Verba volant, scripta manent

jueves, 15 de enero de 2015

Stephen Glass, el farsante

Stephen Glass

En 1995, la revista norteamericana The New Republic contrataba a un joven de 23 años llamado Stephen Glass, recién licenciado en la Universidad de Pennsylvania. Primero como un simple ayudante de edición, pero enseguida consiguió una oportunidad como articulista y empezó a publicar reportajes, destacando muy pronto como uno de los periodistas estrella de la publicación. Joven, brillante, audaz, sus reportajes destacaban por su pulso narrativo, ágiles, amenos, no exentos de humor, tratando temas de interés general.
Glass, nacido en Highland Park, una ciudad-dormitorio de Chicago, el 15 de septiembre de 1972, había sido editor del periódico del campus de la Universidad de Pennsylvania, The Daily Pennsylvanian. Dos sucesos destacaban en esa etapa: el robo de una edición entera del periódico, a manos de un grupo de estudiantes descontentos con su línea editorial, y el llamado "incidente del búfalo de agua" (una controversia sobre un alumno acusado de conducta racista por llamar "búfalos de agua" a un grupo de alumnas afroamericanas), que atrajo la atención de los medios nacionales sobre el campus y le permitió a Glass establecer sus primeros contactos con el mundo del periodismo profesional.
A la vez que trabajaba para The New Republic, Glass también escribía artículos para otras conocidas revistas, como Rolling Stone, Harper's Magazine, George o Policy Review. Su éxito fue tal que con 25 años ya había sido ascendido a editor asociado. Sin embargo, algunos de sus compañeros albergaban dudas sobre sus trabajos. Incluso el propietario de TNR, Martin Peretz, reconoció más tarde que su propia esposa había dejado de leer los reportajes de Glass porque los consideraba poco creíbles.
Estas sospechas se vieron fortalecidas cuando la revista comenzó a recibir quejas de algunas de las personas mencionadas por Glass en sus reportajes. En diciembre de 1996, Glass publicó un artículo titulado "Hazardous to Your Mental Health"en el que criticaba muy duramente a una organización de consumidores llamada Centre for Science in Public Interest (CSPI), que defendía mayores controles sanitarios sobre los productos alimentarios, a los que Glass tachaba de alarmistas y fanáticos. La CSPI envió a la revista una carta en la que señalaba las múltiples incorrecciones en las que Glass había incurrido, e incluso sugiriendo un posible plagio. En su artículo "Don't You D.A.R.E.", publicado en marzo de 1997, Glass cargaba contra el llamado Drug Abuse Resistance Education (D.A.R.E.), un programa educativo que perseguía reducir el consumo de drogas y la criminalidad entre los adolescentes. La organización responsable del programa acusó al periodista de mentir. Poco después, Joe Galli, del Comité Nacional Republicano, y David Keene, de la Unión Conservadora Americana, escribieron sendas cartas de protesta acusando a Glass de inventarse el contenido de su artículo "Spring Breakdown", en la que describía toda una serie de conductas inapropiadas (que incluían borracheras y prostitutas) durante la celebración de una convención de políticos conservadores. Y una conferencia del expresidente norteamericano George Bush en la Universidad de Hofstra fue el origen de un artículo titulado "Peddling Poppy" que suscitó una carta de protesta de la Universidad en la que se enumeraban los numerosos errores cometidos por Glass. En todos estos casos, la revista respondió cerrando filas y respaldando a su periodista, pero la acumulación de reclamaciones acabó por minar la credibilidad de Glass.

Portada del ejemplar del 18 de mayo de 1998 de "The New Republic"
El caso que dio la puntilla a la carrera de Stephen Glass fue el de su artículo "Hack Heaven", publicado en el ejemplar del 18 de mayo de 1998. Era la historia de Ian Restil, un hacker de tan sólo 15 años que, tras colarse en el sistema informático de una empresa de software llamada Jukt Micronics, había sido contratado por ésta como experto en seguridad. El artículo llamó la atención de Adam Penenberg, reportero de la revista Forbes, quien llevado por la curiosidad se puso a investigar los hechos allí narrados, pero fue incapaz no ya de confirmarlos, sino de probar que la empresa o las personas mencionadas en él fueran reales. Cuando Penenberg comunicó los resultados de su investigación a la revista, Glass se defendió diciendo que había sido engañado. Pero Charles Lane, director de TNR, viajó con él al hotel Wyatt de Bethesda (Maryland), y descubrió que el día que según Glass se habían reunido allí Restil y los directivos de Junk Micronics, la sala en que se habría producido tal reunión había estado cerrada. Glass no pudo aportar ninguna prueba de la existencia de Junk Micronics más que una página web de aspecto sospechosamente burdo para una empresa de informática (según se sabría más tarde, él mismo la había creado) y un número de teléfono de California que resultó ser el de su hermano, que estudiaba en la Universidad de Stanford. Ante esto, Lane decidió despedir a Glass y ordenar una exhaustiva revisión de todos y cada uno de los trabajos publicados por él en los tres años que había trabajado para la revista.
Los resultados de la auditoría fueron demoledores. De los 41 artículos publicados por Glass en The New Republic, 27 contenían datos inventados. Algunos mezclaban datos reales con otros ficticios, otros como "Hack Heaven" eran completas invenciones. De los otros 14, Lane creía que seguramente también contenían falsedades, pero no habían logrado demostrarlo. Los demás artículos que Glass escribió para otros medios también fueron revisados; no se pudo confirmar que fueran falsos pero la mayoría de ellos contenían informaciones que no se pudieron verificar por tratarse de fuentes anónimas.
Tras dejar el periodismo, Glass se licenció en derecho magna cum laude por la Universidad de Georgetown. No obstante, pese a aprobar el reglamentario examen el Comité de Abogados de Nueva York no le concedió permiso para ejercer la abogacía en el estado, dados sus antecedentes. En 2003, a la vez que Glass publicaba The Fabulist, una novela autobiográfica, su historia era llevada al cine en la película El precio de la verdad (Shattered Glass, Billy Ray), protagonizada por Hayden Christensen. También en 2003 hizo un breve regreso al periodismo con un artículo publicado en Rolling Stone sobre las leyes canadienses relativas al consumo de marihuana.


Posteriormente, Glass se mudó a Los Ángeles, donde trabajó como asistente en un despacho de abogados, y también formó parte de una compañía de actores cómicos llamada Un-Cabaret. En 2009, solicitó el permiso para ejercer la abogacía en California, que le fue de nuevo denegado por no ajustarse a los "requisitos éticos requeridos por el Colegio de Abogados de California". En los años siguientes presentó varias alegaciones y recursos ante distintos tribunales contra esa decisión. La última de esas resoluciones, emitida por el Tribunal Supremo de California en enero de 2014, concluye que Glass no ha demostrado haberse reformado y, por lo tanto, confirma la decisión del tribunal examinador de no permitirle ejercer como abogado en California.
El pasado 10 de noviembre, Stephen Glass volvió a las páginas de The New Republic, no como periodista sino como entrevistado. En un amplio reportaje, Glass pide disculpas por sus actos a la revista y a sus lectores, y habla de su vida antes, durante y después del escándalo.
http://www.newrepublic.com/article/120145/stephen-glass-new-republic-scandal-still-haunts-his-law-career

martes, 13 de enero de 2015

La riada de cerveza de Londres

La cervecera Henry Meux & Co. (c. 1810)

A principio del siglo XIX, la parroquia de St. Giles, en lo que hoy es el municipio de Camdem, era una de las zonas más pobres del área metropolitana de Londres. En los barrios que la formaban campaban a sus anchas la pobreza y la miseria, y en algunos de ellos, como The Rookery o Seven Dials, florecían el crimen y la prostitución. Veinte mil personas, buena parte de ellas católicos de origen irlandés, vivían allí en condiciones deplorables, a menudo hacinadas en casas viejas llenas de grietas y humedades.
En St. Giles también estaba la Henry Meux and Company Brewery, sita en Bainbridge Street, al lado mismo de la Tottenham Court Road (que hoy en día es una de las principales calles de Londres). Se trataba de una gran empresa cervecera cuyos orígenes se remontaban a una taberna fundada en 1623 que había dado paso a una fábrica de cerveza a gran escala en 1764 (con el nombre de Horse Shoe Brewery) y que había sido comprada por Henry Meux en 1809. Era la quinta mayor cervecería de Londres y producía cada año más de 100000 barriles (un barril equivalía a 136'27 litros) de cerveza porter. Fue esta fábrica de cerveza la causante de una de las más insólitas tragedias de las que se tienen noticia.


