco de Normandía. El comando británico fue sorprendido por una patrulla alemana y entabló un duro combate, durante el cual de los once hombres que lo componían tres resultaron muertos (entre ellos, el comandante March-Phillips), cuatro fueron capturados y otros cuatro lograron huir. Entre los que lograron escapar estaba el capitán Hayes quien, sin embargo, fue capturado por las autoridades españolas tras cruzar la frontera, siendo entregado a los alemanes. Hayes estuvo preso y en aislamiento hasta el 13 de julio de 1943, en que fue fusilado.

Tras la muerte de March-Phillips, el capitán Appleyard fue ascendido a comandante y nombrado como nuevo oficial al mando del SSRF, pero por poco tiempo. A principios de 1943, el SSRF fue disuelto y sus hombres, repartidos entre distintos grupos de operaciones especiales. Appleyard se integró en el Special Air Service (SAS) y fue trasladado a Argelia, pero no sobrevivió a la guerra: volviendo de una misión, su avión desapareció sin dejar rastro, curiosamente, el mismo día en que Hayes era fusilado en la prisión francesa de Fresnes.

La Operación Postmaster permaneció en el olvido durante medio siglo; los españoles no tenían demasiado interés en recordar un hecho que resultaba humillante para su orgullo, y los ingleses tampoco querían hacer demasiado hincapié en una misión que había supuesto una flagrante violación de la legalidad internacional. No fue hasta que los documentos oficiales sobre la misión fueron desclasificados que se supo los detalles concretos de aquel suceso.

sábado, 31 de enero de 2015

Crimen pasional en la casa de baños

Juana Teresa Juega (1885-1979)
La primera casa de baños que se abrió en la coruñesa playa de Riazor fue La Primitiva, inaugurada en 1877 en el número 47 de la Avenida de Rubine por Guillermo Howland de Quesada, y que disponía de todo tipo de servicios: baños con agua dulce o salada a distintas temperaturas, masajes, electroterapia, gimnasio... Tras varios cambios de gerencia, en 1903 su entonces propietario, Antonio Nogueira, totalmente arruinado, la vendió a Ramón Juega Charlín, un médico natural de la villa marinera de Laxe (de la que llegaría a ser alcalde) y que había prosperado en Uruguay, donde había ejercido durante años en el departamento de Tacuarembó. Pero el doctor Juega falleció en 1905, poco antes de cumplir los sesenta años, y la propiedad de La Primitiva pasó a su familia (viuda y seis hijos) que la conservaría hasta los años cuarenta.
Una de los hijos de Ramón Juega era Juana Teresa (nacida en 1885), una joven inteligente y culta, gran amante de la literatura, que incluso había hecho sus pinitos como poeta. Unas inclinaciones que no gustaban en absoluto al que por entonces era su pretendiente, el teniente de infantería José Morales Vilar, que servía en el regimiento Isabel la Católica. El teniente Morales, hombre conservador y de carácter fuerte al que no gustaban en absoluto las bromas que sus camaradas hacían sobre la vertiente poética de su novia, había ordenado a ésta que se dejase de silvas, sonetos y romances.
Pero Juana no se dio por aludida y siguió con su actividad literaria, que cristalizaría en su primer poemario, Alma que llora, publicado a principios de 1908, con prólogo del ilustre catedrático Leopoldo Pedreira, y cuya venta tendría carácter benéfico (Deseando que mi primera obra literaria tenga algún fin benéfico, íntegro destino el producto que de ella pueda obtener para socorro de la infancia desvalida, de los niños desamparados, y muy particularmente de los pobres huerfanitos).
El teniente Morales supo de la publicación del libro la mañana del 4 de marzo de 1908, mientras desayunaba, al leer en el periódico la reseña. Y, al ver que su mandato había sido desoído, se sintió presa de un violento acceso de ira. De inmediato, se dirigió a la casa de baños y, al encontrarse con la joven, le gritó "¡Toma ese prólogo!" antes de propinarle tres disparos con su revólver de reglamento. A continuación, huyó a la cercana playa, donde recargó el arma y se pegó un tiro en la nuca, falleciendo poco después.
Juana Teresa Juega es de inmediato atendida por su hermano, Ramón, médico al igual que su padre. Pese a la gravedad de las heridas, logra sobrevivir aún teniendo dos balas incrustadas en el parietal izquierdo. Meses más tarde, contraería matrimonio con Emilio Pereiro Quiroga, abogado y poeta ocasional que llegaría a ser alcalde de Arzúa. Aunque no volvió a publicar, Juana seguiría en contacto con el mundo de la cultura hasta que falleció en Melide el 1 de enero de 1979, el día que cumplía 94 años.

jueves, 29 de enero de 2015

De prisionero de los nazis a presidente de Senegal

Léopold Sédar Senghor (1906-2001)

