Verba volant, scripta manent

jueves, 1 de enero de 2015

El gran robo de la Société Générale de Niza


Cuando Albert Spaggiari se alistó en el ejército francés en 1950, sin haber cumplido todavía los 18 años, lo hizo por los mismos motivos que muchos otros jóvenes de pasado problemático: en parte buscando enderezar su vida y en parte para librarse de la justicia. Nacido en Laragne-Montéglin en 1932 y huérfano de padre desde los tres años, se había criado en Hyères, donde su madre tenía una tienda de lencería. No tardó en empezar a meterse en líos, cometiendo pequeños robos (su primer delito dicen que fue robar un diamante para regalárselo a su entonces novia). Con dieciséis años se escapó de casa para intentar conocer al célebre bandido siciliano Salvatore Giuliano, al que admiraba, y con diecisiete, entró a formar parte del 3º Batallón de Paracaidistas de la infantería de marina, con el que fue desplegado en Indochina.

Albert Spaggiari (Laragne-Montéglin 14/12/1932-Belluno, 8/8/1989)
Durante la Guerra de Indochina, Bert, como le llamaban sus amigos, se distinguió en combate: fue herido en dos ocasiones y condecorado. Pero no logró librarse del todo de las malas costumbres: en 1953 fue arrestado por un robo cometido junto a un cómplice en el Milk Bar, un conocido burdel de Hanoi. En agosto de 1954 fue condenado a cinco años de trabajos forzados y veinte años de destierro de Indochina. En noviembre de ese año es enviado de vuelta a Francia y encarcelado en la prisión de Baumettes (Marsella). Durante su estancia en prisión asistiría a cursos de calderería y soldadura.
Gracias a la concesión de dos indultos salió de prisión en 1957 y retornó a Hyères, donde se casó en 1959 con una enfermera llamada Marcelle Audi. Poco después encontró trabajo en una empresa de cajas fuertes y se trasladó a Dakar (Senegal). Una de sus funciones era la de abrir cajas cuyos propietarios habían olvidado o perdido la combinación. Evidentemente, esa experiencia le iba a ser muy útil en el futuro.
En 1960 Spaggiari y su esposa volvieron a Francia y por esa época comenzó a colaborar con la OAS (Organisation de l'Armée Secrète), un grupo terrorista de extrema derecha opuesto a la independencia de Argelia, que consideraba al general De Gaulle un traidor. Muchos de sus componentes eran militares o ex-militares, y es posible que Spaggiari hubiera entrado en contacto con el grupo a través de alguno de sus antiguos compañeros de armas. Aunque el propio Bert diría en una entrevista que le habían encargado preparar un atentado contra De Gaulle, lo más probable es que no fuera más que un colaborador de poca importancia. No obstante, el 27 de febrero de 1962 fue arrestado en una imprenta clandestina de la OAS en Villefranche-sur-Mer y en su casa se hallaron armas y municiones, lo que le valió una condena de cuatro años de cárcel. De vuelta en Baumettes, aprovecharía su reclusión para escribir su primer libro: Faut pas rire avec les barbares (No se debe reir con los bárbaros).

Fotografía de la ficha policial de Spaggiari tras su arresto en 1962
Salió de prisión en 1967 y, aunque mantuvo sus simpatías por grupos nacionalistas, trató de llevar una vida normal. Se mudó a Niza y en 1968 abrió una tienda de fotografía. Incluso se hizo amigo de algunos políticos locales, gracias a que era un fotógrafo habitual de las bodas celebradas en el Ayuntamiento.
Spaggiari parecía haber sentado la cabeza. Tenía su estudio fotográfico en el céntrico boulevard René Cassin y vivía en una tranquila granja fuera de la ciudad a la que había llamado "Les Oies Sauvages" ("Los Gansos Salvajes"), nombre sacado de un célebre canto militar del ejército francés. Pero esta vida tranquila y respetuosa con la ley pronto le aburrió. En su interior seguía bullendo aquel carácter aventurero suyo y vio la oportunidad que estaba esperando un día que un concejal al que conocía, que trabajaba en el banco Société Générale, le comentó sin darle mayor importancia que el alcantarillado de la ciudad pasaba a escasa distancia de la caja acorazada de la sede local de la Société. En ese momento, en su mente se formó la idea, clara y definida, de robar esa cámara.
La bóveda subterránea de la entidad bancaria era una construcción realmente impresionante. Contaba con unas paredes de hormigón de casi dos metros de grosor y una puerta acorazada de más de veinte toneladas de peso. Tan seguros estaban de su invulnerabilidad los responsables del banco, que ni siquiera habían colocado en el interior mecanismo alguno de alarma. Para asegurarse de ello, Spaggiari recurrió a un ingenioso truco: alquiló una caja de seguridad en la cámara y guardó en su interior un potente despertador programado para sonar a medianoche. Nadie se dio cuenta de nada; una vez cerrada la puerta blindada, lo que ocurría en su interior era imposible de percibir por los que estuviesen fuera.
Bert comenzó entonces a reunir a un grupo de colaboradores. Nunca se supo cuántos eran o quiénes formaban parte de la banda, aunque se especula con que pudieron haber sido entre diez y quince hombres, entre ellos antiguos socios suyos, como el ex-miembro de la OAS Gaby Anglade o el estafador Jean Kay. También se rumoreó que había contado con la ayuda de Gaëtano "Tany" Zampa, un veterano mafioso marsellés, para prepararlo todo. Incluso se decía que había organizado una fuga para sacar de la cárcel a uno de sus cómplices, especialista en excavaciones, para que colaborara en el robo.
Tras estudiar el trazado de los túneles del alcantarillado, Spaggiari decidió que el punto ideal para comenzar a cavar era el túnel que discurría bajo la calle Gustave Deloye, frente al banco. El 7 de mayo de 1976 comenzaron los trabajos. Cada madrugada, la banda de Spaggiari entraba en los conductos del alcantarillado a través de un desagüe que daba a la parte cubierta del río Paillon, cerca del Palacio de Exposiciones de Niza. Luego, cargados con el equipo, recorrían tres kilómetros hasta el túnel, donde pasaban horas y horas de agotador trabajo excavando en el duro suelo de roca y tierra compacta. Un trabajo que, además, realizaban sin maquinaria, para no llamar la atención. Para asegurarse de que sus hombres no flaqueaban, Spaggiari les impuso un régimen espartano: nada de alcohol, nada de café, nada de trasnochar y diez horas de sueño al día.
La excavación tuvo que ser interrumpida durante varios días a principios de julio; el presidente francés, Valeri Giscard D'Estaing visitó Niza el día 9 y el amplio despliegue policial les hizo temer ser descubiertos. Pero el túnel ya estaba casi terminado; medía ocho metros de largo y estaba provisto de electricidad y ventilación.