El 17 de octubre de 1814, a eso de las 4 y media de la tarde, George Crick, secretario del almacén, se dio cuenta de que uno de los grandes aros de hierro que ceñían una enorme tina de madera donde fermentaban más de 600000 litros de cerveza se había desplazado de su posición. Crick no le dio mucha importancia; llevaba 17 años trabajando en la compañía y lo había visto más veces. Advirtió de ello al gerente, al cual tampoco le preocupó en demasía y le recomendó que se lo comunicara a un empleado para que lo arreglase más tarde.
A eso de las cinco y media de la tarde, cuando Crick estaba en su oficina, en la parte alta de la fábrica, oyó de repente una explosión como nunca antes había oído. Debido a un exceso de presión interna, provocado por los gases de la fermentación, y al mal estado en el que se encontraba, la enorme tina había estallado. La explosión destrozó también otra enorme tina situada al lado de la afectada, que también dejó escapar miles y miles de litros de cerveza, y la riada resultante provocó una reacción en cadena que reventó varios toneles más. Se calcula que en total se liberaron de golpe en torno a 323000 galones imperiales de cerveza (aproximadamente millón y medio de litros). Un torrente de cerveza que llegó a superar los tres metros de altura se desbordó por las callejuelas aledañas, arrasando cuanto hallaba a su paso. Sin alcantarillado, sin sistemas de drenaje, la oleada inundó casas y negocios, provocando incluso el derrumbamiento de varias de las edificaciones más endebles, dejando a su paso un reguero de muerte y destrucción. Los propios habitantes del barrio se lanzaron al rescate de las víctimas, removiendo los escombros. Pero para algunos ya era demasiado tarde. Ocho personas habían muerto ahogadas o a causa de las heridas provocadas por los derrumbes. En un sótano en el que se estaba velando a un niño de dos años muerto el día anterior se ahogaron cinco personas: Ann Saville (la madre del niño), Elizabeth Smith, Catherine Butler, Mary Mulvey y el hijo de ésta, Thomas, de sólo tres años de edad. Hannah Banfield, de cuatro años, fue arrastrada por la corriente mientras tomaba el té con su madre. Eleanor Cooper, de 15 años, murió aplastada al derrumbarse un muro del Tavistock Arms Pub, donde trabajaba como camarera. Sean Duggins, vecino del barrio, también murió ahogado (fue el único varón adulto de entre las víctimas).
De inmediato se abrió una investigación sobre lo sucedido. Sólo dos días después de la tragedia se formó un jurado encargado de desentrañar las causas del accidente y sus responsables. Tras visitar el lugar de los hechos y escuchar los testimonios de vecinos y empleados de la cervecería, el jurado sorprendentemente concluyó que se había tratado de un "acto de Dios", un suceso imprevisible y fortuito del que nadie tenía la culpa, y que por lo tanto la cervecera quedaba exenta de pagar los daños producidos y de indemnizar a las víctimas y sus familias.
Pese a librarse de pagar, la cervecera había quedado en una complicada situación económica: las pérdidas, sumando el valor de la cerveza perdida y los daños en sus instalaciones, ascendían a más de 23000 libras. En su ayuda acudió el Parlamento británico, que pese a que no había tomado medidas para ayudar a los afectados (hasta el punto de que los entierros de las víctimas se pagaron gracias a las aportaciones de los vecinos de St. Giles) si que se movió para echar una mano a la Meux, devolviéndole 7250 libras de los impuestos y tasas de la cerveza perdida, que había pagado por adelantado. Esa inyección económica salvó a la empresa de la bancarrota,
La Meux desapareció en 1964, cuando fue adquirida por la Allied Breweries (por aquel entonces, tras varias fusiones, se llamaba Friary Meux). La factoría de Bainbridge Street fue demolida en 1922; hoy en día el Dominion Theatre ocupa parte del espacio donde se encontraba.

domingo, 11 de enero de 2015

La batalla de Tigranocerta


Mitrídates VI Eupator (el Grande) , rey del Ponto, en Asia Menor, había heredado de su padre Mitrídates V Evergetes la ambición y el afán de conquista de nuevos territorios. Pero mientras Mitrídates V había sido un buen aliado de Roma, a su revoltoso hijo no le importaba agrandar sus posesiones con tierras conquistadas a sus vecinos, como Bitinia y Galatia, que por aquel entonces eran protectorados romanos. Estas acciones molestaban sobremanera a los romanos, pero lo que verdaderamente colmó la patientia de Roma fue la campaña que en el 88 a. C. llevó a cabo por la península de Anatolia. Bitinia, Galatia, Capadocia y la provincia romana de Asia (lo que vendría a ser la mitad occidental de la Turquía de hoy) fueron arrasadas y saqueadas, y 80000 ciudadanos romanos, pasados por las armas.

Mitrídates VI (132-63 a.C.)
De inmediato, los romanos enviaron tropas para combatir a Mitrídates, quien contaba con el apoyo de su yerno, Tigranes II (también llamado el Grande), rey de Armenia. Un ejército romano, al mando del cónsul Lucio Cornelio Sila, desembarcó en Grecia para combatir a las polis que se habían posicionado a favor del rey del Ponto (especialmente, Atenas, que fue sitiada y conquistada) y derrotó a las tropas de Arquelao, comandante de los ejércitos de Mitrídates, en Queronea (86 a.C.), a la vez que Lucio Licinio Lúculo, legado de Sila, derrotaba a la flota pontina en Ténedos. Mientras, un ejército romano a las órdenes de Cayo Flavio Fimbria derrotaba a los ejércitos de Mitrídates a orillas del río Rhyndacus, en el noroeste de Anatolia, cerca del mar de Mármara. Forzado a negociar, Mitrídates firmó en el 85 a. C. el Tratado de Dárdanos, por el que se veía obligado a devolver todos los territorios ocupados y a pagar una indemnización de dos mil talentos, aunque conservaba su reino. A este enfrentamiento se le llamó la Primera Guerra Mitridática.
La Segunda Guerra Mitridática fue breve (apenas dos años, entre el 83 y el 81 a. C.) y de escasa relevancia. El general romano Lucio Licinio Murena, legado de Sila, invadió el Ponto y atacó a Mitrídates con la excusa de que estaba reorganizando su ejército para volver a atacar a los romanos; pero, tras la victoria de Mitrídates, Murena se retiró a territorio romano.
La Tercera Guerra Mitridática (74-65 a. C.)  estalló en el 74 a. C. y tuvo como desencadenante la muerte del rey de Bitinia Nicomedes IV. Éste, en su testamento, legaba su reino a Roma; pero Mitrídates, con la excusa de que el testamento era falso, invadió Bitinia. Por aquel entonces Roma estaba ocupada con sus propios problemas internos; las luchas entre el partido de los aristócratas y el de los populares y las sucesivas dictaduras de Cayo Mario y Lucio Cornelio Sila habían provocado un abundante derramamiento de sangre y el caos y la confusión reinaban en las instituciones romanas. Por si fuera poco, un antiguo pretor llamado Quinto Sertorio se había sublevado en Hispania y llevaba años combatiendo a las tropas enviadas por Roma. Por todo ello, los romanos tardaron en reaccionar y Mitrídates no encontró al principio demasiada oposición. Casi un año después, por fin, Roma envió tropas a Asia al mando de dos generales que acababan de cesar como cónsules: Lucio Licinio Lúculo, el que había combatido a Mitrídates a las órdenes de Sila quince años atrás, y Marco Aurelio Cotta. Lúculo llegó a Asia y organizó, con sus tropas y las legiones que encontró allí, un ejército de treinta mil soldados y dos mil quinientos jinetes.

Tetradracma de plata con la efigie de Tigranes II
Al principio, Mitrídates llevaba la iniciativa. Tras derrotar al ejército de Cotta y hundir su flota, lo obligó a refugiarse tras los muros de Calcedonia, A continuación, sitió la ciudad de Cícico, en Anatolia. Lúculo, hábil estratega, no se enfrentó a él de inmediato; permaneció a cierta distancia, hostigando a sus tropas y atacando sus líneas de abastecimiento. Y cuando la escasez de alimentos forzó a las tropas del Ponto a retirarse, Lúculo los atacó y exterminó a quince mil de ellos, persiguiéndolos en su desordenada huida y destrozando una y otra vez su retaguardia. Pero no se detuvo ahí; siguió avanzando, invadió el Ponto, destruyó la flota de Mitrídates en dos grandes batallas navales en Ilium y Lemnos, y ocupó la mayor parte de su reino, forzando al rey a refugiarse en Cabeira, una fortaleza en las agrestes montañas del norte, con buena parte de su ejército. Durante un tiempo, Lúculo dejó tranquilo a Mitrídates y se encargó de pacificar el territorio ocupado. Pero cuando intentó el asalto a Cabeira, hubo de retirarse sin conseguirlo. Poco después, en el 72 a. C., parte del ejército real cayó derrotado en una batalla contra tropas romanas y Mitrídates juzgó oportuno retirarse más al norte. Pero la retirada se hizo de manera desorganizada y la caballería romana aprovechó la ocasión para caer sobre ellos. Mitrídates se vio obligado a huir y buscar refugio en la corte de Tigranes II, quien se negó a entregarlo cuando los romanos lo reclamaron. Lúculo esperó tres años, que empleó en sofocar los últimos reductos de resistencia en el Ponto y en poner orden en las finanzas de la provincia de Asia. Y cuando tuvo sus asuntos en orden Lúculo optó por un audaz golpe de mano, y al frente de un pequeño ejército, cruzó el Éufrates y el Tigris e invadió Armenia.