Léopold Sédar Senghor nació el 6 de junio de 1906 en la pequeña localidad costera de Joal, a algo más de cien kilómetros al sudeste de Dakar. Su padre era un comerciante católico de la etnia serer y su madre, su tercera esposa, musulmana de la tribu tabor. Gracias a la posición acomodada de su familia, Léopold pudo estudiar, primero en una escuela regentada por los sacerdotes de la Congregación del Espíritu Santo en Ngazobil (a seis kilómetros de Joal) y, a partir de 1922, en el seminario François Libermann en Dakar. Sus buenas notas y su talento literario hicieron que sus profesores le recomendaran continuar sus estudios; tras conseguir una beca de la administración colonial, en 1928 partió de Senegal rumbo a Francia.
Aunque inició estudios de literatura en la Sorbona, no tardó en dejarlos para matricularse en la École Normale Supérieure, y en 1935, tras graduarse, aprobó el examen necesario para acceder a un puesto de profesor (fue el primer africano en conseguirlo) y pasó a ejercer como profesor de literatura en Tours primero y en Saint-Maur-des-Fossés desde 1938, para lo que tuvo que solicitar la nacionalidad francesa. Paralelamente, mantuvo su actividad literaria (sobre todo, como poeta) y política; en 1934, fundó la revista L'Etudiant Noir, dedicada a la problemática racial y a las relaciones de la metrópoli francesa con sus colonias.
Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Senghor se alistó en el ejército francés. Pese a que tenía la nacionalidad gala, fue asignado al 31º Regimiento de Infantería Colonial (formado íntegramente por africanos) como soldado de segunda clase. Pero su carrera militar fue muy breve, ya que el 20 de junio de 1940 cayó prisionero de los alemanes en La Charité-sur-Loire (Borgoña). A partir de ahí pasó por varios campos de prisioneros en Romilly, Troyes y Amiens, hasta que fue llevado al Frontstalag 230 en Poitiers, reservado para soldados coloniales. Allí, Senghor y sus compañeros estuvieron a punto de ser fusilados por los alemanes el mismo día de su llegada; se salvaron gracias a que comenzaron a gritar ¡Vive la France!¡Vive l'Afrique noire! (¡Viva Francia!¡Viva el África negra!). En ese momento, un oficial francés logró convencer a los mandos alemanes de que masacrar de esa manera a aquellos valientes soldados sería una acción deshonrosa para el ejército alemán y para la Alemania aria.
A finales de 1941, Senghor fue trasladado a otro campo de prisioneros en las Landas, acusado de haber colaborado en la fuga de dos prisioneros. En 1942 fue liberado por motivos de salud, reincorporándose a su trabajo como profesor, a la vez que colaboraba con la resistencia. Mientras, siguió escribiendo poesías, algo que no había dejado de hacer ni siquiera cuando estaba prisionero.
Terminada la guerra, Senghor trabajaba como profesor y lingüista en la École nationale de la France d'outre-mer, encargada de formar a los funcionarios de la administración colonial francesa. Al mismo tiempo, se había convertido en un activo defensor de la independencia de las colonias, reivindicando el orgullo de la población negra y defendiendo sus derechos. Durante una de sus visitas a Senegal conoció a Lamine Guèye, un destacado líder socialista que influyó poderosamente en su ideología política, próxima al marxismo, y le animó a presentarse como candidato a la Asamblea Nacional francesa, siendo elegido representante por la circunscripción de Senegal-Mauritania. En 1946 se casó con Ginette Éboué, funcionaria del ministerio colonial francés e hija de Félix Éboué, antiguo gobernador del África Ecuatorial francesa, con la que tendría dos hijos.
En 1948, Senghor fundó el Bloc Démocratique Sénégalais como una escisión de la Internacional Socialista Francesa, y en 1951 ganó las elecciones legislativas derrotando a Guèye. A partir de ahí Senghor desempeñó diversos cargos políticos: reelegido diputado en 1951, fue secretario de estado entre 1955 y 56 (bajo la presidencia de Edgar Faure), alcalde de la ciudad de Thiès en 1956, consejero del primer ministro Michel Debré, miembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Gran Consejo del África Occidental Francesa, colaboró en la redacción de la Constitución de la Quinta República...


En el marco de la paulatina descolonización del África francesa, Senegal se convirtió en 1956 en una república autónoma, que en 1958 obtuvo la independencia tras un referéndum. Senghor era partidario de formar una coalición federal de todas las antiguas colonias francesas de África, una suerte de Commonwealth francesa, pero la idea no cuajó, y Senegal se unió al Sudán Francés para formar la Federación de Mali, que tuvo una existencia efímera: de enero de 1959 a agosto de 1960. A partir de ese momento, Senegal y Mali se convirtieron en dos países independientes, y en septiembre Senghor fue proclamado presidente de la República de Senegal. Aunque fue acusado de autoritario y de reprimir a sus opositores (Mamadou Dia, su primer ministro, pasó doce años en prisión, acusado de planear un golpe de estado), a partir de 1970 su política se volvió más tolerante, permitiendo el multipartidismo.
Senghor fue reelegido en cuatro ocasiones y se mantuvo en la presidencia hasta 1980, año en que dimitió en favor de su primer ministro, Abdou Diouf. El 2 de junio de 1983 fue nombrado miembro de la Académie Française por sus méritos como poeta, siendo el primer africano en obtener un asiento en ella. Pasó los últimos años de su vida en Verson, una pequeña localidad de Normandía, de donde era natural su segunda esposa, Colette Hubert, con la que se había casado en 1956 tras divorciarse de Ginette y con la que tuvo un hijo. Murió el 20 de diciembre de 2001.

Senghor y su segunda esposa, Colette Hubert
Si como político es considerado uno de los padres de la independencia de Senegal, como escritor es uno de los más apreciados escritores francófonos de origen africano. A lo largo de su vida, publicó catorce poemarios, así como varios libros de ensayo y crítica.

martes, 27 de enero de 2015

Jean-Marc Bosman, el hombre que cambió el fútbol


Hace apenas veinte años, el fútbol europeo era bastante diferente al que conocemos hoy en día. Los cupos de jugadores extranjeros existentes en la mayor parte de las ligas europeas afectaban también a los jugadores de otros países comunitarios, pese a que el Tratado de Roma (1957) establecía la prohibición de cualquier restricción al acceso a sus competiciones deportivas de jugadores procedentes de otros países de la UE, además de que un club podía solicitar una indemnización cuando un jugador suyo, aun habiendo concluido su contrato, fichaba por otro equipo. Todo este statu quo se vendría abajo por obra y gracia de un desconocido futbolista belga llamado Jean-Marc Bosman.
Bosman (nacido en 1964) era un centrocampista no demasiado brillante, internacional en categorías inferiores con Bélgica, cuya carrera había transcurrido en la Primera División belga en los dos principales equipos de Lieja, primero en el Standard (1983-88) y luego en el RFC Lieja (1988-90). Precisamente, fue su mala relación con la directiva del RFC la desencadenante del proceso judicial que lo haría famoso. Próximo a finalizar su contrato, el RFC le había ofrecido la renovación, pero con un fuerte recorte de su sueldo (un 75%), lo que desagradó al jugador. Al rechazar la renovación, el club lo apartó obligándolo a entrenarse por separado del resto de la plantilla. En junio de 1990 su contrato expiró y Bosman llegó a un acuerdo con el USL Dunkerque, de la segunda división francesa. Sin embargo, el RFC exigió a los franceses una compensación de más de once millones de francos belgas, algo inasumible para ellos, por lo que desistieron de contratar al jugador. Éste, enfadado, reaccionó presentando en agosto una demanda contra el RFC Lieja, la Federación Belga de Fútbol y la UEFA, alegando que las normas relativas al traspaso de jugadores violaban los artículos 45, 85 y 86 del Tratado de Roma. Por ello, pedía al tribunal que decretase la libre circulación de jugadores comunitarios y prohibiese que los clubes pudieran exigir una compensación económica por un jugador una vez que éste hubiera concluido su contrato.
La primera sentencia, dictada en noviembre, da la razón al jugador, quien al poco ficha por el Olympique Saint-Quentinois, un club francés que juega en categoría regional. Pero el RFC no tarda en presentar recurso. Las distintas instancias dan la razón a Bosman, mientras se suceden las apelaciones del RFC, al que pronto se suman la Federación belga y la UEFA, temerosas del efecto que provocaría una sentencia favorable a Bosman. Mientras la demanda pasa cada vez a tribunales de mayor categoría, la carrera de Bosman continúa en clubes menores, con un breve paso por el CS Saint-Denis, de la isla francesa de Reunion y luego en el Olympic Charleroi, en la tercera división belga.
La sentencia definitiva es emitida el 15 de diciembre de 1995 por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, con sede en Luxemburgo, aceptando las tesis de la defensa de Bosman, y declarando ilegales las indemnizaciones por fichaje y los cupos de jugadores comunitarios. Además, fija una compensación de casi un millón de euros para Bosman, por los perjuicios causados a su carrera.
Esta sentencia cambiaría de forma radical el panorama futbolístico europeo y mundial. Pese a que en un primer momento la UEFA y algunas federaciones (como la española) se niegan a admitir la decisión del tribunal, el 11 de enero de 1996 la Comisión Europea ratifica la sentencia y da seis meses de plazo para su aplicación. La UEFA acaba aceptando su derrota. Por extensión, la FIFA adopta las mismas normas en el resto del mundo.

