Verba volant, scripta manent

lunes, 28 de abril de 2014

El jockey que ganó una carrera después de muerto


El 4 de junio de 1923 se celebró en el hipódromo neoyorquino de Belmond Park una carrera de obstáculos de gran repercusión. Uno de los caballos participantes fue Sweet Kiss, propiedad de la señorita A. M. Frayling y que estaba lejos de ser uno de los favoritos: su victoria se pagaba en las casas de apuestas 20 a 1.
Sweet Kiss iba a ser montado por Frank Hayes. Hayes no era un jockey profesional. De hecho, aquella era su primera carrera, pese a que ya contaba con 35 años, la mayor parte de los cuales había sido entrenador de caballos de carreras y mozo de establo. Sin embargo, en esta ocasión había conseguido convencer a la señorita Frayling de que le permitiera montar a Sweet Kiss, y llevaba preparándose para la carrera varias semanas, sometido a un intenso entrenamiento y a una estricta dieta para perder peso.
Y contra todo pronóstico, Sweet Kiss ganó aquella carrera. Pero cuando la señorita Frayling y los comisarios de la carrera acudieron a felicitar al jinete, descubrieron consternados que Hayes estaba muerto. Al parecer, el jockey había sufrido un ataque al corazón en algún momento de la competición (posiblemente provocado por los esfuerzos físicos para ponerse en forma, unidos a la excitación del momento) pero su cuerpo se había mantenido sobre la silla y el caballo había continuado con el cadáver a cuestas hasta cruzar la línea de meta.
A pesar de no poder cumplir con la formalidad del pesaje, Hayes fue declarado ganador de la carrera. Fue enterrado tres días más tarde, vestido con su uniforme de jinete. Es el único caso conocido de una competición deportiva ganada por un muerto. En cuanto a Sweet Kiss, pese a haberse convertido en un caballo ganador no volvió a correr, ya que ningún jockey (que suelen ser bastante supersticiosos) quiso volver a montarlo, y de hecho acabó siendo conocido con el apodo de Sweet Kiss of Death (El dulce beso de la muerte).

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