Licio Licinio Lúculo (118-56 a. C.)
Lo cierto es que la estrategia de Lúculo era muy arriesgada. Con él llevaba apenas 24000 infantes y 15000 jinetes, mientras que el ejército armenio y sus aliados y vasallos rondaban el cuarto de millón de soldados. Al principio, Tigranes se sorprendió de la incursión y se lo tomó a broma, diciendo que aquellos romanos eran "muy pocos para ser un ejército, pero demasiados para ser una embajada". Sin darle mayor importancia, envía contra ellos a un ejército de 3000 hombres, que es exterminado sin problemas por los romanos. Un segundo contingente, más numeroso, sufre la misma suerte poco después. Lúculo avanza con rapidez por territorio enemigo, y antes de que Tigranes logre reaccionar, se presenta a las puertas de la capital, Tigranocerta. Tigranes huye con su familia para reunirse con sus tropas, que se estaban concentrando en el interior, mientras Lúculo sitia la ciudad.
Tigranes no tarda en regresar al frente de su imponente ejército: 25000 armenios y 80000 aliados georgianos, medas, asirios y kurdos. Lúculo no vacila; dejando 6000 hombres atrás para mantener el sitio de la capital, acude al encuentro de Tigranes. Ambos ejércitos se encuentran, cada uno en una orilla del río Batman-Su; Tigranes se coloca en el centro de la formación con sus tropas; en ambos flancos, las tropas de los reyes vasallos; tras los armenios, una colina; y en primera línea de batalla, el orgullo de Tigranes, sus divisiones de catafractos, caballería pesada en la que tanto las monturas como los jinetes llevaban una sólida armadura. Frente a ellos, los romanos, un tanto dubitativos; los supersticiosos soldados se muestran reacios a presentar batalla. Es el 6 de octubre del 69 a. C., el 36º aniversario de la derrota de Arausio, en la que un ejército romano de 120000 hombres había sido exterminado por las hordas de cimbrios y teutones, y los legionarios lo consideran un pésimo augurio. Lúculo desprecia sus temores: Yo haré de este un día glorioso para Roma. Ordena a parte de su infantería dar un rodeo para cruzar el río por un vado cercano. Tigranes ve este movimiento, pero cree equivocadamente que los romanos se retiran. Para evitar el ataque de los catafractos, Lúculo ordena a su caballería de tracios y galos que los hostiguen para distraerlos. Y así, tras cruzar el río, dos cohortes (1200 hombres) rodean el ejército armenio y suben la colina en la retaguardia del enemigo, para luego descender a la carrera, para así minimizar los daños causados por los arqueros, y caer sobre los sorprendidos armenios. Lúculo dirige personalmente el ataque, al grito de ¡El día es nuestro, mis compañeros soldados!. El ejército armenio se sume en el caos. Los catafractos intentan sumarse al combate pero sólo logran aumentar la confusión entre sus filas. Los auxiliares del ejército armenio no tardan en huir. La batalla deriva en una espantosa matanza.
Es difícil hacer un cálculo aproximado de las cifras definitivas de la batalla. Plutarco, en sus Vidas paralelas, exagera notablemente los números para aumentar la gloria de las tropas romanas. Así, dice que se midieron 12000 romanos frente a más de 220000 armenios, aunque seguramente fueron más bien 30000 frente a 100000. También dice que los romanos tuvieron solamente cinco muertos y un centenar de heridos, frente a más de 100000 muertos armenios, algo difícil de creer. Pero a pesar de la exageración, parece claro que hubo una enorme desproporción entre las bajas de ambos contendientes, y que las disciplinadas y experimentadas legiones romanas provocaron una terrible carnicería entre los armenios, que perdieron como mínimo 10000 hombres.


Tigranes se dio a la fuga abandonando incluso su equipaje, que quedó como botín de guerra para los romanos. Tigranocerta no tardó en caer; desguarnecida y sin posibilidad de recibir auxilio, se rindió a los romanos. Éstos saquearon la ciudad y la incendiaron, pero no se cebaron con la población, que pudo escapar y volver a sus lugares de origen (la mayoría de los habitantes habían sido obligados a instalarse allí cuando Tigranes construyó la ciudad). Por orden de Lúculo cada legionario recibió 800 dracmas del tesoro real, que suponían el equivalente a casi cuatro años de sueldo.
A pesar de la contundente victoria romana, la guerra continuó. Tigranes se retiró a la antigua capital, Artaxata, donde reorganizó los restos de sus ejércitos para seguir combatiendo. Lúculo volvió a derrotarlo cerca del río Arsanias, pero tuvo que enfrentarse a un motín entre sus propias tropas, hartas de combatir sin descanso en regiones hostiles (muchos de aquellos legionarios ya habían sobrepasado con creces su tiempo de servicio, que eran veinte años, y querían ser licenciados). Además, Lúculo, distante y poco comunicativo, no se había ganado el aprecio de sus soldados, pese a su generosidad.
El general romano se dirigió entonces al sur, donde conquistó Nisibis, defendida por Gouras, hermano de Tigranes, y allí acantonó sus tropas. Pero en el 67 a. C. estalló entre ellas un nuevo motín y los soldados se negaron a combatir, lo que fue aprovechado por Mitrídates y Tigranes para reconquistar la mayor parte de sus reinos. Finalmente, el Senado romano depuso a Lúculo y dio el mando de sus tropas a Cneo Pompeyo Magno, quien llegó al frente de su propio ejército. ya en el año 66 a. C. y derrotó sin demasiados problemas a Mitrídates y Tigranes. Mitrídates huyó al Reino del Bósforo, donde reinaba su hijo Macares, al que hizo asesinar por haberse aliado con los romanos. Intentó organizar un nuevo ejército para combatir a Pompeyo, pero otro de sus hijos, Farnaces II, se rebeló contra él y lo forzó a suicidarse. En cuanto a Tigranes, tras rendirse a Pompeyo, éste le permitió conservar parte de su antiguo reino a cambio de una compensación de 6000 talentos de plata. Reinó pacíficamente hasta su muerte, el 55 a. C., a los 85 años de edad, con la consideración de "amigo y aliado de Roma". El Ponto y parte de Armenia pasaron a ser provincias romanas.

viernes, 9 de enero de 2015

¿Sabías que...

-... en 1971, para demostrar que sus compañeros del Parlamento de Texas no se leían las resoluciones que votaban, el parlamentario texano Tom Moore jr. logró que se aprobara una resolución elogiando públicamente a Albert de Salvo por su incansable labor "en los campos del control de población y la psicología aplicada"? Albert de Salvo, conocido como "el Estrangulador de Boston", fue un asesino en serie responsable del asesinato de trece mujeres entre 1962 y 1964.
-... en Finlandia el importe de las multas de tráfico se calcula en función del sueldo del infractor? Un ejecutivo de Nokia llamado Anssi Vanjoki recibió una sanción de 116000 euros por un exceso de velocidad de 25 km/h.
-... en 1835 un hombre intentó asesinar al presidente de los EEUU Andrew Jackson, disparándole con dos pistolas? Pero ambas pistolas fallaron y Jackson, que por entonces tenía 68 años, redujo al atacante golpeándolo con su bastón hasta casi matarlo.
-... la legendaria película Casablanca estuvo a punto de tener una secuela, no en una sino en dos ocasiones? El primer proyecto, originado poco después del estreno del filme, se iba a titular Brazzaville. El segundo, ya en los años ochenta, iba a centrarse en un supuesto hijo de Ilsa y Rick.
-... la canción 7 Minutes in Heaven, del grupo Fall Out Boy, está inspirada por el intento de suicidio del bajista del grupo, Pete Wentz?
-... el motor de aviación Rolls Royce Merlin V12 generaba tal cantidad de gases de combustión que a los ingenieros les bastó dirigir ese flujo de gases hacia la parte posterior (en lugar de a los lados, como en un principio) para que los aviones Spitfire ganaran 10 mph más de velocidad?
-... uno de los principales colaboradores en la redacción del Oxford English Dictionary (cuyas definiciones fueron redactadas en buena parte por voluntarios) fue William Chester Minor, un médico militar norteamericano que por aquel entonces estaba ingresado en un sanatorio mental?
-... el explosivo plástico C4 es tan estable que puede recibir un disparo, ser introducido en un microondas e incluso arrojado al fuego sin que haga explosión?
-... para sufragar la participación de sus 82 atletas en las Olimpiadas de Los Ángeles 1932, el gobierno brasileño cargó en el buque de la marina que los llevaba 55000 bolsas de café, que fueron vendiendo por los puertos en los que hacían escala?
-... Wolfgang Amadeus Mozart compuso un canon con el título Leck mich im Arsch, que significa literalmente "Bésame el culo"?
-... todos los actores que interpretaban a la banda de delincuentes protagonista de Reservoir dogs habían estado en la cárcel en la vida real?
-... Tritón, satélite de Neptuno, es la única entre las grandes lunas del Sistema Solar que tiene una órbita retrógrada , es decir, que gira en sentido opuesto al sentido de giro del planeta? Es un indicativo de que se trata en realidad de un objeto capturado por la atracción gravitatoria de Neptuno.

miércoles, 7 de enero de 2015

El soldado William Windsor


En el año 2001, la reina Isabel II presidió la incorporación de un nuevo recluta al 1º batallón (los Reales Fusileros de Gales) del regimiento de infantería Royal Welsh. Un recluta un tanto peculiar llamado William Windsor, que a pesar de su apellido no tenía parentesco (que se sepa) con la familia real británica. La singularidad del recluta Windsor consistía fundamentalmente en que no es humano, sino una cabra.
Aunque desde el siglo XVIII hay constancia de la presencia de cabras acompañando a las tropas británicas, fue en 1844 cuando comenzó la tradición de los Fusileros Galeses de tener una cabra procedente del rebaño real entre sus filas. Una costumbre que inició la mismísima reina Victoria y que, a pesar de que ha habido periodos en los que no se ha mantenido, ha llegado hasta nuestros días.
Además, William Windsor procede de una egregia estirpe: es una cabra de Cachemira que desciende de un rebaño de estos animales que el shah de Persia Mohammad Shah Qajar regaló en 1837 a la reina Victoria con motivo de su ascenso al trono británico. La manada fue instalada en Llandudno (Gales), donde aún siguen viviendo sus descendientes, aunque por el crecimiento del rebaño parte de él se ha repartido a lo largo del tiempo por otras localizaciones de Gran Bretaña. Precisamente, William Windsor nació en el zoológico de Whipsnade, en Bedfordshire.
Pero Billy (como es conocido entre sus camaradas soldados) no es una simple mascota, sino que fue inscrito en el rol del regimiento con el número 25232301 y el rango de soldado de primera. Durante el tiempo que sirvió en el ejército, Billy Windsor se movilizó con su regimiento en todos sus desplazamientos y participó en todas las ceremonias y desfiles en las que intervinieron los Fusileros, siempre encabezando la marcha. Hasta tenía asignado un cuidador que recibía el título de "Goat Major" (algo así como "especialista en cabras"). En su ración diaria se incluía la cerveza (tradicionalmente se consideraba buena para la salud de las cabras) y un par de cigarrillos (aunque en lugar de fumárselos, se los comía).