Bosman y sus abogados, celebrando la sentencia a su favor
A la larga, la nueva normativa provoca un mayor desequilibrio entre ligas y equipos. Las ligas más fuertes económicamente pasan a atraer a sus competiciones a los mejores jugadores de otras ligas, aumentando sensiblemente las diferencias de potencial ya existentes. Y dentro de las propias ligas, también se genera una mayor desigualdad entre los clubes con más recursos y los más humildes. Se suele decir que el caso Bosman benefició a los jugadores y a los clubes, pero perjudicó a la igualdad entre competiciones y clubes ricos y modestos.
En cuanto a Bosman, pese a que los tribunales habían fallado a su favor. la situación no es en absoluto beneficiosa para él. Su carrera futbolística está acabada; pese a ofrecerse a numerosos clubes, nadie muestra interés por ficharlo; se ha convertido en un "apestado" perseguido por la polémica. Se retirará en 1996, tras una temporada en el modesto CS Visétois de la cuarta división belga. La indemnización le dura poco; buena parte la emplea en las minutas de sus abogados y en pagar impuestos. El resto no tarda en desaparecer, devorado por los demonios personales del ex-jugador. Y es que todo el proceso ha sumido a Bosman en una profunda depresión que le lleva al alcoholismo. Los problemas económicos ya habían roto su primer matrimonio y le habían obligado a instalarse con sus padres. Con lo que le queda de la indemnización se compra una pequeña casa, donde sobrevive gracias a las ayudas sociales. Lo último que se supo de él era que trabajaba como empleado municipal en la ciudad belga de Awans y que en abril de 2013 fue condenado a un año de prisión por haber agredido a su novia en 2011 durante una borrachera.


domingo, 25 de enero de 2015

Los plátanos de Silo


La Silo era una cadena de tiendas de electrodomésticos fundada en Philadelphia en 1946 por un veterano de la Segunda Guerra Mundial llamado Sidney Cooper. La compañía creció rápidamente y abrió franquicias en otros estados; cuando Cooper murió, en 1976, Silo poseía 40 tiendas y obtenía unos ingresos anuales de 60 millones de dólares, con una estrategia basada en los precios bajos, una amplia selección de productos y un agresivo despliegue publicitario.
Tras su muerte, la presidencia del grupo pasó al yerno de Cooper, Barry Feinberg, quien en 1979 vendió la compañía a Cyclops Steel, una empresa siderúrgica de Pittsburgh. La Cyclops dio continuidad a los ambiciosos planes de Feinberg (quien permaneció al frente de Silo) de expandirse por nuevos mercados y abrir nuevas tiendas: en su momento álgido, la Silo llegó a tener abiertas 232 tiendas en todo el país. En 1987, la Cyclops la vendió al Dixons Group PLC, una empresa británica quien a su vez en 1993 la traspasó a la Fretter Inc., de Detroit, cuando las ventas habían caído por la competencia de otras franquicias similares como Best Buy y Circuit City. Finalmente, a finales de 1995 Fretter se declaró en quiebra y todas las tiendas de la cadena Silo fueron cerradas.
En 1986, la cadena Silo fue protagonista de uno de las más curiosas meteduras de pata en la historia de las campañas publicitarias. Siguiendo su política habitual de llamativas ofertas con grandes descuentos, la red de tiendas puso a la venta un importante stock de equipos estéreo al interesante precio de 299 dólares cada uno. Y para dar a conocer esta oferta, emitió en 23 ciudades de los Estados Unidos un llamativo anuncio televisivo. Un anuncio que salió al aire el viernes 25 de abril y que, dado que el principal objetivo de la oferta eran los clientes jóvenes, utilizaba un estilo coloquial y desenfadado, tratando de atraer la atención de dicho grupo. En él se decía textualmente que "podían tener un estéreo nuevo por sólo 299 bananas". "Bananas", obviamente, es uno de los muchos sinónimos que se utilizan en argot para referirse al dinero; la oferta era de un estéreo por 299 dólares. Nadie esperaba que hubiese gente que se tomase la oferta al pie de la letra.


Porque al día siguiente, sábado 26, en varios establecimientos de Silo se presentaron clientes dispuestos a llevarse a casa su estéreos a cambio de, literalmente, 299 plátanos. Ante aquella situación, los directivos de la empresa decidieron cumplir con su oferta y entregar los aparatos a cambio de la fruta. Aunque, como aclararían posteriormente, creían que en el anuncio se entendía perfectamente que "bananas" se utilizaba con el significado de "dólares", era algo que no se aclaraba de manera explícita, y prefirieron asumir las pérdidas antes que arriesgarse a ser denunciados por publicidad engañosa.
Finalmente, la Silo tuvo que entregar 35 equipos estéreo (32 en su tienda de Seattle y otros tres en El Paso) a cambio de los plátanos (cuyo valor oscilaba entre 40 y 50 dólares), lo que le provocó unas pérdidas de 10465 $. Los anuncios fueron inmediatamente retirados, por si a más gente se le ocurría la misma idea. Y en cuanto a los más de 10000 plátanos que la Silo "ingresó" fueron donados al Woodland Park Zoo de Seattle y a varios bancos de alimentos y comedores sociales. No hace falta decir que a partir de ese momento los anuncios de la compañía pasaron a ser mucho menos creativos y más explícitos y directos, por si acaso.

viernes, 23 de enero de 2015

Animales devoradores de personas (IV)

Hace algún tiempo (han pasado cuatro años ya, tempus fugit) escribí tres artículos (1, 2 y 3) relatando algunos de los más conocidos casos de animales devoradores de personas. En aquel momento se quedaron algunos casos en el tintero que ahora recupero a modo de epílogo.