El asalto definitivo a la cámara tuvo lugar el fin de semana del 16 al 19 de julio. El viernes 16, a las nueve y media de la noche, cuando el banco ya estaba cerrado, Spaggiari y sus hombres perforaron el último trozo de hormigón y se abrieron paso con sopletes de acetileno a través del muro de cajas de seguridad que cubría la pared de la cámara. Y una vez dentro de la cámara, empezaron metódicamente a reventar las cajas.
El saqueo duró todo el fin de semana. Tal era el aplomo y la confianza de los  ladrones, que Spaggiari se ausentó el sábado por la noche para ir a cenar con un amigo, y regresó trayendo comida (pan, vino, queso, paté) para sus hombres, que organizaron un improvisado picnic mientras continuaban su labor. Una a una, fueron abriendo cajas de seguridad, apropiándose del dinero y las joyas que contenían. Eso si, Spaggiari dio orden de no robar el contenido de aquellas que contenían menos de treinta mil francos; su acción iba contra el banco y los ricos y no quería robar por equivocación los ahorros de algún modesto trabajador. También encontraron numerosas fotografías comprometedoras de algunas de las personas más notables de la ciudad; fotografías que los ladrones pegaron en la pared de la cámara, para que pudieran ser vistas por cualquiera que entrara allí.