Su hoja de servicio sería ejemplar de no ser por un pequeño "incidente" que protagonizó el 16 de junio de 2006. Ese día, durante un desfile en la base militar de Episkopi (Chipre) para celebrar el 80º cumpleaños de Isabel II, el soldado Billy Windsor se mostró rebelde e indisciplinado, negándose a desfilar e incluso intentando cornear a uno de los tamborileros del regimiento. Esta actuación, estando presentes destacadas personalidades como varios embajadores y el comandante de las fuerzas de la ONU en Chipre, le llevó a ser acusado de mal comportamiento, falta de decoro y de desobedecer las órdenes de un superior, siendo degradado a soldado raso. Algo que le llevó a perder parte de sus privilegios, como por ejemplo que el resto de soldados tuvieran que ponerse firmes en su presencia, como cuando era un soldado de primera. Pero pasados tres meses, su oficial superior, el teniente coronel Huw James, decidió que la cabra había tenido tiempo suficiente para reflexionar sobre sus actos y Billy fue restituido a su anterior rango, tras participar el 20 de septiembre en el desfile del Alma Day, en conmemoración de una victoria de los regimientos galeses durante la Guerra de Crimea.
El 20 de mayo de 2009, tras ocho años de leal servicio a la reina, Billy fue licenciado con honores por motivos de edad. Los soldados del batallón, como muestra de respeto, formaron un pasillo desde el corral de Billy hasta el camión que lo llevó al zoo de Whipsnade donde había nacido y donde continúa disfrutando de su bien ganado retiro. Fue relevado por una cabra procedente del rebaño original de Llandudno, que recibió el nombre de William Windsor II, alistado con el número de identificación 25142301.

lunes, 5 de enero de 2015

El misterio del L-8


Después del ataque japonés contra la base hawaiana de Pearl Harbor, las autoridades militares de los Estados Unidos se encontraron con que debían vigilar sus casi 20000 kilómetros de costa en previsión de nuevos ataques o incluso un desembarco, pero para ello necesitaban un número elevadísimo de barcos y aviones del que no disponían. Por eso, movilizaron todas las unidades que pudieron, incluidas algunas que parecían decididamente obsoletas, como los dirigibles.
Por aquel entonces, la U. S. Navy disponía de sólo ocho dirigibles de helio a su disposición. Mientras la empresa Goodyear fabricaba más (proporcionaría a la Marina otros 150 dirigibles entre 1942 y 1945), aquellos ocho fueron enviados inmediatamente a patrullar las costas. Cuatro, de la clase K, fueron asignados a la base de Lakefield (Nueva Jersey) y otros cuatro, de la clase L, a la de Moffet Field (California). Al final de la guerra, los dirigibles de la Marina sumaban 37000 misiones (fundamentalmente, de patrulla antisubmarinos y de escolta de convoyes cerca de la costa), con casi 400000 horas de vuelo.
La mañana del domingo 16 de agosto de 1942, uno de aquellos dirigibles, el L-8 (un antiguo dirigible publicitario que la Goodyear había cedido a la Marina), partió del aeródromo de la isla Treasure (dependiente de la base de Moffet Field), en la bahía de San Francisco. La tripulación estaba formada por dos hombres: el teniente Ernest Dewitt Cody y el alférez Charles Ellis Adams. Ambos tenían experiencia pilotando dirigibles y el L-8 había llevado a cabo ya un buen número de misiones, sin que hasta entonces hubiera dado problemas. El mecánico J. Riley Hill se había encargado de ponerlo a punto sin encontrar ningún defecto. El recorrido que debían seguir en busca de posibles submarinos enemigos iba de isla Tresaure hasta el archipiélago rocoso de las Farallon y luego hasta Point Reyes, para luego dirigirse al sur hacia Montara y de allí, de nuevo a la isla Treasure. El recorrido debía durar unas cuatro horas y media, y debían repetirlo por la tarde, después de repostar.


El L-8 partió de Treasure a las seis de la mañana y a eso de las 7:50 hizo su primera y última comunicación con la base, informando de que estaban investigando una mancha de aceite a cinco millas al este de las islas Farrallon. Durante algo más de una hora, el dirigible exploró la zona en círculos, como atestiguaron más tarde las tripulaciones de dos barcos que pasaban cerca: un barco pesquero llamado Daisy Grey y un carguero artillado de la clase Liberty, el SS Albert Gallatin. Posiblemente, estaba buscando submarinos enemigos utilizando su MAD o Magnetic Anomaly Detector, un magnetómetro capaz de detectar grandes masas de metal bajo el agua, aunque su precisión dejaba bastante que desear.
A eso de las nueve de la mañana, el L-8 cesó su búsqueda, pero en lugar de seguir hacia el norte, hacia Point Reyes, como tenía previsto, se dirigió de vuelta hacia San Francisco. Sobre las 10:30, la base trató de ponerse en contacto con el dirigible, sin conseguirlo. Su posición fue comunicada a las 10:49 por un avión de la Pan Am que se dirigía a San Francisco; a las 10:53 por un caza P-38 Lightning; y a las 11:00, por otro avión de la Marina. Poco después, varios testigos le vieron variar repentinamente de rumbo y elevarse hasta perderse entre las nubes.
Algo más tarde, el dirigible reapareció cerca de la autopista que bordea la costa. Pero ahora, el dirigible se mostraba parcialmente desinflado ("con forma de V", dirían los testigos) y su navegación era errática. Un marinero de permiso llamado Richard Quam, que se dirigía en su coche a pasar el día en la playa, le sacó una fotografía.


Poco después, el dirigible sobrevoló la playa de Ocean Beach, sin rumbo, empujado por el viento, volando a muy baja altura. Dos bañistas trataron de detenerlo tirando de las cuerdas que colgaban de la góndola del globo, pero pesaba demasiado y no fueron capaces de detener su avance. Tras golpear las dunas de la playa y rebotar varias veces contra el suelo en un campo de golf cercano (sufriendo diversos daños), pareció detenerse. Pero una repentina ráfaga de viento lo hizo elevarse una vez mas e internarse en las calles de Daly City, una ciudad a apenas 15 kilómetros de San Francisco, donde tras golpear varios tejados y líneas eléctricas, acabó estrellándose en plena Bellevue Avenue.


La primera persona en llegar al lugar del accidente fue William Morris, un bombero voluntario que vivía justo enfrente de donde se había estrellado el dirigible y que corrió a ayudar a la tripulación. Pero al llegar junto al aparato estrellado, se llevó una sorpresa al ver que la góndola tenía las puertas abiertas y no había nadie en ella. De inmediato el cuerpo de bomberos voluntarios de Daly City, con numerosos colaboradores espontáneos, empezaron a buscarlos. Recorrieron el camino seguido por el L-8 desde que llegó a tierra, temiendo que hubiesen caído al vacío, e incluso rasgaron el globo por si de alguna manera los tripulantes habían quedado atrapados en su interior. Pero no obtuvieron resultado alguno; no había rastro de Cody ni Adams. En el interior del aparato, todo parecía estar en orden. Los libros de códigos y señales estaban en su sitio, igual que los paracaídas, la balsa de emergencia y las armas (una pistola, una ametralladora Browning y dos cargas de profundidad Mark 17, por si localizaban algún submarino). Incluso varios documentos clasificados que Cody había llevado a bordo seguían allí. Faltaban, eso si, dos chalecos salvavidas, pero no era extraño; en misiones en las que se sobrevolaba el mar era corriente que los miembros de las tripulaciones los llevaran puestos. E igualmente se echaron en falta dos bombas de humo para señalizar objetivos en el mar, que debían usarse en caso de que fuera necesario indicar el lugar de avistamiento de algún objetivo. El equipo de radio y los altavoces externos funcionaban perfectamente.