Kesagake, el oso de Sankebetsu
Ursus arctos lasiotus

La aldea de Sankebetsu Rokusen-sawa fue fundada a principios del siglo XX en la isla japonesa de Hokkaido, en un terreno ganado al bosque, y contaba con apenas 15 casas. A mediados de noviembre de 1915, la familia Ikeda descubrió a un gran oso pardo Ussuri (Ursus arctos lasiotus) devorando sus reservas de maíz. El oso huyó al ver a los humanos, pero volvió pocos días después. El señor Ikeda, temiendo que el oso hiciera daño a su familia o a los animales de la granja, decidió que era mejor matarlo. Y esperó a que volviera, acompañado de su hijo Kametaro y dos cazadores contratados. Cuando el oso reapareció, abrieron fuego contra él, hiriéndolo en un hombro. Siguieron su rastro hacia el monte Onishika para rematarlo, pero una inoportuna tormenta de nieve los obligó a regresar, pensando que seguramente el oso moriría por sus heridas. Sin embargo, el oso (al que luego apodaron Kesagake, que significa "herida en el hombro") logró sobrevivir, a pesar de que la herida le impedía cazar, pescar y alimentarse convenientemente, algo que, en vísperas del período de hibernación suponía la muerte. Por ello, el hambriento oso volvió al único lugar donde sabía que podía conseguir alimento: Sankebetsu. La mañana del 9 de diciembre entró en la granja de la familia Ota, vecina de los Ikeda, donde sólo estaban Mayu Abe, la esposa del señor Ota, y Mikio Hasumi, el bebé de una familia vecina al que Mayu estaba cuidando. Tras devorar parte de sus reservas de cereal el oso, frenético por alimentarse, derribó una de las frágiles paredes de la casa y atacó a los ocupantes. Mató primero al niño y luego atrapó a Mayu cuando trataba de huir, llevándose su cuerpo al bosque. Tras descubrirse la tragedia, se formó una partida de treinta hombres armados, que se internó en el bosque, donde no tardaron en dar con el oso; sin embargo, éste logró huir y las posteriores batidas sólo consiguieron encontrar el cadáver semidevorado de Mayu. Al día siguiente, la partida, aumentada ya a 50 hombres, salió de nuevo en busca del oso. Desgraciadamente, Kagesake aprovechó para volver a la aldea y atacó la granja de Yasutaro Miyoke, uno de los líderes de la partida. En la granja, además de la esposa de Miyoke, Yayo, y sus cuatro hijos, estaba también Take, la esposa embarazada de Ishigoro Saito (el otro líder de la partida de caza) y sus dos hijos, además de un leñador llamado Yukichi Nagamatsu. Cuando se dio la alarma, rápidamente acudieron varios hombres armados, que no fueron capaces de evitar la huida del oso. El escenario dentro de la casa era tan dantesco que sólo algunos vecinos, veteranos de guerra, se atrevieron a entrar. Take Saito, su hijo Haruo y el pequeño Kinzo Miyoke habían muerto. Iwao Saito y el hijo menor de los Miyoke, Umekichi, gravemente heridos, morirían poco después. Yayo Miyoke, su hijo Yujiro y Yukichi Nagamatsu (que se suicidaría la siguiente primavera arrojándose a un río) estaban heridos. Sólo los hijos mayores de los Miyoke, Riziko y Hisano, habían salido ilesos.
El día 11 llegaron a la aldea refuerzos: un grupo de policías de la ciudad de Tomamae, bajo el mando del inspector Suga, fuertemente armados. También llegó Heikichi Yamamoto, un antiguo oficial del ejército dedicado ahora a cazar osos. Todo el día y toda la noche, los cazadores montaron guardia en los tejados de la aldea, pero el oso no apareció. Al día siguiente, trataron de atraerlo usando como cebo el cadáver de una  de sus víctimas; el oso apareció alrededor de medianoche, pero algo le hizo desconfiar y volvió a huir. Sin embargo, al amanecer del día 13, se descubrió que el oso había estado merodeando por la aldea (cuyos habitantes, afortunadamente, no habían sido atacados): había devorado parte del grano de la granja de la familia Ota y luego había estado curioseando en al menos otras ocho casas. El inspector Suga decidió entonces levantar un muro de hielo y nieve a lo largo del río, que el oso cruzaba para entrar en la aldea, dejando libre únicamente el puente. Esa noche, el oso volvió a tratar de llegar a la aldea, pero fue recibido a tiros y huyó herido.
Un grupo de hombres salió en su persecución. Como el señor Ikeda pudo comprobar, el oso de nuevo se dirigía hacia el monte Onishika. Yamamoto, que iba en vanguardia, descubrió a Kesagake descansando en un hayedo; se aproximó en silencio, apuntó con cuidado y le disparó dos veces, acertándole en la cabeza y el pecho. El cuerpo del oso fue llevado a la aldea, donde se comprobó que medía 2'7 metros de largo y pesaba 380 kilos.

El tiburón de Nueva Jersey

Uno de los casos que más despertó el interés del público fue el provocado por una serie de ataques producidos en la costa del estado norteamericano de Nueva Jersey en el verano de 1916. Por aquel entonces, era mucho lo que se desconocía sobre los tiburones, e incluso los expertos trabajaban a menudo con hipótesis y datos sin confirmar. Aquel verano del 16 fue extremadamente caluroso y, además, coincidió con una epidemia de poliomielitis en el noroeste de EEUU, lo que hizo que los balnearios costeros y las playas de Jersey tuvieran una enorme afluencia de visitantes. El 1 de julio, un turista de Philadelphia llamado Charles Vansant, que se bañaba en Beach Haven con su perro, muy cerca de la orilla, fue atacado por un tiburón, que le desgarró el muslo izquierdo. Pese a que fue rescatado por un salvavidas, murió desangrado poco después. El día 6, un joven inmigrante suizo llamado Charles Bruder, que trabajaba como botones en el Hotel Essex & Sussex, fue atacado y devorado parcialmente cuando nadaba en Spring Lake. El siguiente ataque tuvo lugar el día 12 en el río Matawan, cerca de la ciudad de Keyport: un tiburón atacó a varios niños que se estaban bañando y se llevó al pequeño Lester Stillwell, de 11 años. Varios hombres del pueblo, creyendo que quizá Lester había sufrido una indisposición (era epiléptico) se metieron en el río para buscarlo; uno de ellos, Watson Stanley Fisher, fue atacado también y, al igual que Vansant, sufrió graves desgarros en un muslo que provocaron que muriera desangrado. Apenas media hora después, un joven de 14 años llamado Joseph Dunn, que nadaba junto a su hermano y un amigo no muy lejos de allí, fue mordido en una pierna, pero pudo ser salvado por sus acompañantes y llevado a un hospital, conde se recuperaría de sus heridas. Se ofreció entonces una recompensa por el tiburón y se colocaron mallas de alambre en la desembocadura del río para evitar que el tiburón volviera al mar. El cuerpo del pequeño Lester fue hallado dos días después, a la vez que se descubría un gran agujero en la malla. Los ataques, ayudados por la amplia cobertura que les dio la prensa, hicieron cundir el pánico, provocando un éxodo masivo de los veraneantes. Docenas de tiburones fueron capturados por pescadores que buscaban la recompensa ofrecida, pero ninguno resultó ser el que buscaban. Sin embargo, el día 14, un pescador aficionado llamado Michael Schleisser mató a un tiburón blanco (Carcharodon carcharias) que había quedado enredado en la red que usaba para pescar pegándole con un remo. Llevado a tierra, resultó ser una hembra joven que medía unos 2'3 metros de largo y pesaba 147 kilos. En su estómago se hallaron restos humanos, con lo que se dio por sentado que era el responsable de los ataques. Así se anunció públicamente, y como no volvió a haber ataques (aunque en eso también influyó el hecho de que las playas ahora estaban desiertas) la gente acabó por calmarse. No obstante, el caso quedó profundamente grabado en el imaginario popular, que empezó a ver a los tiburones como devoradores de personas, e inspiró la novela de Peter Benchley Tiburón, que más tarde Steven Spielberg llevaría al cine. Hoy en día, no obstante, la mayoría de los expertos creen que, si bien fueron tiburones oceánicos como el blanco los responsables de las dos primeras muertes, los ataques del río Matawan fueron obra de uno o varios tiburones diferentes, posiblemente tiburones toro (Carcharhinus leucas), una de las pocas especies de tiburón capaces de adaptar su metabolismo para permanecer períodos prolongados en agua dulce.