No hay una cifra exacta del dinero robado por la banda. Además de una importante cantidad de dinero y oro propiedad del banco, reventaron 371 de las 4000 cajas de seguridad de la cámara, y se calcula que pudieron llevarse entre 50 y 60 millones de francos de la época. A eso de las dos de la mañana del lunes 19, Spaggiari dio la orden de recogerlo todo y marcharse. Aunque hubieran podido permanecer en la cámara dos o tres horas más, aquel había sido un fin de semana lluvioso, el nivel del agua había subido bastante, y Bert temía que si el alcantarillado se inundaba tuvieran problemas para escapar. Más tarde admitiría que siempre le había pesado haber tenido que irse antes de tiempo.
Recogiendo lo imprescindible, dejando atrás lo innecesario, asegurándose de no dejar huellas en ninguna parte, Spaggiari y los suyos abandonaron la cámara. No obstante, el líder de la banda decidió dejar un último mensaje: con pintura roja, escribió en la pared Sans armes, ni haine, ni violence (Sin armas, ni odio, ni violencia). Cargaron el botín en un coche que les esperaba cerca de su entrada habitual y poco después, se repartían el botín en una villa cercana a Niza, propiedad de Emilia de Sacco, pareja de Spaggiari (quien se había divorciado de Marcelle tiempo atrás). Y luego cada uno tomó su camino.
El descubrimiento del audaz robo causó sensación en toda Francia. El robo del siglo o el gran robo de Niza fueron algunos de los apelativos que recibió. La Gendarmería francesa se lanzó de inmediato en busca de los responsables, sin éxito. No fue hasta unos meses después en que obtuvo su primera pista: Bert Spaggiari, durante un viaje a los Estados Unidos, se había ofrecido como agente a la CIA, y como parte de sus "méritos" había confesado tranquilamente ser el cerebro del robo de Niza. La CIA avisó a los franceses, pero estos no dieron crédito a las palabras de Spaggiari; éste no era uno de sus "sospechosos habituales", carecía de antecedentes en robos de tal magnitud y estaban seguros de que el robo era obra de una banda de ladrones veteranos y experimentados. Su único éxito fue encontrar una casa abandonada en Castagniers, a diez kilómetros de Niza, donde encontraron armas y ropas con tierra similar a la del subsuelo del banco; esa era la base de operaciones del grupo. Pero de sus componentes, ni rastro.
En el mes de octubre, la policía arrestó a Francis Pellegrin y Alain Bournat, dos veteranos delincuentes que trataban de vender en la Crédit Agricole de Roquefort-les-Pins varios lingotes de oro procedentes del robo. Al ser interrogados, ambos confesaron que Albert Spaggiari les había contratado.
Spaggiari, por su parte, seguía aparentando ser un simple fotógrafo de vida corriente. El 27 de octubre de 1976 fue arrestado en el aeropuerto de Niza al regresar de un viaje a Japón acompañando al mismísimo alcalde de la ciudad, Jacques Medecin. En su casa se hallaron numerosas armas y una elevada suma de dinero. Aunque en un principio negó tener nada que ver con el robo, más tarde cambió su versión admitiendo su participación y alegando que su objetivo era el financiamiento de un grupo de extrema derecha italiano llamado Catena (Cadena), de cuya existencia jamás se encontró prueba alguna. Aparte de eso, se negó a delatar a sus compañeros ni a revelar el destino del botín.
Spaggiari es encarcelado en el penal de Niza a espera de juicio. Pero no es su intención permanecer allí. El 10 de marzo de 1977, Spaggiari solicita ser llevado ante el juez Richard Bouazis, con la excusa de hacer una confesión. Al llegar al despacho del juez, le entrega unos bocetos y esquemas de la red de alcantarillado y la cámara del banco, con explicaciones de cómo había sido cometido el robo. Incluso, para explicarse mejor, se acerca a la mesa del juez para hacerle unas indicaciones. Y cuando se da la vuelta para volver a su asiento... súbitamente sale corriendo y salta por la ventana del despacho, situado en el segundo piso del juzgado, a unos siete metros de altura. Un Renault 6 aparcado junto a la acera amortigua la caída y Spaggiari, de inmediato, se sube a una motocicleta conducida por un cómplice que le estaba esperando y arranca de inmediato, despidiéndose con un corte de mangas del juez que, atónito, lo observa desde la ventana. Meses después, el propietario del automóvil recibiría un giro postal de 5000 francos en compensación por los desperfectos causados.


Spaggiari no volvería a ser capturado. El 23 de octubre de 1979 fue condenado en rebeldía a cadena perpetua, en un juicio en el que fueron condenados cinco de sus colaboradores: Francis Pellegrin, Alain Bournat, Daniel Michelucci, Gérard Vigier y Dominique Poggi, todos ellos veteranos delincuentes marselleses. Sin embargo, a ninguno se le pudo probar que fuera uno de los autores materiales del robo, y sus condenas fueron de ocho años de cárcel por cómplices.
Spaggiari pasaría el resto de su vida ocultándose, a menudo bajo el nombre falso de Romain Clément, en Sudamérica, España e Italia, aunque se sabe que, en ocasiones, volvía clandestinamente a Francia a visitar a su madre y a su novia. En 1978 se sometió a cirugía estética en Argentina para cambiar de aspecto. Ese mismo año publicó Les égouts du paradise (Las alcantarillas del paraíso), narrando muy detalladamente y con gran sentido del humor la preparación y realización del robo. En él, además, afirma que no se quedó con su parte del botín, sino que fue donada a "la gente oprimida de Yugoslavia, Portugal e Italia". El libro sería llevado al cine en 1979 en un filme dirigido por José Giovanni (un director con pasado criminal).
Aparentemente, también trabajó para algunas de las dictaduras militares sudamericanas de finales de los setenta, como la de Pinochet en Chile, la de Videla en Argentina y la de Alfredo Stroessner en Paraguay. Documentos desclasificados por la CIA en 2000 parecen confirmar sus vínculos con agentes de la DINA, la temible policía secreta pinochetista.

Spaggiari, en una de sus entrevistas televisivas
Durante el tiempo que estaba huido Spaggiari enviaba, de cuando en cuando, fotografías a los periódicos para seguir manteniendo la expectación sobre él; una consecuencia de su personalidad teatral y exhibicionista. También concedía de vez en cuando entrevistas a la prensa; causó cierta polémica su aparición en el programa de crítica literaria Apostrophes en 1983, con motivo de la publicación de su libro Le journal d'une truffe. La entrevista fue grabada en un hotel de Milán.
Albert Spaggiari murió el 8 de junio de  1989, en una granja de Belluno, en el norte de Italia, donde se escondía, a causa de un cáncer de garganta. Su cadáver fue llevado a casa de su madre en Hyères por Emilia de Sacco (que se había casado con Spaggiari poco antes de su muerte), aunque como transportar un cadáver sin permiso era un delito, se hizo correr el rumor de que habían sido varios antiguos socios del ex-paracaidista los que lo habían llevado de vuelta a Francia. Fue enterrado en su pueblo natal de Laragne.
El dinero robado del banco jamás se recuperó.


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