El teniente Cody y el alférez Adams
De inmediato, se organizó una misión de búsqueda a lo largo de la costa. Se registró minuciosamente toda la línea de la costa, los guardacostas registraron a fondo las aguas de la bahía de San Francisco durante días y los buques de la armada que navegaban por la zona estaban alerta por si encontraban algún indicio, pero no se consiguió resultado alguno.
La Marina retiró el dirigible apenas unas horas después. Dos días más tarde, se formó una comisión de investigación para tratar de aclarar las circunstancias de la desaparición de los dos tripulantes. Se recabaron pruebas, testimonios, fotografías y documentos. El personal de mantenimiento declaró que todos los sistemas del dirigible funcionaban perfectamente, incluida la radio. Se descartó que el clima tuviera algo que ver; la mañana había sido tranquila, con algo de niebla, pero sin lluvia ni vientos fuertes.
Las tripulaciones del Daisy Grey y el Albert Gallatin declararon que, al dirigirse hacia San Francisco, el L-8 volaba con total normalidad sin dar muestras de tener problemas. Cody y Adams no habían enviado ningún mensaje por radio, ni habían pedido ayuda a través de los altavoces, ni habían intentado evacuar el dirigible. Se manejaron diversas hipótesis, pero todas ellas fueron descartadas una a una.
Lo primero que se investigó fue una caída accidental, ya que una de las puertas de la góndola estaba abierta. Pero, dado que esas puertas tenían un sistema de cierre especial precisamente para evitar accidentes, se descartó. Se habló también de un sabotaje; hipótesis tampoco válida, ya que los sistemas de la nave funcionaban perfectamente y el motor estaba en posición de encendido aunque sin combustible. Las baterías, extrañamente, estaban descargadas; pero luego fueron recargadas y funcionaron perfectamente.
Otra teoría que se manejó fue la de un polizón, que se habría escondido en el interior del dirigible y habría matado a los dos hombres. Pero siendo así, ¿qué había sido de él? ¿Y cómo se las había arreglado para burlar la seguridad del aeródromo? Además, el personal de la base opinaba que se habrían dado cuenta al despegar de que llevaban más peso del habitual.
También se especuló con que alguno de los dos tripulantes hubiera sido un espía que hubiera tratado de sabotear la nave. Algo improbable; los dos eran militares expertos, veteranos, condecorados y ambos tenían familia. Además, el dirigible era un blanco de muy escasa entidad para justificar una acción contra él. Se descartó igualmente que hubieran sido capturados por la tripulación de algún submarino japonés; no había ninguna prueba de ello.
La teoría de la pelea entre ambos también fue considerada: ambos hombres se habrían enzarzado y luego, o bien uno arrojó al otro al mar y luego se tiró él, o bien se habrían caído mientras forcejeaban. Igualmente se descartó; Cody y Adams se llevaban bien y no había motivo alguno que hiciera pensar que pudieran llegar a odiarse hasta el punto de querer matarse el uno al otro.
Otra conjetura que se discutió fue que uno de los dos tripulantes hubiese caído al agua mientras revisaban la mancha de aceite en las Farallon, quizá al asomarse buscando una mejor vista. El otro tripulante habría señalado el lugar con las bombas de humo y luego a su vez habría caído al tratar de rescatar a su compañero. Pero tampoco se podía explicar que no hubiese avisado por radio ni pedido ayuda.
Un aspecto que no se llegó a aclarar fue el del origen de la fuga de helio del globo. Aunque algunos especularon con que pudiera haber sido por un disparo (procedente del exterior o bien del arma de alguno de los dos marinos), los expertos señalaron como causa probable que el dirigible hubiera ascendido a una considerable altitud (al menos 750 metros) y el aumento de presión habría entonces provocado la apertura de una válvula automática que liberó parte del helio, para evitar que el globo reventase. El mal estado del globo no permitió saber si había algún daño previo a haberse estrellado.
Finalmente, la investigación concluyó que ambos hombres habían desaparecido por causas desconocidas. Aunque se señalaba a la caída accidental como causa más probable, no había evidencias suficientes como para llegar a ninguna conclusión definitiva. Sus nombres fueron incluidos en la lista de desaparecidos en combate y un año más tarde se les declaró oficialmente muertos. Y aunque han pasado más de 70 años desde aquel suceso, sigue sin saberse cuál fue el destino del teniente Cody y del alférez Adams.
El L-8 fue reparado y seguiría realizando misiones hasta el final de la guerra. Posteriormente, la U. S. Navy lo devolvió a la Goodyear, que lo utilizó para retransmisiones deportivas hasta 1982. Su góndola se exhibe hoy en día en el Museo Nacional de la Aviación Naval en Pensacola (Florida).

sábado, 3 de enero de 2015

El Compromiso de Caspe

Martín I de Aragón, el Humano o el Viejo (1356-1410)

El 25 de julio de 1409, poco después de haber completado la conquista de Cerdeña, la malaria acababa con la vida de Martín I el Joven, rey de Sicilia. Martín se había casado dos veces y había tenido dos hijos, Pedro y Martín, pero ambos habían muerto a muy corta edad, por lo que, sin herederos legítimos, sus posesiones pasaron a su padre, Martín I de Aragón, el Humano. Pero este, viudo y ya talludito, se encontraba también sin herederos, ya que sus otros tres hijos, Jaime, Juan y Margarita, habían muerto jóvenes sin dejar descendencia. De su progenie sólo quedaba un nieto ilegítimo, Fadrique de Luna, hijo natural de Martín y la noble siciliana Tarsia Rizzari, al que el rey de Aragón llamó a su lado, pensando en nombrarlo heredero; pero se encontró con la oposición de buena parte de la nobleza aragonesa, que veía con malos ojos a un descendiente ilegítimo, y por encima extranjero, en el trono (además, por aquel entonces Fadrique era apenas un niño de nueve años).
Así que el rey buscó un sucesor por otra vía. Y, pese a contar ya 53 años y llevar tres viudo, volvió a casarse con Margarita de Prades, una joven de 21 años, buscando el tan ansiado heredero. Al mismo tiempo, solicitó la ayuda del antipapa Benedicto XIII, el Papa Luna, para legitimar a Fadrique, a la vez que negociaba apoyos y alianzas para llevarlo al trono. Pero el heredero nunca llegó y Martín I murió el 31 de mayo de 1410, justo la víspera del día en que tenía previsto proclamar ante las cortes aragonesas a Fadrique como descendiente legítimo y sucesor.

Pedro Martínez de Luna, Benedicto XIII (el Papa Luna), 1328-1423
Se abrió entonces la carrera sucesoria al trono de Aragón. Los primeros en reclamar el trono fueron Jaime II, conde de Urgel, lugarteniente de Aragón y gobernador general del reino, y Luís de Anjou, duque de Calabria. Jaime, bisnieto por via paterna de Alfonso IV de Aragón (abuelo de Martín I) y casado con Isabel, hermana del recién fallecido rey, era quien parecía tener mayores opciones a heredar el trono; pero tenía muchas y notorias enemistades entre la nobleza aragonesa, además de contar con el rechazo de la burguesía catalana, quien lo consideraba un adalid de la nobleza más conservadora. Luís de Anjou, por su parte, tenía siete años; era nieto por parte de madre de Juan I de Aragón (hermano mayor y predecesor de Martín el Humano). Contaba con la simpatía de la nobleza valenciana y aragonesa, de la burguesía catalana y con el apoyo de su abuela Violante de Bar (viuda de Juan I), de Margarita de Prades y de su padre, el duque Luis II de Anjou, rey de Nápoles, que se había apresurado a autoproclamarse "rey de Aragón" a la muerte de Martín el Humano.

Fernando de Trastámara o de Antequera (1380-1416)
Aunque Jaime y Luis eran los candidatos que parecían más fuertes, poco después se presentaban ante las cortes otros dos aspirantes al trono, también emparentados con la familia real aragonesa: Alfonso de Aragón y Foix, duque de Gandía, sobrino de Alfonso IV y nieto de Jaime II de Aragón; y Fernando de Trastámara, hijo menor del rey Juan I de Castilla y Leonor de Aragón, hermana de Juan I y Martín I.


Los partidarios de Urgel y Anjou, los más numerosos, no tardaron en llegar a las manos en su defensa de sus respectivos candidatos. Violentos enfrentamientos entre ambas facciones impidieron la formación de los parlamentos de Aragón y Valencia. El enfrentamiento llegó a su máxima expresión cuando García Fernández de Heredia, arzobispo de Zaragoza y uno de los más destacados defensores de la candidatura de Luis de Anjou, murió asesinado por Antón de Luna, uno de los pilares del bando urgelista.
Ante tamaña afrenta, vista la falta de escrúpulos de los seguidores del conde de Urgel, los partidarios de Anjou pidieron a Luis II que les enviara tropas para defenderlos, pero sus soldados estaban en Nápoles y la Provenza, demasiado lejos para ser de utilidad, con lo que muchos de sus aliados abandonaron su partido. Esto fue aprovechado hábilmente por Fernando para ganar adeptos. Fernando no solo era un hombre joven y valiente, de gran prestigio militar y con experiencia como regente de Castilla, sino que tenía dinero en abundancia y había acantonado en la frontera aragonesa numerosas tropas, con la excusa de proteger al arzobispado. Haciendo uso de todos sus recursos, económicos, diplomáticos y militares, supo presentarse como el único candidato capaz de plantarle cara a Jaime de Urgel, lo que le valió atraer a su bando a la mayoría de antiurgelistas de Aragón, incluidos muchos de los partidarios de Luis de Anjou.
Con el reino al borde de una guerra civil, con los dos bandos convocando parlamentos por su cuenta (en Aragón, en Alcañiz los fernandinos y en Mequinenza los urgelistas; en Valencia, en Traiguera los fernandinos y en Vinaroz los urgelistas; en Cataluña, sólo hubo uno, el de Tortosa, pero profundamente dividido), y habiendo pasado casi dos años sin rey, Benedicto XIII decidió intervenir y, con el apoyo de la iglesia, promulgó una bula que excomulgaba a los parlamentarios de Mequinenza y reconocía como único válido al parlamento de Alcañiz. Allí se decidió, en acuerdo con el parlamento de Tortosa, que fuese un grupo de nueve compromisarios, tres de cada reino, el que se encargase de examinar los méritos de cada uno de los pretendientes y decidiese cuál era merecedor de ceñir la corona aragonesa. El acuerdo, conocido como la Concordia de Alcañiz, se firmó el 15 de febrero de 1412, y fue ratificado por representantes de Alcañiz y Tortosa (quienes también representaban al reino de Mallorca); más tarde sería ratificado por los parlamentos valencianos. Aunque este acuerdo no templó los ánimos de los más exaltados; el 27 de febrero, partidarios de Fernando y de Jaime se enfrentaban en Murviedro (Sagunto), con victoria para los primeros.
Quedó establecido que cada uno de los reinos enviase a tres compromisarios, cada uno perteneciente a un "grado" o estamento diferente (un eclesiástico, un representante político y un experto en leyes), y que el candidato elegido debía recibir como mínimo seis votos y al menos uno de cada grado y de cada reino. Los nueve compromisarios fueron:
- Por el reino de Aragón, Domingo Ram (obispo de Huesca); Francisco de Aranda (consejero real y enviado de Benedicto XIII); y Berenguer de Bardají, jurista y letrado general de las Cortes de Aragón.
- Por el reino de Valencia, Vicente Ferrer, predicador de gran fama y confesor de Benedicto XIII; Bonifacio Ferrer, su hermano, prior de Portaceli y consejero de Benedicto; y Ginés Rabassa, experto en derecho que por razones de salud fue sustituido posteriormente por Pedro Beltrán.
- Y por el principado de Cataluña, Pere de Sagarriga, arzobispo de Tarragona; Bernardo de Gualbes, síndico de Barcelona; y Guillem de Vallseca, letrado general de las Cortes catalanas.