El leopardo de Panar
El leopardo de Panar

Uno de los más prolíficos devoradores de personas de que se tienen noticia fue un leopardo que durante años, en los comienzos del siglo XX, aterrorizó la región de Panar, en el distrito de Almora (en lo que hoy en día es el estado indio de Uttarakhand). Se le atribuyen no menos de 400 víctimas, a pesar de que en su época la prensa británica apenas se hizo eco de él (seguramente, por la remota y aislada localización de Almora). El famoso cazador Jim Corbett supo de él en 1907, mientras daba caza a la tigresa de Champawat, y en 1910 salió en su persecución, hasta dar con él y lograr abatirlo. En este caso, Corbett creía que el animal tenía alguna herida o enfermedad que le impedía cazar sus presas habituales y se había aficionado a cazar seres humanos haciendo presa en los cadáveres y moribundos abandonados en la jungla durante una epidemia de cólera sucedida poco antes de los primeros ataques del leopardo. Años más tarde, Corbett volvería a la región para dar caza a otro famoso leopardo asesino: el leopardo de Rudraprayag.

El leopardo del Valle de Mulher
Leopardo indio (Panthera pardus fusca)

En 1903, un empleado del Imperial Forestry Service llamado L. S. Osmaston anunció haber abatido a un leopardo que se había cobrado la vida de al menos treinta personas en el valle de Mulher, en el distrito indio de Nashik, entre 1901 y 1902. Osmaston realizó varias batidas, sin éxito, hasta que en marzo de 1902 tuvo que dejar la región por motivos de trabajo. Volvió a la zona en noviembre de ese año y reanudó sus intentos de acabar con el animal. El 3 de diciembre, el leopardo mató en Wadai a un chico de 15 años que ya había sobrevivido a un ataque suyo y se llevó su cuerpo a una zona de hierba alta, donde comenzó a devorarlo. Osmaston siguió su rastro hasta dar con el cuerpo y preparó una emboscada, escondiéndose en una carreta cubierta de maleza  en cuyo interior esperó pacientemente que el animal volviera a devorar el resto del cadáver. El cazador oyó al leopardo acercarse al caer la tarde, pero no fue hasta que hubo oscurecido cuando el animal se acercó al cuerpo. Entonces, en cuanto lo tuvo a tiro, Osmaston disparó los dos cañones de su rifle, hiriendo al animal. Ya de día, siguió su rastro, hasta hallarlo, herido pero vivo, y pudo rematarlo. Osmaston creía que el animal se había aficionado a cazar personas tras la hambruna que asoló la región en los años 1899 y 1900, y que seguramente había comenzado alimentándose de enfermos y moribundos. Además, también sospechaba que, aparte de los treinta muertos y once heridos de Nashik, también era el responsable de otros ataques en los vecinos distritos de Dhule y Dhang.

El oso de Mysore
Melursus ursinus

El oso bezudo o perezoso (Melursus ursinus), presente en todo el subcontinente indio, no es un animal que destaque por su ferocidad. Aunque a veces se le ha visto cazando, suelen preferir las frutas y las hormigas. Los casos de ataques a humanos son rarísimos, pero sin embargo, en 1957, uno de estos osos aterrorizó el distrito hindú de Mysore. No se sabe a ciencia cierta qué convirtió a este oso en un cazador de personas. Los aldeanos de la región contaban que el oso trató de llevarse a una joven de una aldea para convertirla en su esposa y que al impedírselo los demás aldeanos se enfureció y empezó a atacar a las personas. Posiblemente se tratase de un ejemplar herido o hambriento, o de una hembra que hubiese perdido a sus cachorros. Los primeros ataques tuvieron lugar en las colinas de Navgara, al oeste de la ciudad de Arsikere. El oso se escondía en las colinas de la zona y bajaba a la llanura en busca de presas. Poco a poco, sus ataques se volvieron más y más osados. Además, destacaba su insólita ferocidad: la mayoría de las víctimas eran atacadas en rostro y cabeza; a menudo las que sobrevivían quedaban horriblemente desfiguradas. Fue un habitante de la zona, un anciano llamado Alam Bux, el que solicitó la ayuda del afamado cazador Kenneth Anderson, después de que el oso hubiese matado a su hijo. Anderson creyó que la caza del oso iba a ser sencilla y se presentó en el lugar sin apenas equipo; pero después de toda una noche buscando al animal sin resultado, volvió a Bangalore pidiendo que le avisasen en caso de un nuevo ataque. Un mes después, el oso atacó a dos leñadores del pueblo de Sakrepatna (uno de los cuales murió) y Anderson fue de nuevo requerido. Tras desplazarse a la zona y ser notificado de un nuevo ataque, se internó sólo en la selva siguiendo el rastro del oso, pero al encontrar a la otra víctima del ataque, gravemente herida, desistió de la persecución y trató de salvarlo. Lamentablemente, el hombre murió y Anderson, con un fuerte esguince de tobillo, tuvo de nuevo que darse por vencido. Una semana después, ya recuperado, Anderson volvió a Sakrepatna, donde le informaron de que el oso había sido visto en unos campos de cultivo a unas tres millas del pueblo. Pasada la medianoche del día siguiente, tras hacer guardia durante varias horas, Anderson lo mató disparándole en el pecho. El oso había matado a doce personas (a tres de ellas además las devoró parcialmente) y herido a dos docenas más. En su libro Man-Eaters and Jungle Killers, Anderson dedicaría un capítulo al oso de Mysore, inclinándose por la teoría de que el oso había sido previamente herido por humanos, lo que había alterado su comportamiento. Por cierto, Baloo, el oso de El libro de la selva, también era un bezudo.