San Vicente Ferrer (1350-1419)
Los nueve, reunidos en la localidad aragonesa de Caspe a partir del 22 de abril de 1412, examinaron durante dos meses las alegaciones de cada uno de los cinco candidatos (el duque de Gandía había muerto en marzo y tomó el testigo de su reivindicación su hermano, Juan, conde de Prades). Finalmente, el 24 de junio pronunciaron su sentencia, eligiendo a Fernando como nuevo rey de Aragón. Fernando fue proclamado como Fernando I de Aragón el 28 de junio y juró su nueva dignidad antes las Cortes, el 5 de agosto en Zaragoza. Pere de Sagirraga explicaría más tarde que habían elegido a Fernando por ser el candidato, no con más derecho, sino el más adecuado por carácter, poder (militar y económico) y prestigio para restablecer la paz en el reino.
Como era de esperar, Jaime de Urgel no se tomó demasiado bien la decisión y se levantó en armas contra Fernando. Sin embargo, sus tropas fueron derrotadas por las del Trastámara y Jaime, refugiado en el castillo de Balaguer, fue capturado en 1413 y pasaría el resto de su vida como prisionero, hasta su muerte en 1433. Los demás aspirantes aceptaron el fallo y reconocieron a Fernando como rey; incluso Fadrique de Luna pasó algún tiempo a su servicio (aunque años más tarde conspiraría para hacerse con el trono de Sicilia a espaldas de Alfonso V y ello le costó el exilio y luego la muerte en prisión).
El reinado de Fernando sería, sin embargo, bastante corto. Moriría el 2 de abril de 1416, con apenas 35 años, y fue sucedido por su hijo, Alfonso V el Magnánimo, quien pacificaría Sicilia y Cerdeña y conquistaría Córcega y Nápoles para la corona aragonesa.

jueves, 1 de enero de 2015

El gran robo de la Société Générale de Niza


Cuando Albert Spaggiari se alistó en el ejército francés en 1950, sin haber cumplido todavía los 18 años, lo hizo por los mismos motivos que muchos otros jóvenes de pasado problemático: en parte buscando enderezar su vida y en parte para librarse de la justicia. Nacido en Laragne-Montéglin en 1932 y huérfano de padre desde los tres años, se había criado en Hyères, donde su madre tenía una tienda de lencería. No tardó en empezar a meterse en líos, cometiendo pequeños robos (su primer delito dicen que fue robar un diamante para regalárselo a su entonces novia). Con dieciséis años se escapó de casa para intentar conocer al célebre bandido siciliano Salvatore Giuliano, al que admiraba, y con diecisiete, entró a formar parte del 3º Batallón de Paracaidistas de la infantería de marina, con el que fue desplegado en Indochina.

Albert Spaggiari (Laragne-Montéglin 14/12/1932-Belluno, 8/8/1989)
Durante la Guerra de Indochina, Bert, como le llamaban sus amigos, se distinguió en combate: fue herido en dos ocasiones y condecorado. Pero no logró librarse del todo de las malas costumbres: en 1953 fue arrestado por un robo cometido junto a un cómplice en el Milk Bar, un conocido burdel de Hanoi. En agosto de 1954 fue condenado a cinco años de trabajos forzados y veinte años de destierro de Indochina. En noviembre de ese año es enviado de vuelta a Francia y encarcelado en la prisión de Baumettes (Marsella). Durante su estancia en prisión asistiría a cursos de calderería y soldadura.
Gracias a la concesión de dos indultos salió de prisión en 1957 y retornó a Hyères, donde se casó en 1959 con una enfermera llamada Marcelle Audi. Poco después encontró trabajo en una empresa de cajas fuertes y se trasladó a Dakar (Senegal). Una de sus funciones era la de abrir cajas cuyos propietarios habían olvidado o perdido la combinación. Evidentemente, esa experiencia le iba a ser muy útil en el futuro.
En 1960 Spaggiari y su esposa volvieron a Francia y por esa época comenzó a colaborar con la OAS (Organisation de l'Armée Secrète), un grupo terrorista de extrema derecha opuesto a la independencia de Argelia, que consideraba al general De Gaulle un traidor. Muchos de sus componentes eran militares o ex-militares, y es posible que Spaggiari hubiera entrado en contacto con el grupo a través de alguno de sus antiguos compañeros de armas. Aunque el propio Bert diría en una entrevista que le habían encargado preparar un atentado contra De Gaulle, lo más probable es que no fuera más que un colaborador de poca importancia. No obstante, el 27 de febrero de 1962 fue arrestado en una imprenta clandestina de la OAS en Villefranche-sur-Mer y en su casa se hallaron armas y municiones, lo que le valió una condena de cuatro años de cárcel. De vuelta en Baumettes, aprovecharía su reclusión para escribir su primer libro: Faut pas rire avec les barbares (No se debe reir con los bárbaros).

Fotografía de la ficha policial de Spaggiari tras su arresto en 1962
Salió de prisión en 1967 y, aunque mantuvo sus simpatías por grupos nacionalistas, trató de llevar una vida normal. Se mudó a Niza y en 1968 abrió una tienda de fotografía. Incluso se hizo amigo de algunos políticos locales, gracias a que era un fotógrafo habitual de las bodas celebradas en el Ayuntamiento.
Spaggiari parecía haber sentado la cabeza. Tenía su estudio fotográfico en el céntrico boulevard René Cassin y vivía en una tranquila granja fuera de la ciudad a la que había llamado "Les Oies Sauvages" ("Los Gansos Salvajes"), nombre sacado de un célebre canto militar del ejército francés. Pero esta vida tranquila y respetuosa con la ley pronto le aburrió. En su interior seguía bullendo aquel carácter aventurero suyo y vio la oportunidad que estaba esperando un día que un concejal al que conocía, que trabajaba en el banco Société Générale, le comentó sin darle mayor importancia que el alcantarillado de la ciudad pasaba a escasa distancia de la caja acorazada de la sede local de la Société. En ese momento, en su mente se formó la idea, clara y definida, de robar esa cámara.
La bóveda subterránea de la entidad bancaria era una construcción realmente impresionante. Contaba con unas paredes de hormigón de casi dos metros de grosor y una puerta acorazada de más de veinte toneladas de peso. Tan seguros estaban de su invulnerabilidad los responsables del banco, que ni siquiera habían colocado en el interior mecanismo alguno de alarma. Para asegurarse de ello, Spaggiari recurrió a un ingenioso truco: alquiló una caja de seguridad en la cámara y guardó en su interior un potente despertador programado para sonar a medianoche. Nadie se dio cuenta de nada; una vez cerrada la puerta blindada, lo que ocurría en su interior era imposible de percibir por los que estuviesen fuera.
Bert comenzó entonces a reunir a un grupo de colaboradores. Nunca se supo cuántos eran o quiénes formaban parte de la banda, aunque se especula con que pudieron haber sido entre diez y quince hombres, entre ellos antiguos socios suyos, como el ex-miembro de la OAS Gaby Anglade o el estafador Jean Kay. También se rumoreó que había contado con la ayuda de Gaëtano "Tany" Zampa, un veterano mafioso marsellés, para prepararlo todo. Incluso se decía que había organizado una fuga para sacar de la cárcel a uno de sus cómplices, especialista en excavaciones, para que colaborara en el robo.
Tras estudiar el trazado de los túneles del alcantarillado, Spaggiari decidió que el punto ideal para comenzar a cavar era el túnel que discurría bajo la calle Gustave Deloye, frente al banco. El 7 de mayo de 1976 comenzaron los trabajos. Cada madrugada, la banda de Spaggiari entraba en los conductos del alcantarillado a través de un desagüe que daba a la parte cubierta del río Paillon, cerca del Palacio de Exposiciones de Niza. Luego, cargados con el equipo, recorrían tres kilómetros hasta el túnel, donde pasaban horas y horas de agotador trabajo excavando en el duro suelo de roca y tierra compacta. Un trabajo que, además, realizaban sin maquinaria, para no llamar la atención. Para asegurarse de que sus hombres no flaqueaban, Spaggiari les impuso un régimen espartano: nada de alcohol, nada de café, nada de trasnochar y diez horas de sueño al día.
La excavación tuvo que ser interrumpida durante varios días a principios de julio; el presidente francés, Valeri Giscard D'Estaing visitó Niza el día 9 y el amplio despliegue policial les hizo temer ser descubiertos. Pero el túnel ya estaba casi terminado; medía ocho metros de largo y estaba provisto de electricidad y ventilación.