miércoles, 21 de enero de 2015

El monstruo de Flatwoods


Uno de los casos de apariciones de seres extraños más famosos de la historia moderna es el llamado Monstruo de Flatwoods (también llamado el Monstruo del Condado de Braxton o el Fantasma de Flatwoods), un suceso asociado desde hace décadas a la critpozoología y al fenómeno OVNI.
Todo comenzó la tarde del 12 de septiembre de 1952 a las afueras del pueblo de Flatwoods, en el condado de Braxton (Virginia Occidental). A eso de las siete y cuarto de la tarde, tres niños, los hermanos Edward (13 años) y Fred (12) May y su amigo Tommy Hyer (10) fueron testigos de la aparición de un objeto muy brillante que cruzó el cielo a gran velocidad y que les pareció que tomaba tierra a cierta distancia, en los terrenos de un granjero llamado G. Bailey Fisher. Los tres pequeños corrieron a casa de los May y contaron lo que habían visto. La madre de los hermanos, Kathleen May, decidió acercarse al lugar para ver de qué se trataba, y lo hizo acompañada de tres jóvenes vecinos: Ronnie Shaver (10), Neil Nunley (14) y Eugene "Gene" Lemon, de 17 y recién alistado en la Guardia Nacional.
Cuando llegaron al lugar en el que los niños habían visto aquel objeto brillante y subieron una pequeña colina, los cuatro se sorprendieron al observar a cierta distancia una luz roja pulsante. También afirmaron haber encontrado una extraña niebla que les provocó escozor en nariz y ojos. Enconces, Lemon creyó ver algo a su derecha, bajo un roble, y al enfocar hacia allí su linterna pudieron ver a la criatura.
Según la describieron los testigos, este ser medía alrededor de tres metros de altura y tenía una cabeza en forma de as de picas, con dos ojos redondos y brillantes. La señora May afirmó que tenía pequeños brazos que se proyectaban hacia el frente y terminados en pequeñas garras. El resto de su cuerpo quedaba oculto por una amplia capa o faldón de color verde que llevaba puesto el ser. Cuando la luz de la linterna lo enfocó, aquel ser emitió un agudo chillido y comenzó a deslizarse en silencio hacia ellos, como si flotara en el aire, para luego cambiar de dirección y alejarse hacia la luz roja. En ese momento los cuatro testigos, presas del pánico, huyeron.


De vuelta en su casa, la señora May llamó inmediatamente al sheriff local, Robert Carr, y a A. Lee Stewert, copropietario del periódico local, el Braxton Democrat. Stewert, tras hablar con los testigos, acudió esa misma noche al lugar del avistamiento, acompañado de Lemon, pero no encontraron ninguna huella o indicio, aunque Stewert afirmó haber percibido un fuerte olor a metal caliente. El sheriff Carr y su ayudante Burnell Long también registraron la zona, sin hallar nada. A la mañana siguiente, Stewert regresó al lugar y halló dos marcas paralelas en el barro y restos de un líquido viscoso, que dedujo que eran restos de un aterrizaje de algún tipo. En realidad, como se aclararía más tarde, las marcas las había provocado una furgoneta Chevrolet de 1942, propiedad de un vecino llamado Max Lockard, que se había enterado de la aparición y había ido a echar un vistazo unas horas antes. Pero la noticia ya estaba en la prensa y el llamado "monstruo de Flatwoods" no tardó en convertirse en un personaje del acervo popular de la región y en uno de los casos destacados de los llamados "investigadores de lo oculto", quienes a lo largo de los siguientes años y décadas plantearon todo tipo de hipótesis, a cuál más enrevesada, generalmente asociando a la criatura con algún tipo de actividad extraterrestre. Como suele ser habitual en estos casos, una vez se hizo público el suceso no tardaron en aparecer otros testigos que afirmaban haber visto la misma criatura o alguna similar, e incluso los que afirmaban haber visto platillos volantes aterrizando en la zona. También se dijo que varios de los testigos de la aparición sufrieron posteriormente secuelas como picor de garganta, vómitos e incluso convulsiones.
Durante décadas, el caso del monstruo de Flatwoods se siguió mencionando como un ejemplo clásico de "encuentro en la tercera fase" con seres de origen extraterrestre. Hasta que en el año 2000, un investigador llamado Joe Nickell, perteneciente a una organización llamada CSICOP (Committee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal), dedicada a investigar con un criterio racional y crítico sucesos atribuidos a motivos paranormales, decidió revisar a fondo el incidente.
Lo primero que había que explicar era la brillante luz que los niños May y Tommy Hyer habían visto al atardecer del día 12. No fue difícil encontrarle una explicación racional; bastó echar un vistazo a las hemerotecas para descubrir que esa noche, a la hora aproximada en que los niños dijeron haber visto esa luz, un meteoro de una intensidad poco común había sido observado cruzando los cielos de los estados de Maryland, Pennsylvania y Virginia Occidental. Era tal la magnitud del fenómeno, que incluso se habían producido llamadas a las autoridades de personas que creían que se trataba de un avión en llamas que se había estrellado cerca del río Elk, a apenas 20 kilómetros de Flatwoods. La luz roja pulsante que declaraban haber visto los testigos antes de ver al monstruo también tenía una explicación pausible: se trataba de las balizas de posición de una aeronave que algunos habitantes de la zona habían visto más o menos por aquella hora.
Queda por explicar el monstruo. ¿Qué era aquel extraño ser que había asustado de tal manera a los cuatro habitantes de aquel pacífico pueblo? Pues bien, la teoría de Nickell es, cuanto menos, sorprendente: el monstruo de Flatwoods era ni más ni menos que una lechuza común (Tyto alba) que se encontraba posada sobre una de las ramas del roble. Despojando la narración de sus elementos subjetivos, la descripción se asemeja notablemente a la de una lechuza: la forma de la cabeza, los ojos redondos, los brazos cortos y delgados terminados en garras que había descrito la señora May (que se corresponderían con las patas de la lechuza)... Y lo que ellos habían creído que era el cuerpo de aquel ser cubierto por una capa o túnica verde oscuro era en realidad el follaje y la maleza que había bajo el roble, que había llevado a confusión a los testigos creando la ilusión de que había un cuerpo debajo de aquel extraño rostro. Incluso el chillido agudo y la reacción de aquel ser, desplazándose hacia ellos y luego cambiando bruscamente de dirección, se corresponden con el comportamiento de una lechuza.