El asalto definitivo a la cámara tuvo lugar el fin de semana del 16 al 19 de julio. El viernes 16, a las nueve y media de la noche, cuando el banco ya estaba cerrado, Spaggiari y sus hombres perforaron el último trozo de hormigón y se abrieron paso con sopletes de acetileno a través del muro de cajas de seguridad que cubría la pared de la cámara. Y una vez dentro de la cámara, empezaron metódicamente a reventar las cajas.
El saqueo duró todo el fin de semana. Tal era el aplomo y la confianza de los  ladrones, que Spaggiari se ausentó el sábado por la noche para ir a cenar con un amigo, y regresó trayendo comida (pan, vino, queso, paté) para sus hombres, que organizaron un improvisado picnic mientras continuaban su labor. Una a una, fueron abriendo cajas de seguridad, apropiándose del dinero y las joyas que contenían. Eso si, Spaggiari dio orden de no robar el contenido de aquellas que contenían menos de treinta mil francos; su acción iba contra el banco y los ricos y no quería robar por equivocación los ahorros de algún modesto trabajador. También encontraron numerosas fotografías comprometedoras de algunas de las personas más notables de la ciudad; fotografías que los ladrones pegaron en la pared de la cámara, para que pudieran ser vistas por cualquiera que entrara allí.


No hay una cifra exacta del dinero robado por la banda. Además de una importante cantidad de dinero y oro propiedad del banco, reventaron 371 de las 4000 cajas de seguridad de la cámara, y se calcula que pudieron llevarse entre 50 y 60 millones de francos de la época. A eso de las dos de la mañana del lunes 19, Spaggiari dio la orden de recogerlo todo y marcharse. Aunque hubieran podido permanecer en la cámara dos o tres horas más, aquel había sido un fin de semana lluvioso, el nivel del agua había subido bastante, y Bert temía que si el alcantarillado se inundaba tuvieran problemas para escapar. Más tarde admitiría que siempre le había pesado haber tenido que irse antes de tiempo.
Recogiendo lo imprescindible, dejando atrás lo innecesario, asegurándose de no dejar huellas en ninguna parte, Spaggiari y los suyos abandonaron la cámara. No obstante, el líder de la banda decidió dejar un último mensaje: con pintura roja, escribió en la pared Sans armes, ni haine, ni violence (Sin armas, ni odio, ni violencia). Cargaron el botín en un coche que les esperaba cerca de su entrada habitual y poco después, se repartían el botín en una villa cercana a Niza, propiedad de Emilia de Sacco, pareja de Spaggiari (quien se había divorciado de Marcelle tiempo atrás). Y luego cada uno tomó su camino.
El descubrimiento del audaz robo causó sensación en toda Francia. El robo del siglo o el gran robo de Niza fueron algunos de los apelativos que recibió. La Gendarmería francesa se lanzó de inmediato en busca de los responsables, sin éxito. No fue hasta unos meses después en que obtuvo su primera pista: Bert Spaggiari, durante un viaje a los Estados Unidos, se había ofrecido como agente a la CIA, y como parte de sus "méritos" había confesado tranquilamente ser el cerebro del robo de Niza. La CIA avisó a los franceses, pero estos no dieron crédito a las palabras de Spaggiari; éste no era uno de sus "sospechosos habituales", carecía de antecedentes en robos de tal magnitud y estaban seguros de que el robo era obra de una banda de ladrones veteranos y experimentados. Su único éxito fue encontrar una casa abandonada en Castagniers, a diez kilómetros de Niza, donde encontraron armas y ropas con tierra similar a la del subsuelo del banco; esa era la base de operaciones del grupo. Pero de sus componentes, ni rastro.
En el mes de octubre, la policía arrestó a Francis Pellegrin y Alain Bournat, dos veteranos delincuentes que trataban de vender en la Crédit Agricole de Roquefort-les-Pins varios lingotes de oro procedentes del robo. Al ser interrogados, ambos confesaron que Albert Spaggiari les había contratado.
Spaggiari, por su parte, seguía aparentando ser un simple fotógrafo de vida corriente. El 27 de octubre de 1976 fue arrestado en el aeropuerto de Niza al regresar de un viaje a Japón acompañando al mismísimo alcalde de la ciudad, Jacques Medecin. En su casa se hallaron numerosas armas y una elevada suma de dinero. Aunque en un principio negó tener nada que ver con el robo, más tarde cambió su versión admitiendo su participación y alegando que su objetivo era el financiamiento de un grupo de extrema derecha italiano llamado Catena (Cadena), de cuya existencia jamás se encontró prueba alguna. Aparte de eso, se negó a delatar a sus compañeros ni a revelar el destino del botín.
Spaggiari es encarcelado en el penal de Niza a espera de juicio. Pero no es su intención permanecer allí. El 10 de marzo de 1977, Spaggiari solicita ser llevado ante el juez Richard Bouazis, con la excusa de hacer una confesión. Al llegar al despacho del juez, le entrega unos bocetos y esquemas de la red de alcantarillado y la cámara del banco, con explicaciones de cómo había sido cometido el robo. Incluso, para explicarse mejor, se acerca a la mesa del juez para hacerle unas indicaciones. Y cuando se da la vuelta para volver a su asiento... súbitamente sale corriendo y salta por la ventana del despacho, situado en el segundo piso del juzgado, a unos siete metros de altura. Un Renault 6 aparcado junto a la acera amortigua la caída y Spaggiari, de inmediato, se sube a una motocicleta conducida por un cómplice que le estaba esperando y arranca de inmediato, despidiéndose con un corte de mangas del juez que, atónito, lo observa desde la ventana. Meses después, el propietario del automóvil recibiría un giro postal de 5000 francos en compensación por los desperfectos causados.


Spaggiari no volvería a ser capturado. El 23 de octubre de 1979 fue condenado en rebeldía a cadena perpetua, en un juicio en el que fueron condenados cinco de sus colaboradores: Francis Pellegrin, Alain Bournat, Daniel Michelucci, Gérard Vigier y Dominique Poggi, todos ellos veteranos delincuentes marselleses. Sin embargo, a ninguno se le pudo probar que fuera uno de los autores materiales del robo, y sus condenas fueron de ocho años de cárcel por cómplices.
Spaggiari pasaría el resto de su vida ocultándose, a menudo bajo el nombre falso de Romain Clément, en Sudamérica, España e Italia, aunque se sabe que, en ocasiones, volvía clandestinamente a Francia a visitar a su madre y a su novia. En 1978 se sometió a cirugía estética en Argentina para cambiar de aspecto. Ese mismo año publicó Les égouts du paradise (Las alcantarillas del paraíso), narrando muy detalladamente y con gran sentido del humor la preparación y realización del robo. En él, además, afirma que no se quedó con su parte del botín, sino que fue donada a "la gente oprimida de Yugoslavia, Portugal e Italia". El libro sería llevado al cine en 1979 en un filme dirigido por José Giovanni (un director con pasado criminal).
Aparentemente, también trabajó para algunas de las dictaduras militares sudamericanas de finales de los setenta, como la de Pinochet en Chile, la de Videla en Argentina y la de Alfredo Stroessner en Paraguay. Documentos desclasificados por la CIA en 2000 parecen confirmar sus vínculos con agentes de la DINA, la temible policía secreta pinochetista.

Spaggiari, en una de sus entrevistas televisivas
Durante el tiempo que estaba huido Spaggiari enviaba, de cuando en cuando, fotografías a los periódicos para seguir manteniendo la expectación sobre él; una consecuencia de su personalidad teatral y exhibicionista. También concedía de vez en cuando entrevistas a la prensa; causó cierta polémica su aparición en el programa de crítica literaria Apostrophes en 1983, con motivo de la publicación de su libro Le journal d'une truffe. La entrevista fue grabada en un hotel de Milán.
Albert Spaggiari murió el 8 de junio de  1989, en una granja de Belluno, en el norte de Italia, donde se escondía, a causa de un cáncer de garganta. Su cadáver fue llevado a casa de su madre en Hyères por Emilia de Sacco (que se había casado con Spaggiari poco antes de su muerte), aunque como transportar un cadáver sin permiso era un delito, se hizo correr el rumor de que habían sido varios antiguos socios del ex-paracaidista los que lo habían llevado de vuelta a Francia. Fue enterrado en su pueblo natal de Laragne.
El dinero robado del banco jamás se recuperó.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Especial Día de los Inocentes: Horace de Vere Cole, el gran bromista

William Horace de Vere Cole (1881-1936)

Nacido en el seno de una acaudalada familia angloirlandesa, William Horace de Vere Cole (1881-1936) mostró desde muy joven un carácter excéntrico y teatral y un extravagante sentido del humor que le convertirían en uno de los más legendarios bromistas de la historia del Reino Unido.
Su primera gran "obra" tuvo lugar en 1905, cuando todavía era estudiante en la Universidad de Cambridge. Cole se enteró por casualidad de que el sultán de Zanzíbar, Sayyid Ali bin Hamud Al-Busaid, se hallaba de visita en Londres. Ni corto ni perezoso, envió un telegrama al rector anunciándole que el sultán acudiría a visitar la famosa universidad. Entonces, Cole, su mejor amigo, Adrian Stephen, y otros dos compañeros (Bowen Colthurst y Leland Buxton) viajaron a Londres, se maquillaron, se vistieron con ropas exóticas y tomaron el tren a Cambridge, donde les esperaba un comité de bienvenida. Stephen (haciéndose pasar por el sultán), Cole (como su traductor) y sus cómplices hicieron una visita guiada a su propia universidad e incluso compartieron mesa y mantel con las autoridades locales. El momento más peliagudo de su visita fue cuando una dama local, que había sido misionera, intentó hablar con el supuesto sultán en su propio idioma. La rapidez de reflejos de Cole les permitió salir del apuro; el falso traductor puso como excusa que "el sultán sólo hablaría con ella si accedía a entrar a formar parte de su harén". La broma continuó hasta que el sultán tomó el tren de vuelta a Londres entre los saludos de las personas allí congregadas. La verdad sobre la visita saldría a la luz días después, cuando se confirmó que el verdadero sultán no había salido de Londres; pero Cole y Stephen no revelarían que habían sido ellos hasta que dejaron la Universidad.
Una broma así habría sido suficiente para casi cualquier persona. Para Cole, aquello no fue sino el comienzo de una serie de bromas que le harían célebre. En una ocasión, se encontró en la calle con un antiguo condiscípulo de sus días en el elitista colegio de Eton, Oliver Locker-Lampson, por aquel entonces miembro del Parlamento. Mientras conversaban, Cole se las arregló para deslizarse en el bolsillo su reloj. Luego de despedirse y así que Locker se hubo alejado algo, Cole salió corriendo tras él gritando "¡Al ladrón, al ladrón!" provocando la intervención de un policía, que arrestó al asombrado parlamentario. Ambos acabaron en comisaría y el asunto se zanjó con una multa de cinco libras para Cole por alterar el orden público.
Otra broma que dio mucho que hablar fue cuando, sin motivo aparente, comenzó a regalar entradas para una obra de teatro a todos los transeúntes calvos con los que se encontraba. El motivo se pudo ver cuando comenzó la función y los sorprendidos espectadores de la platea pudieron contemplar cómo aquellas cabezas calvas y brillantes situadas en asientos estratégicamente elegidos deletreaban una palabra obscena en el patio de butacas. En otra ocasión organizó una fiesta en la que los invitados acabaron por descubrir que todos ellos tenían apellidos terminados en -bottom (que en inglés se traduce como fondo, cola o, vulgarmente, culo).
En ocasiones, fingía ser un topógrafo y amablemente, pedía a un viandante que le sujetase durante un momento el extremo de una cuerda. Luego, doblaba la esquina y hacía la misma petición a otro amable transeúnte y se iba, dejando a las dos víctimas agarrando ambos extremos de la cuerda. Pero no todas sus chanzas eran premeditadas; Cole tenía una enorme capacidad de improvisación. Una vez se cruzó con una cuadrilla de trabajadores municipales que no tenían capataz, y los convenció de que era un alto cargo del ayuntamiento. Los llevó a Piccadilly Circus, en pleno centro de Londres, y los hizo cavar una zanja en mitad de una de las calles más transitadas de la capital, obligando a desviar el tráfico. Las autoridades tardaron varias horas en averiguar que nadie había ordenado cavar aquel agujero.

HMS Dreadnought
Pero sin duda la broma que más fama le dio fue la del Dreadnought. En febrero de 1910, el acorazado HMS Dreadnought, orgullo de la marina británica, se encontraba anclado en el puerto de Weymouth. cuando se recibió a bordo un telegrama firmado por el subsecretario de Asuntos Exteriores, sir Charles Hardinge, en el que se anunciaba la llegada de varios miembros de la familia real de Abisinia con la intención de visitar el buque. Os suena, ¿verdad? Cole había recuperado aquella vieja broma del sultán de Zanzíbar, renovándola y perfeccionándola.
Por aquel entonces, Horace de Vere Cole era un apreciado poeta que formaba parte del llamado Círculo de Bloomsbury, un grupo de intelectuales británicos caracterizados por su rechazo hacia la sociedad victoriana y su puritana moral. Fue precisamente en el seno de este grupo en el que se gestó la broma del Dreadnought, como protesta hacia la Marina, una institución profundamente conservadora y clasista. Seis miembros del grupo llevaron a cabo la carnavalada: Cole, su amigo Adrian Stephen, la hermana mayor de Adrian, Virginia Stephen (que luego sería famosa como escritora con el apellido de su esposo, Woolf), el abogado Guy Ridley, el artista Duncan Grant y el naturalista Anthony Buxton. Los cuatro últimos, maquillados y disfrazados, se hicieron pasar por los príncipes abisinios, mientras que Adrian Stephen fingía ser su intérprete, un alemán llamado "Herr Kauffmann" y Cole, un miembro del Foreign Office llamado "Herbert Cholmondeley".
Los seis partieron de la estación londinense de Paddington (donde Cole, con su descaro e inventiva, logró que se habilitase para ellos un tren especial) y llegó a Weymouth, donde les esperaba un recibimiento de gala de la Marina, con escolta oficial, banda de música y coche privado, para luego ser llevados a bordo del acorazado, donde fueron recibidos por el almirante sir William Henry May, comandante de la Home Fleet, que les rindió honores (por equivocación, fueron recibidos con la bandera y el himno de Zanzíbar y no de Abisinia, pero nadie pareció notarlo) y les guió en su visita al barco, que duró unos tres cuartos de hora. Los "príncipes" se mostraron encantados, hablando entre ellos y con el "intérprete" en un swahili irreconocible trufado con citas clásicas en latín y griego, y cuando algo les llamaba la atención, exclamaban entusiasmados "¡Bunga bunga!". Tras la visita, declinando amablemente una invitación a comer, la comitiva volvió a la estación y regresó a Londres. Siempre se ha discutido hasta qué punto los oficiales presentes fueron de verdad engañados o si algunos sólo fingían serlo; varios de ellos conocían a los miembros del Círculo e incluso uno de los presentes, el comandante Willie Fischer, era primo carnal de los Stephen.
La broma se hizo pública días más tarde, cuando Cole envió una fotografía de la "visita" al Daily Mirror. La noticia enseguida se extendió y supuso una profunda humillación para la Royal Navy, que se convirtió en objeto de las burlas del país. El engaño fue incluso objeto de debate en el Parlamento británico y algunos altos cargos de la Marina exigieron que Cole y los demás fueran arrestados y procesados; pero tuvieron que desechar la idea porque, siendo estrictos, ninguno de los seis había hecho nada ilegal. Lo único ilegal era el telegrama falso firmado por sir Charles Hardinge, pero se pudo probar que fue enviado después de que la comitiva partiera de Paddington (el nombre del cómplice que lo envió nunca se supo). La expresión "Bunga bunga" se hizo enormemente célebre; durante años se siguió utilizando para burlarse de la tripulación del Dreadnought y de sus oficiales, e incluso años más tarde, cuando el verdadero emperador de Etiopía visitó Inglaterra, tuvo que escuchar ese grito en algunas de sus apariciones.

La falsa comitiva abisinia: de izquierda a derecha, Virginia Woolf, Duncan Grant, Adrian Stephen, Anthony Buxton, Guy Ridley y Horace de Vere Cole
Después de esto, Cole siguió con sus bromas. Aprovechando cierto parecido físico con el líder del Partido Laborista Ramsay MacDonald (que llegaría a ser primer ministro), se hacía pasar por él para dar discursos en público donde causaba un profundo desconcierto entre sus oyentes al criticar virulentamente las políticas que el propio MacDonald defendía y proponer otras totalmente opuestas. Otras veces se disfrazaba de obrero y solicitaba la ayuda de la policía para cortar el tráfico en alguna calle, con la excusa de que se iba a llevar a cabo algún trabajo urgente. También conducía llevando a su lado un maniquí con el que fingía discutir para luego arrojarlo a la calle. Y en una ocasión condujo un rebaño de vacas a través de Picadilly hasta Leicester Square, donde celebró un picnic rodeado por ellas.
La fiebre bromista de Cole no se detuvo ni durante su luna de miel. En 1919 se casó con una joven heredera irlandesa. Parte de su viaje de novios discurrió por Italia y coincidió que el 1 de abril (el April's Fools Day, la versión anglosajona del Día de los Inocentes) estaban en Venecia. La noche del 31 de marzo al 1 de abril, Cole se escabulló del lecho conyugal y, con la complicidad de un barquero al que había contratado previamente, viajó al continente donde cargaron una gran cantidad de estiércol de caballo, que luego distribuyeron por toda la Plaza de San Marcos. La mañana del 1 de abril, los sorprendidos venecianos se despertaron para ver cómo su plaza más emblemática amanecía como si toda una manada de caballos se hubieran puesto de acuerdo para aliviarse a la vez en ella (en una ciudad en la que no hay caballo alguno).

Plaza de San Marcos (Venecia)
Aquel matrimonio acabaría fracasando; su mujer se hartó de sus continuas bromas y le abandonó. Tampoco su segundo matrimonio llegó a buen término; descubrió que el verdadero padre de su hijo era el amante de su mujer, un pintor llamado Augustus John. Horace de Vere acabaría sus días totalmente arruinado y murió en París de un ataque al corazón, el 25 de febrero de 1936. Su fama se mantuvo tras su muerte; cuando se descubrió que el famoso hombre de Piltdown era un fraude, se sospechó de él como uno de los responsables.
Apenas un año después de su muerte, su cuñado, Neville Chamberlain (casado con Anne de Vere Cole) se convertiría en primer ministro del Reino Unido. Cabe imaginarse las posibilidades de nuevas bromas que este parentesco le habría proporcionado al incorregible Horace de haber seguido vivo.