Tyto alba
Pero seguramente aquella gente había visto lechuzas antes. ¿Cómo habían podido equivocarse de tal manera? La opinión de Nickell es que en aquel momento, aquellas cuatro personas estaban en un estado de ánimo altamente excitable. El relato que los tres niños les habían contado, la oscuridad, el miedo a lo desconocido, les hacía ser fácilmente sugestionables. Habían entrado en un estado próximo al histerismo e, incapaces de reaccionar de manera racional, habían creído ver un monstruo donde sólo había una inocente lechuza. Esta explicación daba respuesta también a otro de los acontecimientos extraños de aquella noche: el escozor que habían sentido en boca y ojos, y los efectos secundarios (vómitos, dolores de cabeza...) que habían sufrido. Unos síntomas que son similares a los causados por la exposición a agentes químicos, pero que también se han descrito habitualmente asociados a ataques de histeria o a traumas, tanto físicos como psicológicos. El resto de indicios y de supuestos testigos se explicaban como malentendidos, errores de apreciación o, simplemente, gente con afán de notoriedad.
Aunque hoy en día parece que a pocos les interesa aceptar una explicación tan convencional y poco "misteriosa" del asunto. De hecho, la historia del monstruo es el principal atractivo turístico del pueblo e incluso hay un festival anual que dura un fin de semana completo, con actuaciones musicales, visitas al "Museo del Monstruo" y excursiones por el lugar del avistamiento. La popularidad del Monstruo es tal que incluso ha servido de inspiración en algunos videojuegos.

Space Harrier
Amagon
Tumblepop

lunes, 19 de enero de 2015

El rescate de la Soyuz 23


El 14 de octubre de 1976 partía del cosmódromo kazajo de Baikonur la nave Soyuz (Unión) 23, con destino a la estación espacial militar Salyut (Saludo) 5. A bordo, dos tripulantes: el coronel Vyacheslav Dmitriyevich Zudov, como comandante de la misión, y el ingeniero de vuelo Valeri Ilich Rozhdestvensky. Estaba previsto que permaneciesen entre 70 y 80 días en la Salyut, realizando una serie de experimentos científicos y técnicos.

Salyut 5
La primera parte de la misión transcurrió sin novedad. Pero cuando la Soyuz estaba a apenas unas decenas de metros de la Salyut, el sistema Iglá de telemetría para el atraque automático sufrió una avería. Un sensor defectuoso indicó erróneamente que el módulo no llevaba aceleración lateral, con lo que la nave encendió uno de sus cohetes de manera automática tratando de compensar la trayectoria, desviándose casi 100 metros de su rumbo. Ese impulso imprevisto dejó a la nave sin combustible suficiente para intentar la maniobra de forma manual (la tripulación, además, había sido entrenada para realizar de forma manual el atraque, pero no la maniobra de aproximación), por lo que se decidió abortar la misión y traer de vuelta a los cosmonautas. Pero ya habían perdido la ventana de reentrada para aquel día, por lo que tuvieron que esperar al día siguiente, lo cual les dejaba en una posición algo problemática, ya que las baterías de la Soyuz tenían energía sólo para dos días. Por ello, se vieron obligados a apagar todos los sistemas no esenciales de la nave, incluida la radio, para ahorrar energía.
La Soyuz 23 volvió a la Tierra pasadas las ocho de la tarde del día 16 de octubre. Y lo hizo en medio de una violentísima tormenta de nieve, con temperaturas de -22º y vientos muy fuertes, que desviaron la nave de su rumbo. En lugar de aterrizar en Baikonur, como estaba previsto, cayó a tierra 150 kilómetros al noreste del cosmódromo, sobre la superficie del lago Tengiz. La capa de hielo que cubría el lago no resistió el peso de la nave y se rompió. No habría sido un problema, ya que la Soyuz estaba diseñada para que pudiera flotar, pero el paracaídas de descenso se llenó inmediatamente de agua y su peso hundió la cápsula casi por completo. La válvula que les hubiera permitido tomar aire fresco del exterior había quedado bajo el agua y tuvieron que mantenerla cerrada. Tampoco podían salir: la escotilla estaba casi completamente bajo la superficie. Si la abrían, el módulo podía inundarse y hundirse antes de darles tiempo a salir. Y aunque hubieran logrado salir, con las temperaturas extremas del exterior y sin forma de calentarse, hubieran muerto por congelación en cuestión de minutos. Así que tuvieron que quedarse en el interior de la nave, esperando a que los rescataran y apagando todos los sistemas (incluida la calefacción), excepto una pequeña luz, para reservar la escasa energía para el sistema de purificación del aire. Además, la radio dejó de funcionar al poco de aterrizar, lo que los dejó incomunicados.


El rescate no iba a ser en modo alguno sencillo. Las pésimas condiciones climatológicas hacían difícil ver las balizas de señalización de la nave e impedían la llegada de los helicópteros. Intentaron llegar hasta ellos con balsas de goma, pero el hielo y el lodo les impedían avanzar. Y cuando probaron con vehículos anfibios, éstos quedaban encallados en los pantanos que rodeaban el lago. No fue hasta la mañana siguiente en que el tiempo mejoró lo suficiente para que un helicóptero, pilotado por uno de los mejores pilotos del ejército ruso, llegara hasta el lugar donde se encontraban. Una vez allí, varios buceadores saltaron al agua y lograron enganchar a la cápsula un cable. Sin embargo, la Soyuz era demasiado pesada para que el helicóptero pudiera levantarla, por lo que tuvo que arrastrarla sobre la superficie del lago durante seis kilómetros, hasta llegar a tierra firme. Una vez allí, Zudov y Rozhdestvensky salieron al exterior tranquilos y sonrientes, pese a haber pasado casi doce horas atrapados soportando bajísimas temperaturas y el riesgo de quedarse sin energía y asfixiarse (algunos de sus rescatadores temían que ya estuviesen muertos). Ambos serían condecorados posteriormente. No volverían al espacio, aunque Zudov fue suplente en otras dos misiones Soyuz. Las autoridades soviéticas decidieron a raiz de este suceso la creación de un grupo especial de rescate, preparado para intervenir en todo tipo de condiciones adversas.

Rozhdestvensky y Zudov, tras ser rescatados

sábado, 17 de enero de 2015

Transylvania, la colonia frustrada



El 5 de noviembre de 1768, representantes de las Seis Naciones de los indios iroqueses (cayuga, mohawk, oneida, onondaga, seneca y tuscarora) firmaban con los británicos el Tratado de Fort Stanwix, cediéndole a la corona británica una amplia extensión de tierra al sur del río Ohio hasta el río Tennessee a cambio de algo más de 10000 libras. El problema es que esos territorios no eran sólo suyos; shawnees y cherokees también tenían derechos de caza y ocupación sobre ellos. y aunque los cherokees negociaron con los británicos por su cuenta y lograron un arreglo, los shawnees se negaron y comenzaron a atacar a los colonos que intentaban asentarse en aquella región. Hubo que llegar a las armas y tras la derrota shawnee en la llamada Guerra de Lord Dunmore (1774), los indios cesaron sus reclamaciones.
En agosto de 1774, un juez y especulador de Carolina del Norte llamado Richard Henderson creó junto a otros ocho potentados norcarolinos (Thomas Hart, John Williams, William Johnston, Nathaniel Hart, John Luttrell, James Hogg, David Hart y Lend Henly Bullock) una sociedad llamada Richard Henderson and Company, que tenía como objetivo la compraventa de tierras. La compañía se renombró poco después como The Louisa Company y, ya en enero de 1775, como Transylvania Company. El objetivo final de la compañía era hacerse con las suficientes tierras como para formar una nueva colonia, con un estatus similar al de las otras trece colonias británicas de Norteamérica. Por eso, en marzo de 1775, Henderson se reunió con una delegación de los cherokees en Sycamore Shoals, de la que formaban parte los jefes Attakullakulla y Oconostota, y tras negociar con ellos, firmó el día 14 de marzo el llamado Tratado de Sycamore Shoals, por el cual los cherokees cedían a la compañía una inmensa franja de terreno al sur del río Ohio, comprendida ente los ríos Cumberland, Holston y Kentucky y los montes Cumberland. En total, veinte millones de acres (81000 km2) a cambio de 50000 dólares de Virginia (unos 60 centavos el kilómetro cuadrado). Un área que comprende más de la mitad de la superficie del actual estado de Kentucky y parte de Tennessee.
El problema de la transacción es que no era del todo "legal". La Real Proclamación de 1763 prohibía expresamente que ciudadanos particulares comprasen tierras a los indios, así como el establecimiento de colonias no autorizadas por la corona británica. Y también vulneraba las Cartas de Concesión Colonial de Virginia y Carolina del Norte, fronterizas con el territorio adquirido, en las que se decía que a ambas colonias se les concedían las tierras "de mar a mar" (es decir, que las regiones interiores más allá de sus fronteras también les corresponderían en caso de convertirse en territorio inglés). Además, los cherokees no tenían potestad para vender esos territorios, ya que las autoridades británicas no les reconocían su propiedad y otras tribus, como los shawnees, todavía conservaban derechos de caza sobre ellos. Pero Henderson y los suyos tenían un as en la manga. En 1757 se había hecho pública la llamada sentencia Pratt-Yorke, así llamada por sus responsables, Charles Pratt (Procurador General para Inglaterra y Gales) y Charles Yorke (Abogado General para Inglaterra y Gales), dos de los más altos oficiales de la justicia real británica. La sentencia, en respuesta a una reclamación de la Compañía Británica de las Indias Orientales, concluía que los territorios adquiridos a través de acciones militares del ejército inglés pasaban a ser propiedad de la corona, pero aquellos adquiridos por la Compañía mediante acuerdos o tratados comerciales, aunque pasaban a estar bajo soberanía británica, eran propiedad de la Compañía. La Transylvania Company aspiraba a aplicar en Norteamérica este precedente y a que su adquisición fuera reconocida por las autoridades.
Sin esperar una respuesta, Henderson contrató al famoso cazador y explorador Daniel Boone para guiar a un grupo de leñadores para que abrieran un sendero a través del bosque hasta el río Kentucky. El grupo, de unos treinta hombres, tuvo que soportar condiciones de trabajo muy duras y el acoso constante de los shawnees, pero al final terminaron el sendero (que se llamaría Wilderness Road) y lograron llegar al río, en cuya orilla se fundó Boonesborough, el primer asentamiento de la zona y futura capital de la colonia de Transylvania, al que no tardarían en seguirle otros como Harrodsburg.


Cuando Henderson llegó a la zona, en mayo de 1775, el número de colonos era todavía muy bajo; en Boonesborough mismo sólo había un centenar de personas. Los colonos vivían en condiciones bastante precarias, soportando las hostilidades de los indios y la escasez de suministros. Por eso, Henderson reclamó el envío de delegados desde los demás asentamientos (algunos no reconocieron la autoridad de la Compañía y se anexionaron más tarde al Condado de Kentucky, dependiente de Virginia). Tras una reunión de tres días, Henderson y los representantes de los colonos firmaron el llamado Pacto de Transylvania, donde se acordó la formación de un gobierno provisional, con una cámara legislativa y un tribunal de justicia. A continuación, sabedores del inicio de la Guerra de Independencia y mostrándose partidarios de los sublevados, las autoproclamadas autoridades de Transylvania enviaron a James Hogg como delegado al Segundo Congreso Continental, la reunión de representantes de las trece colonias de la que habría de salir en junio de 1776 la Declaración de Independencia, que estaba reunido en Philadelphia. Su objetivo era lograr el reconocimiento como 14ª colonia y su admisión en el Congreso, pero la rotunda oposición de Virginia y Carolina del Norte, que reclamaban su jurisdicción sobre esos territorios, lo impidió.
En junio de 1776, la Asamblea General de Virginia decretó que la Transylvania Company carecía de autoridad para representar a los colonos de la zona. En diciembre de ese año, la región fue asignada al Condado de Kentucky y en noviembre de 1778, la Asamblea de Virginia declaró definitivamente nulos los títulos de propiedad de la compañía, a la que compensó otorgándole una concesión de 12 millas cuadradas (31 km2) en la confluencia de los ríos Ohio y Green.
Henderson no se rindió y lo intentó de nuevo; en 1779 contrató al reconocido explorador James Robertson para que recorriese la cuenca del río Cumberland como paso previo al establecimiento de una nueva colonia. Robertson, al frente de un grupo de colonos, fundó el primer asentamiento en la zona, al que llamó Fort Nashborough, que fue el embrión de lo que hoy es la ciudad de Nashville. Pero de nuevo se topó con las autoridades, en esta ocasión las de Carolina del Norte, quienes en 1788 no reconocen la validez de los derechos de la Transylvania Company en aquella región, y la asigna al Condado de Tennessee, compensando a la compañía de Henderson con 200000 acres de terreno.

Bandera del estado de Kentucky
El Condado de Kentucky, con el añadido de los territorios reclamados originariamente por la Transylvania Company, se convertiría en 1792 en el 15º estado de los EEUU, tras las trece colonias originales y Vermont. Cuatro años después le seguiría Tennessee.